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¿OLVIDO O DESESTIMACIÓN?

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A 143 años de su caída en combate, la figura de Miguel Jerónimo Gutiérrez se ha perdido paulatinamente en una sociedad que se ufana de encumbrar a sus héroes.

DAHOMY DARROMAN SÁNCHEZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

La desidia es solo otra mancha entre las costras de moho que cohabitan con las roturas y mutilaciones de una estatua enclavada como por descuido en el parque La Pastora, de la ciudad de Santa Clara.

Consagrado al poeta y revolucionario Miguel Jerónimo Gutiérrez, a quien muchos consideran el patriota cimero de Las Villas, este monumento que el 20 de mayo de 1919 bendijera el padre Ángel Tudurí, hoy conserva poca gloria de la que tuvo en el  aniversario 49 del alzamiento de La Demajagua, cuando se colocara su primera piedra por acuerdo de una comisión gestora dispuesta por el Ayuntamiento de los santaclareños.

La efigie no es lo único abandonado. La raíz del problema está en el olvido del glorioso villareño al que tributa, de quien José Martí, en su artículo 10 de abril, dijo: “…por el valor y por los años hacía como de cabeza… trajo a pelear el juicio cauteloso, el simple corazón, la cabeza inclinada, la lánguida poesía, el lento hablar y su hijo….”. Y en el prólogo a Los poetas de la guerra, agregó: “Un hombre (…) que blandió centelleante acero, recitaba con piedad nuestros versos tristes: se escribió aquello, y se hizo un torno. Allá están nuestros gemidos, y nuestra altivez, y nuestros albores: allá Miguel Jerónimo Gutiérrez…”

Pero a ciencia cierta, ¿cuánto conocen las generaciones actuales sobre este héroe? ¿Por qué se ha extraviado entre las páginas de los tratados y programas docentes de Historia?

Su nombre se perdió en la bibliografía básica y en los libros de texto de los educandos, y solo en el de noveno grado aparece una pequeña biografía suya. En el volumen de duodécimo ni se menciona, y unas pocas y lejanas referencias a su participación en algunos hechos aparecen en Historia de Cuba 1492-1898. Formación y liberación de la nación, un texto de ampliación de preuniversitario.

Una encuesta realizada a los estudiantes que cursan el tercer año de la carrera de Historia en la Universidad de La Habana, arrojó que mientras el 60 por ciento de ellos sólo domina los datos más relevantes de su accionar revolucionario –pues “el resto suele obviarse en clases”–, el 40 por ciento restante declaró nunca haber oído hablar de él. Los alumnos que lograron identificarlo, admitieron que no se conoce lo suficiente y recomendaron, para solucionar este problema, la orientación de trabajos de clase, la realización de actividades conmemorativas, de cursos optativos, y la venta de bibliografía activa y pasiva sobre esta figura.

En su ciudad natal, Santa Clara, además de la maltrecha estatua solo existe para honrarlo una escuela con su nombre.

Sobre las causas de este fenómeno, el vicedecano de la Facultad de Historia y Filosofía, ubicada en la Colina Universitaria habanera, Antonio Álvarez Pitaluga, esclareció: “Él está en los rejuegos del poder que implicó la Reunión de Guáimaro, es un representante de las élites villareñas y uno de los hombres que está complotando un proceso independentista en la región central; pero esta no tiene el predominio de la guerra, el cual se debate entre Camagüey y Oriente.

“Por otra parte, con todos sus innegables méritos, él no tomó grandes decisiones en la Guerra de los Diez Años. Su momento cumbre fue el propio alzamiento del 6 de febrero de 1869. No acumuló una carrera en ascenso de hechos como protagonista. Además, él representa a los sectores más o menos de poder en la región central de la Isla; pero no encarna en sí mismo, al estilo de Antonio Maceo, una condición nacional; y tiene que “competir” con un grupo de otros hombres que sí tienen esta impronta. Aún así es, sin lugar a duda, un hombre importante que sería necesario conocer y divulgar”, refirió Pitaluga.

De acuerdo con la especialista del Museo Provincial de Villa Clara, Mayelín Martínez, en dicha institución el único registro que existe del prócer villareño es un juego de escribanía, compuesto por sus objetos de escritorio, entre ellos un abrecartas y una especie de cuño, el secante.

“Hay mucha apatía por las organizaciones que deben promover acciones para recordar a estos luchadores, especialmente de la Asociación de Combatientes, que tiene entre sus objetivos recordar con actos patrióticos a los caídos en combate”, aclaró Hedy Águila Zamora, Máster en Ciencias y coordinadora de la filial villaclareña de la Unión de Historiadores de Cuba.

