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FUENTES CONTROLADAS

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Tema: Roger Ricardo Luis, periodista y profesor de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, plantea: “La práctica del periodismo interpretativo tiene como una de sus “reglas de oro” el uso múltiple y variado de las fuentes. En tal sentido, se hace imprescindible que el periodista emplee con habilidad las fuentes oficiales (tan predominantemente determinantes en nuestro ejercicio periodístico y cada vez más difíciles de acceder a ellas), así como también las de carácter oficiosas y no oficiales. Es preciso destacar que el periodismo que más se practica en nuestros medios queda en la orilla de las fuentes oficiales y muy pocas veces nada hacia las profundidades de otras voces autorizadas como pueden ser las fuentes de la base”.

WENDY GARCÍA MARQUETTI,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

El Doctor en Ciencias de la Comunicación Roger Ricardo Luis, periodista y Profesor Titular de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, plantea: “La práctica del periodismo interpretativo tiene como una de sus “reglas de oro” el uso múltiple y variado de las fuentes. En tal sentido, se hace imprescindible que el periodista emplee con habilidad las fuentes oficiales (tan predominantemente determinantes en nuestro ejercicio periodístico y cada vez más difíciles de acceder a ellas), así como también las de carácter oficiosas y no oficiales. Es preciso destacar que el periodismo que más se practica en nuestros medios queda en la orilla de las fuentes oficiales y muy pocas veces nada hacia las profundidades de otras voces autorizadas como pueden ser las fuentes de la base”.

Una presentación de este docente requiere destacar que su desempeño como profesor lo ha desarrollado en paralelo con la actividad periodística, fundamentalmente en el diario Granma, y como colaborador de diversos medios nacionales y de otros países. En su hoja de trabajo como reportero se encuentra la cobertura de conflictos bélicos en Centroamérica y África y en dos ocasiones mereció el Premio Latinoamericano de Periodismo José Martí. También, ha publicado libros desde la perspectiva periodística. Respecto a su actuar académico, ha impartido clases y conferencias en universidades de Estados Unidos, México, Panamá, Nicaragua, República Dominicana, Bolivia, Ecuador, Venezuela y Colombia.

Con él indagamos interrogantes del periodismo cubano actual.

-¿Cuáles son las “reglas

de oro” del periodismo?

Como conoces, el periodismo tiene por base hechos actuales, verdaderos y de interés social que según los criterios de noticiabilidad, los valores noticias y la línea editorial del órgano de prensa, sirven como materia prima para construir la realidad socialmente relevante que tienen los medios informativos como encargo social.

Para ello, se debe acudir a las fuentes de información en aras de brindar la noticia lo más cercana a la realidad, a la verdad que, en definitiva, es el objetivo del periodista.  Hay que partir del principio, al menos es el mío, de que la verdad existe y debemos apreciarla a partir de los argumentos capaces de sostenerla

Cuando hablo de objetividad, lo hago desde la perspectiva de la objetividad periodística; es decir, el compromiso ético que tiene el reportero de buscar la mayor cantidad de fuentes informativas que le permitan brindar la más amplia información al receptor quien, por demás, es un receptor activo cuya cosmovisión del mundo lo hace reaccionar favorablemente o no ante la propuesta informativa que le brinda el periodista y el medio que le publica la noticia mediante el género periodístico seleccionado para ello.

Lamentablemente, por determinadas razones, es allí donde reside el mayor problema inicial. Tanto en Cuba como en el resto del mundo, ha comenzado a generalizarse la misma situación: no consultar una amplia gama de fuentes, no contrastar la información que es una de las reglas de oro y a la vez elementales del ejercicio periodístico.

-¿A qué se debe

esta problemática?

El trabajo del periodista se ve condicionado por una serie de elementos que van desde los subjetivos, digamos, habilidades y experticia profesional, hasta los objetivos, entre los que se encuentra el de la línea editorial del medio de comunicación para el cual labora.

Debemos partir de que sin fuentes de información no hay periodismo, por razones obvias: el reportero no siempre pueden estar presente en el momento en que se producen los acontecimientos, salvo en los previsibles y en los casos en que el periodista es protagonista u observador directo del hecho, y aún así, el reportero tiene la responsabilidad de contrastar, contextualizar, lo que vivió y observó desde un palco preferencial

Los más graves problemas que enfrenta el periodismo en los últimos años están relacionados con un deficiente manejo de las fuentes informativas. En esa dirección la premisa básica, no pocas veces incumplida, del periodismo radica que la sociedad tiene derecho a saber la verdad completa, verificable, de manera oportuna, sin intereses ni prejuicios personales.

Se trata entonces de exponer los hechos con exactitud, sin falsear, omitir, ni distorsionarlos, sustentar datos verídicos para fortalecer la confianza de nuestros lectores.

