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LOS MISTERIOS DEL SALTO DE TEQUENDAMA

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La Embajada de Francia en Colombia otorgó 400.000 dólares para continuar con el proceso de restauración de la casona del Salto de Tequendama. Por otra parte, los colombianos piden que el lugar sea bien cultural de interés nacional y símbolo místico, por su historia y leyenda.

KAREN REY,
estudiante de cuarto semestre de Comunicación Social,
Universidad Cooperativa de Colombia, Sede Bogotá.

La casona del Salto de Tequendama tiene más de 100 años de historia, se encuentra abandonada y rodeada de misterios. Se escuchan historias de desamor, tragedias, depresiones, frustraciones de personas que terminan quitándose la vida saltando desde ella. Un lugar donde se encadenan tantas vidas que no quisieron seguir luchando, personas que decidieron tomar “el camino fácil”.

El salto se convierte en un cementerio de almas perdidas que buscan encontrar la paz, tal como lo relata Santiago Lemos, habitante de San Antonio de Tequendama: “En horas de la noche al pasar por la casona se escuchan lamentaciones, gritos. Se ven cosas que nadie ha logrado explicar. Las personas que habitamos cerca allí estamos acostumbrados a convivir con todo tipo de extraños fenómenos, nosotros sabemos realmente lo que ocurre”.

Por el contrario, el estudiante de quinto semestre de Parapsicología, Julián M. Suárez, manifiesta: “Hice un estudio hace un año con mis compañeros de clase, nos internamos dos días en la casona. Nuestro objetivo era poder explicar lo que los habitantes decían respecto a las voces, gritos y sombras, pero el refugio del Salto es normal. Para muchas personas el Salto de Tequendama es una atracción donde pueden encontrar la adrenalina, ya que esta vieja casona por su aspecto y situación de abandono, creen que pueden encontrar seres del más allá, sombras misteriosas, fantasmas. Pero es solo un lugar de turismo paranormal”.

Zipa (Diosa del Bien) se ofendió con su pueblo de seguirle consejos a  Huitaca (Diosa del Mal), pues esta llevaba al pueblo a la lujuria, vicios, juegos, haciendo que se negaran las ofrendas a Chibchacum, este se indignó con los bacates y como venganza desató una gran inundación. Los ríos Sopo y Tibitó se desviaron, lo cual fue creciendo rápidamente hasta que la sabana se anegó completamente convirtiéndose en el Salto de Tequendama.

En 1895 se inauguró la hidroeléctrica llamada “El charquito”, que usaba el río Bogotá antes del salto. En 1928 se inauguró “El Hotel del Salto”, de 5 pisos y 15 habitaciones, lo cual demostraba el interés de extranjeros y bogotanos, porque quedaba cerca a la caída del Salto. Pero en 1940, por causa de las obras del embalse del Muña que represaba el río Bogotá, sus afluentes fueron contaminados y el Salto de Tequendama perdió su atractivo turístico.

Gracias a la Fundación El Porvenir y la Universidad Nacional, en el antiguo hotel se encuentra un museo donde se ha adecuado el Gran Salón de la Biodiversidad, y los visitantes pueden aprender sobre las diferentes especies de flora y fauna de la región, que fueron inspiración de cronistas y botánicos.

De esta forma, después de años de espera, la casona nuevamente cobra vida, con el fin de sensibilizar acerca de la  producción sostenible, la conservación de los bosques de niebla y, por supuesto, la recuperación del Salto de Tequendama.

Pie de foto: La Casa Museo Salto del Tequendama empezó a ser restaurada desde el año pasado (2012). La idea es convertirla en un centro cultural.                  



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