“Hay muchos patriotas, las calles están llenas de ellos, pero desgraciadamente le tocó competir con los padres fundadores de la nación. Para alcanzarlos su currículo debía ser igual de bueno, no en términos de cantidad, sino de incidencia cualitativa”, aseguró Antonio Ramírez Rodríguez, Máster en Historia de América, Caribe y Cuba y profesor del preuniversitario capitalino José Martí.

Una vida ilustre

En la ciudad de Santa Clara nació Miguel Jerónimo Gutiérrez y Hurtado el 15 de junio de 1822. “La madre, María Nicolasa Hurtado de Mendoza, parece adivinar en aquel hijo que crece y da muestras de poseer un raro talento, el hombre destinado al martirio de la Patria”, escribió el periodista Jorge Quintana en la sección a su cargo “Así se forja una nación”, de la Revista Bohemia, en junio de 1954. 

Desde los 17 años colaboró con los diarios villareños, entre ellos, La Alborada”, “La Guirnalda Literaria”, “El Alba” y “El Eco”, siendo este último el primero fundado en Villa Clara. Asimismo, con mucho éxito fue representada en los teatros de su ciudad natal “Idealismo y realidad”, comedia que escribió junto a Manuel D. González y Eligio Capiró. 

Su profesión de Procurador Público, una especie de abogado, le permitió vivir holgadamente, y en su casa se reunía lo más selecto de la sociedad villaclareña para debatir temas literarios y políticos.

Tras el fracaso de las gestiones reformistas insulares en la Junta de Información y el levantamiento armado del 10 de octubre de 1868, los ánimos ya estaban caldeados y era cuestión de tiempo que estallara la revuelta en el centro de la Isla. Mientras se esperaba el momento propicio para levantar en armas a la región, en su morada se congregaron Eduardo Machado, Antonio Lorda, Arcadio Severino García, Tranquilino Valdés y otras figuras influyentes de Remedios, Sancti Spíritus, Cienfuegos y Trinidad, y formaron la Junta Revolucionaria de Las Villas, con él a la cabeza.

Los villaclareños respondieron al llamado de su jefe. Entre el 6 y el 7 de febrero toda la región estaba en armas. Cerca de veinte mil hombres, la mayoría desarmados, gritaron ¡presente! en los campos de la región. En el cafetal de González, Manicaragua, los sublevados proclamaron una Junta de Gobierno. Jerónimo redactó el acta y el manifiesto, y con su vehemente oratoria enardeció el ánimo de las tropas.

En un intento por aunar esfuerzos, el 10 de abril de 1869 se reunieron en Guáimaro las tres regiones sublevadas: Oriente, Camagüey y Las Villas. “La moderación de Miguel Jerónimo va salvando situaciones difíciles y logra que se llegue a una fórmula conciliadora. A él, más que a nadie, se debe el que la Cámara salve esas dificultades iniciales, apruebe una Constitución y elija un Gobierno. Y se le reconoció ese esfuerzo eligiéndolo primer Vicepresidente, cargo que ocuparía hasta su muerte”, expresó Quintana en su artículo.

El 17 de diciembre de 1869 presidió la sesión de la Cámara en la que fue depuesto Manuel de Quesada de la jefatura del Ejército Libertador.

Aprovechando un receso de la Cámara, se trasladó a Las Villas, pero al enterarse de la muerte de su compañero Arcadio García, acudió presuroso al lugar de los hechos: la prefectura de San Lucas. De regreso al campamento, fue delatada su ubicación en Monte Oscuro y luego de recibir un balazo en la cabeza, lo amarraron a una mula y lo arrastraron por el camino, aún con vida.

Veinte poemas de amor y una obra olvidada

Además de su obra como periodista y escritor, en 1860 creó, junto a un grupo de intelectuales patriotas, La Sociedad Cultural “Liceo de Villa Clara”, la cual “se convirtió en el centro cultural de la ciudad. Las principales actividades se concentraban en su labor como escuela nocturna para sus miembros, biblioteca, centro de conferencias de personalidades de las ciencias, la música, la literatura, conciertos, publicaciones y el apoyo a la labor cultural en general”, refirió Águila.

Aún así, “hay escritores de relevancia local o que tuvieron importancia en un momento o lugar específico, y que quedan para la historia de la literatura como puede ser el caso. No creo que sea reconocido como intelectual, pues sus artículos están en los periódicos de la época, que no se han recopilado ni en Villa Clara, ni hay bibliografía activa suya, porque no publicó libros propios. Solo existe lo que de él se ha escrito”, valoró Ricardo Hernández Ortega, especialista de Literatura Cubana, del Instituto de Literatura y Lingüística.

