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CAVERNÍCOLAS EN GUAGUA

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El maltrato a los ómnibus de transporte público por parte de algunas personas es un problema que afecta a toda la sociedad cubana.

JOSÉ ANTONIO RIGUAL DÍAZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Hay carencias no atribuibles al bloqueo. Tal vez la ausencia de ómnibus para cubrir nuestras necesidades de transportación es culpa del embargo económico, pero que se le caiga a batazos a un chofer de la habanera ruta 27, le falten el respeto a una anciana por quejarse de un empujón y se pinten las paredes de las guaguas como si fueran cavernas primitivas, es un problema a resolver dentro de nuestras fronteras.

El Período Especial trajo consigo una serie de limitaciones para el país y el problema del transporte hizo mella en la sociedad. La cantidad de ómnibus disminuyó de más de 15 800 a 7 840 y cada vez se hizo más común ese personaje destructor llamado: el indisciplinado social.

Hoy es frecuente ver nombres inscriptos en las paredes de las guaguas, las “piñas” han sustituido a las “colas”, las alcancías se han mudado al bolsillo del chofer y la pérdida de valores amenaza en convertir al hombre cubano del siglo XXI en el cavernícola de los siglos.

La culpa no la tiene nadie

Octavio Urra Nodarse, inspector de la Empresa Provincial de Ómnibus de La Habana, menciona como principales indisciplinas escribir en las paredes, el decir malas palabras, la evasión del pago y el hecho de que existen personas “capaces de hasta subir por las ventanillas, circunstancia que, a su entender, supera los cuarenta centavos del pasaje.

Asegura, además, que trata de combatir esta actitud como puede, sobre todo, persuadiendo a los jóvenes y estudiantes siempre con ética y buen carácter, aunque con algunos prefiere callar, pues a los “delincuentes” es mejor ni regañarlos. Confesó sentirse dolido al ver, en ocasiones, la indiferencia de las autoridades.

El fenómeno no surge aislado. Es parte de un conjunto de mala actuación ciudadana evidenciada en botar basura y escombros en cualquier lugar, subir la música a todo volumen y otras acciones que harían rabiar hasta al más pacifista Mahatma Gandhi, si paseara por La Habana.

Pero lo preocupante es que en el maltrato de los ómnibus la impunidad parece ser la madre del delito. El pasajero acusa al chofer de llevarse el pasaje, el chofer desconfía de los contadores del recaudo y tilda a los usuarios de no pagar o hacerlo con monedas extranjeras, níquel machucado, centavitos, mitad de un peso en papel y otras malas genialidades que solo se le podrían ocurrir al más pícaro de los cubanos.

Podría parecer, entonces, que el ciudadano común se encuentra en un círculo vicioso empeñado en reafirmar el decir de Buena Fe: “la culpa, la maldita culpa no la tiene nadie.” No obstante, un artículo publicado en el sitio digital del semanario Tribuna de La Habana, revela que los principales culpables son las autoridades, quienes no hacen cumplir con lo establecido, y la propia ciudadanía que no combate estas manifestaciones antisociales.

Indisciplinas, ¿made in Cuba?

Algunos diarios foráneos, sobre todo norteamericanos, tildan a la sociedad cubana de ser un caso excepcional de conductas negativas, aunque realmente no es así. Esto no ocurre solo en la Isla sino que se extiende por todos los países.

Linh Nguyen Hoai, vietnamita residente en Cuba, comenta que la situación con el transporte en su país es similar: “Las aglomeraciones para tomar los buses son mayores y si bien el chofer, valiéndose de groserías y una mala actitud, logra mantener la disciplina a bordo, son muy frecuentes los robos, empujones y daños en los asientos.”

Agrega que aunque todos pagan el pasaje, equivalente a cinco pesos cubanos en cada viaje, la mayoría de la gente da el asiento a quien lo necesite y no suelen escribir en las guaguas, ni fajarse como algunos cubanos, agregó.

Por su parte, Wilfredo Morales, residente en El Salvador, expresa a través del correo electrónico que allá el chofer no ve nada, se hace el sordo y mucho menos habla: “Los pandilleros suben al bus con pistolas, no pagan, roban, fuman y se bajan tranquilamente”.