De ahí  que la obtención de fuentes de información variadas, fiables y de calidad sea un objetivo meta tanto de  periodistas y medios. En tal sentido no se puede pasar por alto el criterio de visibilidad mediática, pues fuente que usted emplee le otorgará esa condición de voz privilegiada.

En el caso del periodismo cubano, una de sus falencias respecto al empleo de las fuentes es su vocación cuasi religiosa por la fuentes oficiales y, peor aún, que lo que éstas dicen se toma como “santa palabra” y por lo general se le da la condición de “solista”, sin tener en cuenta que pueden consultarse otras voces en el entorno del acontecimiento que se reporta.

Hay otro elemento que conspira contra la variedad de fuentes en el mundo de hoy y es el llamado concepto de “tiempo real”, fenómeno asociado  a las posibilidades que ofrecen las actuales tecnologías de la información y la comunicación.

A lo antes expuesto habría que apuntar que la formación de los consorcios multimediáticos ha conllevado a la tendencia de la precarización del trabajo periodístico, pues un mismo reportero debe trabajar para los diferentes soportes comunicativos de la empresa bajo normas de entregas cada vez mayores en cuanto a número. En estos casos, el factor tiempo es decisivo y muchas veces el principio de la contrastación de fuentes se va a bolina en detrimento de la objetividad y la calidad del mensaje.

El caso cubano no es, como regla, el referido; en cambio, sí existen otros problemas asociados con la precariedad de las condiciones de trabajo, los bajos salarios y el mismo contexto de la vida cotidiana de la población que debe enfrentar el periodista en su día a día.

-¿Esta situación siempre fue así?

Mauro Wolf plantea que cada día

es más frecuente que las instituciones

propongan lo que debe informarse y

no sean los periodistas los que busquen

el hecho noticioso, ¿se vive

esa situación en Cuba?

Se dice que antes el periodista iba en busca de la noticia y que ahora se ha vuelta al revés. En ello influye la existencia de los gabinetes de comunicación, los buroes de información que entregan la noticia hecha y debidamente maquillada a favor de la institución que la emite. En Cuba, en cierta medida, pasa lo mismo con sus peculiaridades nacionales. Por ejemplo: aquí existe lo que los propios periodistas denominamos “pastoreo”. Dada la escasez de transporte en los medios, una  entidad “X” invita a los periodistas del sector a un recorrido por lugares que le interesan a esa institución mostrar, allí todo es bueno y le garantizan al periodista el transporte. Así se crea un compromiso y al final el periodismo se trastoca en propaganda burda.

-El trato con las instituciones no es fácil,

¿qué ocurre con las fuentes oficiales?

Con las fuentes oficiales lo que existe es una contracción en la entrega de información. En primer lugar, se han tomado el derecho de custodiar a toda costa la información cuando en realidad, una institución pública, un funcionario público tienen el deber y la responsabilidad de brindarla con transparencia y de manera oportuna. Ese es su deber, pero aquí, como regla, no se cumple, se desconoce por parte de los funcionarios en unos casos por ignorancia y en otros se hace deliberadamente, tal es el poder de la burocracia. Hay que tener siempre presente que para la burocracia, la información certera es su peor enemigo.

Hay muchos criterios al respecto que tratan de justificar lo injustificable. La respuesta más socorrida es la del “Síndrome del misterio” que es cuando la institución no da la información porque no se puede, porque no está autorizada, no se debe difundir, pues puede servirle al enemigo, etcétera. Bajo esta cobija se justifican verdades, pero también se escondan muchas insuficiencias que no están relacionadas con el bloqueo que es  la matriz de origen de la frase de marras.

Esta realidad no es ajena al mundo de la prensa, la prensa es la principal víctima. Es un asunto denunciado, estudiado y gritado a voces, pero el asunto no se resuelve. Tengo la percepción de que cada vez se complica pese a las múltiples resoluciones, reglamentaciones y llamados que desde 1979 viene haciendo el Partido Comunista de Cuba desde sus más altas instancias. Es decir, la voluntad política va por un lado y quienes deben cumplir como regla no la toman en cuenta. En ello el periodista y las direcciones de los medios tienen parte de culpa, pues rara vez aparece denunciado el que no da información, por citar un ejemplo de tan complejo asunto.

-¿Cómo comportarse ante la

negación de una información?

Lo que exigen las circunstancias es seguir luchando, denunciando, derribando muros. En ello llevamos unos cuantos años. Llueve sobre mojado. De lo que sí hay que estar claro es que los problemas que hoy padece el periodismo cubano se resolverán en la misma medida que los periodistas, los directivos de los medios y sus instituciones asuman un papel más activo y combativo para luchar por ellos. Todo apunta a que el problema de la prensa en Cuba es estructural, pues cada sistema político se da también su sistema de prensa y si hoy hablamos de cambios, pues ineludiblemente el sistema de prensa hasta ahora predominante requiere de cambios, de lo contrario no es capaz de acompañar y ayudar a transformar lo que necesita ser cambiado. Pensar en curitas y medias tintas en esa dirección no resuelve nada y, por el contrario, va contra de un escenario para los medios donde ya no cuentan con el monopolio absoluto de la información.