Sin embargo, en su libro La poesía revolucionaria, José Manuel Carbonell, expresó que Gutiérrez “es la nota de enlace entre Teurbe Tolón y Pedro Santacilía. Su composición “A España” traduce una queja conminatoria dirigida a la nación que el poeta mira como una madrastra que en vano persiste en sus crueldades, porque la virtud tesonera de la hija, la nobleza de la causa que la anima, tendrán más fuerza para vencer que todas las sanguinarias restricciones”.

A dicho poema pertenece el fragmento siguiente: “Si mil mártires fuertes expiraron/ en los cadalsos que tu furia alzó/ nos quedan otros mil que a tu verdugo/darán el cuello con tenaz valor”.

Acciones y soluciones: tierra de nadie

Mientras, el profesor Pitaluga declaró: “No conozco que se realice ninguna acción para resolver dichas cuestiones, pero sería partidario de hacerlo, aunque esto no modificaría la concepción popular de la Historia. De lo que se trata es de humanizar la información para acercarla el estudiante”; Águila Zamora dijo: “Nosotros, los profesores, le damos el verdadero valor en los espacios donde podemos hablar de estos asuntos. Ya vamos mejorando, con las publicaciones municipales y la inclusión en eventos nacionales de los temas locales, pues historiadores reconocidos hoy se ocupan de desempolvar a figuras olvidadas”.

A pesar de los criterios divergentes, Miguel Jerónimo Gutiérrez es una figura notable para los cubanos, y no debía ser relegada a un segundo plano y mucho menos obviada. Solo queda esperar si al menos los retazos de su cuerpo en mármol logran ocupar nuevamente un lugar en la memoria de los santaclareños y del pueblo de Cuba.

Pie de foto: El ilustre santaclareño.

Ficha Técnica:

Tipo de título: Llamativo.
Tipo de entrada: De panorama.
Tipo de cuerpo: De bloques temáticos.
Tipo de transiciones: Muletillas (por otra parte, a pesar de, sin embargo, aún así.)
Tipo de cierre: De conclusión o resumen con rasgos de instancia a la acción.

Tema: ¿Qué ha pasado con la cultura histórica del pueblo que olvida u obvia a sus patriotas?

Situación problémica: Desconocimiento y abandono de la figura de Miguel Jerónimo Gutiérrez.

Objetivos colaterales: 1-Demostrar que los combatientes y patriotas cubanos no eran héroes perfectos, sino seres humanos como cualquiera, pero con un arrojo extraordinario. 2-Hacer un llamado de atención a la conciencia de los profesores, historiadores, organizaciones relacionadas, para lograr resolver el dilema. 3-Rescatarlo del olvido.

Estrategia de fuentes

Documentales:

Foro de Estudios Sociales “Marta Abreu”, artículo Recordemos a Miguel Jerónimo, de Feliberto Pérez Del Sol. Consultado el miércoles 16 de abril de 2014.

La poesía revolucionaria en Cuba, José Manuel Carbonell, La Habana, imprenta “El Siglo XX” 1928.
Artículo “Así se forja una nación”, por Jorge Quintana, en Bohemia. Habana, año 46, núm. 24, junio 13 de 1954, p.149 y 153.

Cuatro poetas. Antonia Soler Mirabent, Editorial Academia, La Habana, 1990. 

Activas:

Antonio Álvarez Pitaluga, vicedecano de la Facultad de Historia y Filosofía y profesor de Historia de Cuba y Cultura Cubana en la Universidad de La Habana. Juicios analíticos, de valor.

Ricardo Luis Hernández Ortega, especialista de Literatura Cubana. 40 años trabajando en el Instituto de Literatura y Lingüística. Juicios de valor, analíticos.

Ramírez Rodríguez, Máster en Historia de América, Caribe y Cuba, profesor del preuniversitario José Martí.  Juicios analíticos, de valor

Mayelín Martínez González, especialista del Museo Provincial de Villa Clara, Licenciada en Letras. Juicios analíticos.

Máster Hedy Hermina Águila Zamora, profesora e investigadora de Historia Local y Coordinadora de la Filial Provincial de Santa Clara, Unión de Historiadores de Cuba. Juicios de valor, analíticos.

Soportes:

Hecho: Encuesta realizada a estudiantes de tercer año de la carrera de historia, donde salió a relucir el poco conocimiento sobre el héroe en cuestión.

Antecedentes: Invisibilización por parte de estudiantes y profesores de todas las enseñanzas, y por el pueblo en general.

Contexto: Sociedad cubana enfocada solo a figuras cimeras de la historia.

Situaciones colaterales que también pudieran incidir: Deficiencias del sistema educacional cubano en la actualidad. El hecho de que ni siquiera en su ciudad natal sea reconocido este hombre como el gran intelectual y patriota que fue.

Proyecciones: Aún no se encuentra solución al problema y no se han tomado acciones concretas al respecto, a pesar del conocimiento generalizado de este fenómeno

 



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