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PERIODISMO PARA CLÍO

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Tema: Fernando Rivas Inostroza, director de la Escuela de Periodismo de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso argumenta que “las  publicaciones periódicas van dando curso a determinados acontecimientos en sus páginas, las que sirven al deseo ciudadano de estar informados o al tanto de lo que pasa y una vez que su corta vigencia expira se convierten en documentos que reflejan una época y que suelen mantenerse como depósito de un presente que siempre se escapa”.

MÓNICA LEZCANO LAVANDERA,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Una de las vías de interpretación de la realidad son los medios de prensa. Gran parte de los públicos asume como verdadera una afirmación solo porque “salió en el periódico”. Pero, más allá de satisfacer las necesidades diarias de información, el periodista deviene “cronista de su tiempo”, al decir del Premio Cervantes, el cubano Alejo Carpentier.

Las publicaciones periódicas contextualizan las épocas. Al respecto, en el artículo Nuevas fuentes historiográficas, de la investigadora y profesora española María Dolores Saíz, aparece una cita del catedrático Robert Marrast, donde expone que “a través de la prensa es como mejor se puede aprehender el movimiento de las ideas en su curso y en sus agitaciones, determinar la persistencia de las corrientes de pensamiento y sus resurgimientos, su progresiva desaparición en provecho de las ideas que poco a poco se abren camino” (1975, citado por Saíz 1996: 132)”.

Según el catedrático español Miquel Rodrigo Alsina, la noticia es “una representación social de la realidad cotidiana que se manifiesta en la construcción de un mundo posible” (1989: 18), por lo que la aproximación entre los periodistas y los receptores se basa en “actitudes epistémicas colectivas que se han ido forjando por la implantación del uso social de los medios de comunicación como transmisores de una realidad social de importancia pública“ (Rodrigo Alsina, 1989: 31). Por tanto, el vínculo exclusivo entre la historia y la comunicación radica, fundamentalmente, en el papel de los medios como creadores de una realidad social.

Ante tales razones, el análisis de la prensa resulta de gran ayuda para los estudiosos de la memoria colectiva de un pueblo, quienes se interesan por los periódicos tanto como objeto histórico en sí mismo, como fuente para el estudio de numerosos temas sociales, económicos y culturales que condicionan las características de una época determinada.

Fernando Rivas Inostroza, director de la Escuela de Periodismo de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, argumenta que “las  publicaciones periódicas van dando curso a determinados acontecimientos en sus páginas, las que sirven al deseo ciudadano de estar informados o al tanto de lo que pasa y una vez que su corta vigencia expira se convierten en documentos que reflejan una época y que suelen mantenerse como depósito de un presente que siempre se escapa”.

Confianza vs peligro

Al trabajar con la prensa como fuente histórica, ésta debe analizarse desde un punto de vista crítico, a fin de lograr los grados de certeza, verosimilitud y credibilidad que exige la historia.

El Doctor de Estado en Ciencias y Letras Humanas Manuel Martin Serrano (2009) avala el discurso periodístico como un instrumento de construcción y reconstrucción de la realidad en la cual se legitima un sistema social: las continuas interpretaciones que hacen los relatos -el discurso periodístico- del entorno social y de lo que en su ámbito acontece, contribuyen a mantener las representaciones colectivas, las visiones del mundo de los grupos o sujetos individuales, siempre y cuando, no se introduzcan visiones de la realidad diferentes.

Los medios de comunicación recrean la parte del entorno propio de cada reportero, ya que la intencionalidad y el contexto, junto la visión del autor, rigen el trabajo periodístico.

El periodista, como forjador de valores, debe partir de la honestidad para realizar sus trabajos. Pero no todos se sienten comprometidos a asumir esta responsabilidad ética, por lo que pueden manipular los medios en función de beneficios personales y nacionales. 