Cuba dice…

Magalys Peraza Lavandera, pasajera asidua de la ruta P-4, manifiesta que es una de las más conflictivas y en la que se consigue ver cualquier fenómeno inimaginable. “Ya no se pueden tener valores, uno viene cansado del trabajo, se come algo y no hay un cesto para votar la basura, el salario no te alcanza. Te dan ganas de estar apático a todo, uno tiene tantos problemas que no le importa si rompen o no la guagua”, asegura.

Yara Posada, encargada de atención al hombre en la Unidad Empresarial de Base de Transporte, en el capitalino municipio de Lawton, confiesa que es casi imposible para el chofer atender al timón y, a la vez, ver qué ocurre detrás de él.

Recalca también la inactividad de las fuerzas del orden público en muchas ocasiones y narra el incidente ocurrido a un chofer de la ruta 27, que fue golpeado con un bate por dos individuos borrachos, en horas de la noche.

“Muchas veces he visto a compañeros maltratar vehículos del transporte público, pero no he dicho nada por temor a que se rían o me digan algo”, dice el estudiante de Informática, Alberto Santana. Es esta, sin duda, la tendencia  más frecuente en nuestro medio social: la de la inactividad ante lo mal hecho, y es también la más perjudicial.

“La gente es groserísima y por cualquier cosa te buscas un problema.  Lo mejor sería que se vendieran tickets en determinados puntos y así el chofer no tiene necesidad de buscarse problemas al cobrar”, opina Carlos Iván Pérez, chofer de la ruta 69.

Con respecto a las indisciplinas, Pérez señala que la gente tiene que cuidar lo que es de todos y cualquier afectación por una ruta, el más perjudicado es el pueblo que no llega temprano al trabajo y no resuelve ningún problema.

Hacer más y hablar menos

El oficial Yordán Cabrera, de la Unidad de la Policía Nacional Revolucionaria en el capitalino municipio Cerro, indica que los policías tienen un doble deber de actuar contra la indisciplinas, primero como ciudadanos y segundo como autoridad rectora del orden.

Explica que las medidas contra estos hechos son la amonestación pública  y las multas que oscilan entre 5, 20 y hasta 2 000 pesos cuando son daños mayores. Refiriéndose a las sanciones, plantea que en lo que va de año ascienden a más de 50 mil pesos (multas contra cualquier indisciplina, no solo en ómnibus) y en el caso de personas que hayan dañado ómnibus, tienen la obligación de reparar los perjuicios.

La subdirectora de Operaciones de la Empresa Provincial de Ómnibus Metropolitanos de La Habana, manifiesta no estar autorizada para ofrecer declaraciones acerca de la situación, sin embargo, a finales del 2013 el Ministerio de Transporte entregó a Cubadebate una lista de las principales dificultades que presentaba. Entre las deficiencias figuran la evasión de pagos, mala estimulación a los trabajadores y maltrato a los ómnibus.

Encaminado a vencer esto, desarrolla una serie de estrategias a largo, corto y mediano plazos. Algunas de las medidas que tuvo en cuenta fueron:

-Crear la Dirección Provincial de Transporte como ente rectora del transporte público en la capital, ya que es La Habana la provincia con mayores afectaciones.

-Fomentar el desarrollo de cooperativas no agropecuarias como la de taxis ruteros y lograr con ello un mayor cuidado de estos vehículos.

-Incorporar el parque de ómnibus escolares al transporte público y desarrollar un nuevo modelo en la Empresa de Ómnibus Metropolitanos.

Sin duda, medidas que contribuirán a un mejor desempeño del transporte en la capital, pero insuficientes para las demandas y dificultades que presenta el sector.

El corazón del asunto, asunto del corazón

Según el Doctor Omar Torres Rodríguez, jefe del Departamento de Psicología Educativa en la Universidad de La Habana, la principal causa de este fenómeno es la poca educación que prestan las familias a sus hijos acerca del cuidado de la propiedad colectiva.

También menciona otros factores además del Período Especial, como la aplicación de métodos formalistas para la educación en las escuelas y el insuficiente o ineficiente trabajo de los medios de comunicación en la formación de valores.

“Es una situación que afecta a todos y es preciso revertirla desde ya. Necesitamos perfeccionar los métodos educacionales desde la escuela y la familia y hacer un esfuerzo mancomunado para erradicar estas actitudes que proliferan en nuestro país, fundamentalmente en las urbes”, planteó Torres.

