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VUELTABAJO EN LA PIEL DE MEDEA

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LISANDRA AGUILAR WONG,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.
Foto: YURIS NÓRIDO.

Entre un Jasón en busca de oro y una Medea traicionada, capaz de dejarse arrastrar por los celos y cometer así los actos más inhumanos, la actriz y directora pinareña Milva Benítez Reinoso vistió la piel de uno de los personajes más polémicos de la mitología griega.

Medea sueña Corinto, puesta en escena del grupo habanero Teatro  del Puerto, tuvo su estreno fuera de la capital en las tablas del José Jacinto Milanés, de Pinar del Río.

El mar, la silla con una calavera en alusión a su esposo Jasón y en la esquina del escenario, los libros de los escritores que la “han calumniado”, entre ellos Séneca y Corneille, conformaron, puestos en función de la historia, la escenografía de la obra.
 
A pesar de tener tan poco a la vista, el objetivo de estos elementos fue llamar la atención del público de manera convincente, para acercarlo a aquella mujer discriminada como emigrante y madre, a la cual las riquezas la cegaron.

El monólogo, con guión de Abelardo Estorino, merecedor de los Premios Nacionales de Literatura y Teatro, matizó el conflicto clásico de Medea, Jasón y el vellocino de oro a partir del humor, la contemporaneidad y cubanía, pues incluyó hasta los criollos tamales y coquitos.
 
También Estorino dotó al personaje de una problemática de estos y  todos los tiempos: la necesidad de salir adelante económicamente cueste lo que cueste.

No  existió un único mensaje para llevarse a casa, este fue propio de cada persona que disfrutó del espectáculo auspiciado por el Consejo Nacional de Artes Escénicas, el centro de Teatro de la Habana y la Casa Editorial Tablas-Alarcos.

Con la música original de César López, cada ritmo jugó con su escena, así, los ocasionales bailes afrocubanos mostraron continuidad de la mezcla del personaje grecolatino con la transculturación que existe en el espacio escénico dentro del país.

Por otra parte, la de cabaret, cuya armonía es sinónimo de gloria, fue utilizada como símbolo de conquista de Corinto, la nueva ciudad a la que llegaban, y de poder por la naciente posición social. Sin embargo, la acústica del teatro no fue la más adecuada, el audio se escuchaba en ocasiones demasiado alto y no se percibían con claridad los textos de la actriz.

El vestuario, a cargo de Vladimir Cuenca, fue confeccionado de forma sencilla, pero dotado de un tono espartano. Las luces verdes y azules variaron junto a los estados de ánimo y con el apoyo de la blancura del rostro de la actriz, lograda a través del maquillaje, ofrecieron  un fuerte dramatismo por momentos en los que se reflejó el misterio en sus movimientos, la maldad en su risa y la angustia en la mirada.

La puesta en escena mostró a una Medea que, a pesar de estar fuera de su célebre contexto griego, no perdió la esencia, pues también se evidenció la ayuda prestada a su esposo Jasón, mediante conjuros mágicos, con el fin de conseguir el vellocino de oro y paralelamente todas las desgracias que esto trajo consigo, entre ellas, la muerte de sus hijos a causa de los celos, tal como sucedió en el mito clásico.

Al finalizar, cuando los aplausos del público se apoderaron de la actriz, esta corrió a quitarse el maquillaje. Al regresar, Medea volvió a ser Milva. Aún sobre el escenario, se exigió cambios y le dijo adiós a una mujer que intentó justificar la tragedia con no más recursos que vistiendo a Vueltabajo con su piel.

 



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