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PARA VIVIR HACEN FALTA CUENTOS

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DARÍO ALEJANDRO ALEMÁN CAÑIZARES,
estudiante de primer año de Periodismo  
de la Facultad de Comunicación,
Universidad de la Habana.

No es extraño ver en las noches de lunes a las personas en sus casas, todas alrededor de un televisor para ver otra aventura -o desventura, quizás- de Pánfilo y Chequera. Vivir del Cuento es, sin duda, el espacio televisivo más visto de la pequeña pantalla cubana actualmente, lo cual ha sido reconocido en las recientes encuestas de popularidad del programa Entre tú y yo.

Esta serie humorística ha venido a romper lo que ya se hacía tradición en su género en Cuba: el mal gusto y la sátira absurda. Podríamos citar como ejemplos a Los amigos de Pepito o el fracasado Sala O, que se fue tan rápido como llegó por la falta de audiencia y las fuertes críticas que se le hicieron.

Vale decir que Vivir del cuento padeció de lo mismo en sus inicios,  pues, antes que Ignacio Hernández y Jaime Fort tomaran las riendas de la dirección y guión del espacio, respectivamente, gozaba  de muy mala calidad. La idea original (que le dio el título que  mantiene) fue la de un programa de participación, quizás con el objetivo de enmendar la decepción que causó Los amigos de Pepito.

Esta vez, en la conducción de la emisión televisiva, siguió Mario  Sardiñas (quien se había ganado el desagrado de buena parte de la  población por su tosquedad y falta de simpatía) a quien se le sumó el hasta entonces poco conocido Luis Silva, con su personaje de Pánfilo. El estilo de programa de participación no gustó mucho, por lo que se decidió convertirlo en una serie humorística.

Vivir del cuento es un espacio televisivo muy bien ubicado en cuanto a horario se refiere, dado que es después del Noticiero  Nacional de Televisión que la familia, normalmente, se reúne a  cenar. Posee una escenografía sencilla (una vieja casa y algún que otro exterior) y un elenco pequeño, lo que crea cierto apego e identificación con los personajes).

La trama gira alrededor de dos ancianos: Pánfilo (Luis Silva) y Chequera (Mario Sardiñas, quien se reivindicó con esta versión del  espacio televisivo). Existen otros personajes que matizan la historia y que poseen características muy propias. Tal es el caso del  especulador Chacón (Wilber Gutiérrez), las negociantes Cachita (Irela Bravo) y Evarista (Aris Terrera), el invisible, pero siempre mencionado gerente y los personajes (antagónicos por demás) de  Aguaje y Facundo, ambos interpretados con maestría por el joven actor Andy García.

Pánfilo y Chequera se han convertido en algo más que el arquetipo  de la población de la tercera edad cubana. Ambos intentan salir  adelante económicamente, para lo que planifican mil y un proyectos  que, entre enredos y equivocaciones, terminan fracasando. Pero nada les detiene. En la próxima entrega llegan con ideas nuevas que vuelven a frustrarse y, entre programa y programa, sale  disparada a ráfagas la crítica social.

La calidad del guión es excelente y apuesta por un público inteligente y de mentalidad abierta. Cada palabra es precisa, cada comentario fugaz tiene un enorme peso a la hora de hacer reír al  espectador.

Estos dos ancianos son inseparables, uno complementa al otro. El  conservadurismo de Pánfilo se enfrenta al optimismo y el pensamiento moderno de Chequera, quien busca convencer a su  amigo de montar algún que otro “negocio” para sobrevivir. Es  cuando la crítica mordaz nace espontánea, con su pizca de inocencia. Vivir del cuento promete ser de esos programas que siempre son recordados con beneplácito, pero esa es otra historia…



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