“Para el establecimiento de la verdad histórica, cada periódico aporta su propio material. Se trata de elementos fragmentarios, disociados, necesariamente simplificados, raramente objetivos, de una realidad siempre compleja. Aunque se puede cuestionar como fuente única, es una fuente complementaria de primer orden. El material que contiene (información, artículo, ilustración) tiene un valor en el marco en que esta documentación se sitúa: su significado no es completo si no va acompañado por un análisis del contexto en el que intervienen otros elementos, su origen, su situación, su presentación, así como los objetivos políticos y económicos del periódico” (Kayser, 1957, citado por Saíz, 1996: 133).

La periodista Bárbara Avendaño, de la revista Bohemia, opina que las noticias pueden ser manipuladas de acuerdo con los intereses políticos de los medios que la emiten: “Por tales razones, no podemos quedarnos con la parte de la realidad que se plasma en la prensa, hay que investigar por otras vías y confrontar la información”.

Historiador de los días

Cada información periodística que llega al público se aproxima a un retrato del presente. Por eso es necesario tratarla cuidadosamente, con la vista puesta en el futuro, porque si hoy se trabaja mal, ¿qué opinión quedará para las próximas generaciones?

Miriam Rodríguez Betancourt, Premio Nacional de Periodismo y profesora de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, argumenta que las noticias periodísticas constituyen testimonio de una época: “De ahí la importancia de que la información del día a día aborde temas relevantes de la sociedad, para que los historiadores encuentren en ese archivo las claves para interpretar determinados períodos, y conocer cómo vivieron y pensaron poblaciones enteras”.

La prensa cubana, en cualquiera de sus medios, es también una fuente histórica. A propósito, Rodríguez Betancourt asevera: “Una de las críticas más agudas que se le hacen a nuestras publicaciones es, precisamente, la insuficiente aproximación a temas candentes de la actualidad, prefiriendo una agenda de actos oficiales y asuntos, muchas veces, de relativo interés e influencia. A lo efímero de la noticia se añade la intrascendencia de sus temas y el tratamiento rutinario de ellos, algo imperdonable cuando vivimos un presente pletórico de hechos significativos”.

En ese hilo de análisis, la joven periodista de la revista Bohemia Mónica Baró Sánchez, acota: “Junto a esas carencias, se suma el reto de interactuar de forma dialógica con un receptor que se hace progresivamente más activo gracias a las nuevas tecnologías que tiene a su alcance”.

Todo producto periodístico se completa solo con la interpretación diversa y enriquecedora que puede darle su público. Lograr tales complementos es proyectar una mejor forma de narrar la cotidianidad de la gente, y así fundar un relato auténtico que intente parecerse a la vida, para dar cuenta de ella cuando la mirada se eche atrás.

Recuadro

HISTORIA DESDE EL PRESENTE

El profesor Fernando Rivas Inostroza considera que la prensa en Chile suma nuevos retos al enfrentarse a los cambios tecnológicos, pero no pierde su valor como fuente histórica.

Las publicaciones periódicas son recipientes de visiones y percepciones sociales que quedan para la posteridad, aún cuando el desarrollo vertiginoso de las tecnologías de la informática y las comunicaciones condiciona una mayor actualización de las noticias. Ante ello, se impone la necesidad de crear un producto comunicativo de interés para el público, que puede convertirse en un reflejo de la época actual.

Fernando Rivas Inostroza, director de la Escuela de Periodismo de  la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, asume este escenario como clave para desarrollar un mejor trabajo reporteril, y así lo afirma vía correo electrónico.

-La prensa sirve de guardiana a la
verdad histórica, pero, ¿es el periodismo
actual un reflejo exacto de la realidad?

No, a mi modo de ver eso no existe. De la realidad sólo tenemos retazos y sombras. Lo que hacemos los profesionales de la palabra es iluminar el ambiente, pero nunca aprehendemos la verdad tal cual es.

-¿Considera que la prensa de
hoy satisface las necesidades
informativas de la población?