La imposibilidad de acceder a las fuentes públicas de información, la actitud de esas fuentes en violación de un principio clave del ejercicio democrático, es ni más ni menos que una forma de censura y muy grave. Si la Revolución proclama el principio de la democracia participativa de los ciudadanos en la construcción del socialismo, resulta vital que los ciudadanos tengan acceso a la información  brindada de manera transparente y oportuna por los servidores públicos que ella elige. Sin esa información el pueblo no puede gobernar de manera real y efectiva. De ahí el papel de los medios y de los periodistas ya no solo de la perspectiva del hecho noticioso en sí,  sino desde las dimensión de la interpretación, la explicación de los hechos y de la investigación para debelar lo ocultado, como también la de opinar con argumentos irrebatibles.

El problema del acceso a las fuentes de información puede también verse como una forma de censura y todo proceso de censura continuada tributa, más temprano que tarde, a la formación de la autocensura. Y si la censura es mala, peor aún es la autocensura, porque  cercena el pensamiento crítico, pone límites a la creatividad, fomenta posturas conformistas, propende a la doble moral.

En esta lucha cotidiana por la búsqueda de información, y por tanto el acceso a las fuentes, tiene que ver mucho la profesionalidad del periodista y el apoyo que reciba de la dirección editorial del medio En el caso de no obtener los datos por la vida oficial, siempre, haciendo uso de nuestro conocimiento, es posible validar la noticia por otra vía, y eso es lo que hay que buscar, las otras vías. Válido para ello es no subestimar ninguna fuente, toda la información que te brinden es importante y hay que tenerlas en cuenta, pues muchas veces, para llegar a las principales hay que acercarse primero a las secundarias, ya sean vivas o documentales. Siempre pienso que un periodista bien preparado, con dominio de su tema puede llegar lejos, puede derribar muchas puertas. Claro, no se puede olvidar el contexto…

-¿En cuánto se enriquecería el

periodismo interpretativo del

uso variado de las fuentes?

Si la noticia es la simiente del periodismo, la interpretación es la columna vertebral del ejercicio periodístico. El periodismo interpretativo, de explicación, va al cómo y el por qué de los acontecimientos complejos que socializa, comparte el periodismo como entidad formadora de opinión pública. Se trata de brindar al receptor una visión holística del hecho noticioso, de exponer la noticia desde los diferentes planos temáticos en que se expresa en el presente la información periodística. Ello no es posible sin  el empleo de múltiples fuentes y sin la estructura de una estrategia correspondiente. No por gusto cuando se habla de esta dimensión del periodismo se habla de la noticia total, es la mejor expresión de la objetividad periodística.

A mi juicio, el periodismo interpretativo en Cuba sigue siendo una asignatura pendiente en el registro del periodismo nacional. No se trata de falta de formación en los egresados, al menos en las últimas cinco o seis graduaciones, pues el programa de estudios es muy completo en esa dirección y sus profesores en el disciplina de Periodismo Impreso están altamente calificados, donde se incluye una tesis doctoral por parte de la Profesora Titular Iraida Calzadilla en la que indaga en esa problemática en la Isla.

El asunto se convierte en un problema cuando los egresados van a sus puestos de trabajo y se ven muchas veces imposibilitados de aplicar los conocimientos adquiridos en las aulas universitarias cuando enfrentan incomprensión en la aplicación de este tipo de periodismo, dado en unos casos por la falta de espacio, por la desprofesionalización imperante en no pocas redacciones, el facilismo, el acomodamiento y porque el ejercicio del periodismo interpretativo se ve frenado por el acceso a las fuentes, pone al descubierto aristas y realidades no muy cómodas a quienes se ven implicados en la explicación de un suceso

No obstante, me sumo al  grupo de los optimistas. Todo cuanto hemos hablado es mucho más complejo, apenas nos hemos quedado en la epidermis del asunto. Lo que sí estoy seguro es que el periodismo que se hace desde algún tiempo en Cuba inexorablemente tendrá que cambiar, de lo contrario no sería dialéctico. Todas las generaciones de periodistas cubanos a lo largo de media centuria, de una manera u otra han hecho sus modestas contribuciones al cambio, hoy existen muchas mejores condiciones para lograr ese salto. Te puedo asegurar que el último congreso de la Unión de Periodista de Cuba es una muestra de que sí es posible.

Por demás, el hecho de que tú y yo, personas de muy diferentes generaciones, estemos hablando de una de las aristas del problema con tanta franqueza es un ejemplo de que cambiamos y que luchamos por el cambio.



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