Lo cierto es que las guaguas siguen siendo maltratadas y las indisciplinas han proliferado al punto de preocupar a nuestros máximos dirigentes. El presidente Raúl Castro mencionó en un reciente discurso: “Hemos percibido con dolor, a lo largo de los más de 20 años de Período Especial, el acrecentado deterioro de valores morales y cívicos, como la honestidad, la decencia, la vergüenza, la honradez y la sensibilidad ante los problemas de los demás.”

El corazón de este asunto es un asunto del corazón. Toca a los ciudadanos de a pie, o mejor dicho a los de a guagua, tomar conciencia del problema y comenzar a enfrentarlo. Unos cientos de cubanos luchando, libertaron a este país. ¿No podrán once millones desterrar la indisciplina social de él?

Pie de foto: Indisciplinas como estas son frecuentes en la mayoría de los ómnibus de La Habana.

Ficha Técnica:

Tipo de título: Llamativo.   
Tipo de entrada: De resumen.
Tipo de cuerpo: Bloques temáticos.
Tipo de transiciones: Los subtítulos. Además, uso conjunciones adversativas para lograr contraste: aunque, sin embargo, pero…
Tipo de cierre: De instancia a la acción.
Tipo de reportaje: Interpretativo explicativo.

Tema: Las indisciplinas sociales en los ómnibus de la capital.

Situación problémica: El parque de ómnibus con que cuenta el país está afectado constantemente por hechos vandálicos, trayendo consigo consecuencias negativas a la economía y a la sociedad.

Objetivos colaterales: 1-Despertar en la población el ánimo contra tales hechos. 2-Ejemplificar qué se ha hecho y se piensa hacer para erradicar esta situación. 3-Cuáles  son las principales indisciplinas, a qué se deben, cómo se combaten.

Estrategia de fuentes (Documentales):

Transporte urbano: la impunidad gana terreno, Gabino Manguela, www.trabajadores.cu, 24 noviembre 2013.

Transporte urbano en Cuba, Ministerio de Transporte, www.cubadebate.cu, año 2013.

Freno a la indisciplina y el delito, Enrique Valdés, www.tribuna.cu, mayo del 2013. 

Textos complementarios: Metrobus capitalino: control y confianza, Arnaldo Musa, especial para www.cubasi.cu, 22 abril 2014.

Discurso pronunciado por el General de Ejército Raúl Castro Ruz, en el más reciente período asambleario.

Estrategia de fuentes (Activas):

Octavio Urra Nodarse, inspector de la Empresa Provincial de Ómnibus. Implicado, juicio de valor.

Linh Nguyen Hoai, vietnamita residente en Cuba y Wilfredo Morales, residente en El salvador. Testigos, juicios de valor.

Magalys Peraza Lavandera, pasajera asidua de la ruta P-4. Implicada, juicio opinático, de valor.

Yara Posada, encargada de atención al hombre en la Unidad Empresarial de Base de Transporte en el capitalino municipio de Lawton. Oficial,  juicio analítico.

Alberto Santana, estudiante de Informática. Implicado, juicio de valor.

Yordán Cabrera, Oficial de la Unidad de Policía del municipio Cerro. Fuente oficial, juicio de valor.

Carlos Iván Pérez, chofer de la ruta 69. Implicado, juicio de valor.

Doctor Omar Torres Rodríguez, jefe del Departamento de Psicología Educativa en la Universidad de La Habana. Fuente especialista, juicio sintético e hipotético.

Subdirectora de la empresa Provincial de Ómnibus Metropolitanos, manifestó no estar autorizada para dar información.

Soportes:

Hecho: Maltrato de ómnibus por parte de algunos antisociales.

Antecedentes: Pérdida de valores en un Período Especial para Cuba. Insuficiente o ineficiente trabajo educacional de la escuela y la familia.

Contexto: La crisis económica mundial no le permite al país hacer inversiones en el transporte por lo que debemos cuidar lo que tenemos.

Situaciones colaterales que pudieran incidir: Mala educación que algunas familias dan a sus hijos. No existe una extendida conciencia social colectiva. El sentimiento destructor de algunos elementos y la pérdida de valores que se acrecienta. Inactividad de las autoridades establecidas en el combate contra las indisciplinas.

 



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