Los medios de comunicación en Chile están en deuda y creo que siempre lo van a estar en todas partes. La prensa ayuda mucho, forma conciencia, pero nunca será suficiente. No obstante, cada sociedad debiera valorar y pujar por la mayor libertad de prensa posible, cuidando condiciones de equidad, de modo que no se reproduzcan también a nivel del discurso las desigualdades sociales ya existentes en otros ámbitos. Eso es nefasto porque institucionaliza el poder, lo hace inamovible y favorable respecto a algunos -habitualmente los mismos-. La libertad de prensa introduce el siempre refrescante aire que renueva el pensamiento y fija la vista en aquellas situaciones sociales que están pendientes. La crítica tiende a ser corrosiva, pero también es el mejor medio para cuestionar la realidad y tratar de mejorarla.

-En Chile, ¿de qué medios (impresos,
televisivos, radiales, digitales) la
población consume más información?

Indudablemente por televisión, y cada vez más desplazándose a la TV por cable. Los diarios en papel están en fase de declinación, trasladándose al soporte de Internet. La lectura digital crece exponencialmente. La radio mantiene su adhesión y se le valora por su calidez, cercanía y apoyo en momentos de catástrofes como terremotos, incendios, tal como los hemos vivido en Valparaíso. La juventud y las nuevas generaciones hacen uso masivo de Internet, particularmente de redes sociales como Facebook, donde las fotografías y los videos tienen un alto consumo.

-Con el desarrollo de las nuevas
tecnologías, ¿considera que los medios
impresos pudieran perder su valor?

No, al contrario. Es un efecto paradójico. Volver o llegar al papel será el premio para aquellos textos y discursos que van a quedar convertidos en objetos. Por ahora estamos en la masificación del mundo digital y nos encandilamos con sus posibilidades, pero llegará el momento en que sea común y empezará a ajustarse su valor. En cambio el papel, el libro, que será más caro, implicará contar con un objeto valioso, único y de alcance prácticamente exclusivo, de modo que al papel llegará lo selecto, lo mejor. No es su muerte, yo lo veo más bien como el camino hacia una nueva elitización.

-¿Considera que todos los trabajos
periodísticos pueden ser analizados
como fuentes documentales una vez
pasado el momento "caliente"
de  la noticia?

Sí, todo documento de prensa es un testimonio. Y este testimonio no está tanto en el documento, como en quien lo revisa y lo articula con la historia del país y con su propia biografía. Los documentos sólo son un depósito que hay que saber manejar, pero su trascendencia y su valor lo asigna y declara el investigador. Habitualmente, lo que no es considerado o desechado por irrelevante o de mala factura puede contener elementos tremendamente relevantes que no saltan de inmediato a la vista, sino después de una lectura muy atenta, reposada y en contraste con el panorama de elementos acumulados en su vida por el investigador.

Bibliografía:

Rivas Inostroza, Fernando: Analizando los medios y la comunicación: teoría y métodos. Valparaíso. 2009.

Rodrigo Alsina, Miquel: La Construcción de la Noticia. Ediciones Paidós, Barcelona. 1989.

Kayser, Jacques (1957) en: Saíz, María Dolores: Nuevas fuentes historiográficas. Historia y Comunicación Social. Servicio de Publicaciones Universidad Complutense. Madrid. 1996.

Marrast, Robert (1975) en : Saíz, María Dolores: Nuevas fuentes historiográficas. Historia y Comunicación Social. Servicio de Publicaciones Universidad Complutense. Madrid. 1996.

Serrano, Manuel Martin: La producción social de comunicación, Vol. 1y 2. Editorial Pablo de la Torriente. La Habana. 2009

Periodistas consultados:

Bárbara Avendaño, periodista de la revista Bohemia.

Mónica Baró Sánchez, periodista de la revista Bohemia y educadora popular.

Profesora consultada:

Miriam Rodríguez Betancourt, profesora de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana y Premio Nacional de Periodismo José Martí 2010.

 

 

 



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