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¿ALICIA EN EL MUNDO DE LAS DROGAS?

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DAHOMY DARROMAN SÁNCHEZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Alicia se despertó a la mañana siguiente. La claridad la cegaba y sentía un estruendo en las sienes solo justificable si su cerebro hubiera crecido el doble en 24 horas y estuviera pugnando, casi con libre albedrío, por salir a respirar.

No sabía dónde estaba ni cómo había llegado allí, hasta que su hermano mayor, quien la acompañó toda la noche, le esclareció que aquel lugar tan iluminado para su gusto era el Hospital Pediátrico de Centro Habana. Entonces, empezó a recordar… o más bien a ser golpeada por escenas dispersas de aquel trauma psicodélico.

Horas antes yacía inconsciente debido al consumo simultáneo de alcohol, pastillas y cannabis, una planta más conocida como marihuana. Los gritos de quienes intentaban reanimarla cuando se desvaneció sobre los peldaños de la escalera, desgarraron la imagen que todos tenían de ella como una quinceañera inocente que poco tiempo atrás correteaba entre las rosas del jardín.

Ella decidió que aquella era la fórmula para sepultar la traición del “príncipe azul”, otro conflictivo muchacho con un grueso expediente de delincuencia familiar, varios tatuajes en la piel y una progenitora que se vendió como pelele sexual mientras el cuerpo se lo permitió.

Mi vecina llegó cianótica a la sala de terapia intensiva y solo después de un rato apareció la “laboriosa” madre, aquella que siempre está ausente, y que deja, junto a un fajo de billetes, las responsabilidades de la casa a su primogénito. La señora juraba cobrárselas al traficante en lugar de preguntarse dónde estaba ella en el instante decisivo y de enfrentar los problemas familiares aceptando, primeramente, que estos existen.

De nada sirvió el esfuerzo materno por encubrir el escándalo, endilgándole el desmayo a “antihistamínicos prescritos por el médico ligados con un poquito de licor”. ¿Cómo pudo no percatarse de que tamaña desgracia era producto de la ineptitud y el descuido, porque qué hace una chiquilla de 15 años consumiendo bebidas alcohólicas?

¿No hubo alguien que pudiera guiarla en la compleja etapa en que el peligro es el imán más potente y en la que nos sentimos confundidos, y excitados por experimentarlo todo? Contrario a la opinión de los vecinos, la joven no quería suicidarse –aunque no sería extraño considerando la cifra existente de púberes que lo ha intentado- y solo reclamaba un poco de la ayuda necesaria para atravesar esa marea de autodescubrimiento y conformación del yo propio.

El camino a seguir por los padres oscila entre la acción y la prevención para apartar a sus hijos de la peligrosa vía de las drogas. Hoy no son raras las Alicias que recurren al abuso de farmacodependientes como vía de escape a sus conflictos, sobre todo dentro de familias disfuncionales, sin percatarse que este es solo un escape momentáneo, y que el sentimiento de soledad retornará cuando los efectos del trance se esfumen.

Adolescencia… solo un eufemismo para nombrar a la incertidumbre y a la tentación. Al final del día, la madre supo discernir que la solución no es perseguir al vendedor anónimo, sino hallar la vía más certera para apoyar y comprender a los hijos. Ese, es el deber de todos los involucrados en el pleno desarrollo de un inexperto ser humano.



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