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LAURELES DE BLANCO Y ROJO

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ROGMARY GARCÍA SÁNCHEZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Entre el torneo Capablanca in Memoriam de Ajedrez, el Campeonato Mundial de Boxeo, las diversas competiciones de atletismo y las secuelas de la 53 Serie Nacional de Béisbol, el fútbol conserva su espacio, ¡y qué espacio!, porque el partido que decidió al campeón de la Liga española, entre el Barça y el Atlético de Madrid, nadie lo duda, fue sensacional.

A los colchoneros parecía caerles encima una lluvia de maldiciones en el inicio del encuentro. Sus dos principales figuras, el delantero estrella Diego Costa y el creador de juego, Arda Turan, se lesionaron en los primeros 25 minutos y tuvieron que, inundados de lágrimas, abandonar el certamen.

Eso, a mi juicio, desconcentró un poco al grupo rojiblanco. El fuerte golpe anímico propició una anotación inesperada del delantero rival Alexis Sánchez. El arquero Thibaut Courtois no pudo impedir que entrara el fuerte disparo. Sin embargo, como elenco grande, lograron después reponerse.

El entrenador capaz de transformar al Atleti en una escuadra puntera y conquistar cuatro títulos en dos años y medio, el argentino Diego (Cholo) Simeone, habló en el descanso del primer tiempo con los atletas como si fueran sus hijos, llamándolos a un último esfuerzo por alcanzar lo que tanto soñaron, el cetro de la Liga.

Esas palabras, en mi consideración, hicieron salir al campo a unos jugadores renovados de fuerzas. El momento clave fue cuando el capitán Gabi elevó un centro desde el córner, y vino lo esperado por toda su afición, el gol de cabeza de Godín.

Esa jugada táctica a la que ya nos tiene acostumbrados el Cholo, dio el tanto del empate y, por lo tanto, la victoria. Los de la orilla del Manzanares, con tal raya, acumularon 11 unidades marcadas con saques de esquina.

El conjunto catalán no podía hacer nada más. Ni su toca-toca, ni tener uno de los más sobresalientes futbolistas del mundo, Lionel Messi, sirvieron para corregir los constantes errores en la defensa e imprecisiones del ataque.

Entre los elementos que impidieron apreciar a un habitual dominante Barcelona, según mi opinión, estuvo la ausencia hasta el minuto 76, del excelente interior Xavi. Sin su presencia, en más de la mitad de la disputa, los culé carecieron de naturalidad en los diferentes movimientos.

Los azulgranas no fueron capaces de propinar claras ocasiones de peligro y cerraron una pésima temporada. A mi entender, necesitan una completa renovación.

Con cerrado armisticio de 1-1 selló la pugna. Se convirtió en vencedor del evento, el líder de choques jugados con corazón, sacrificio, unidad y derroche de pasión, el mejor equipo, el Atlético de Madrid.

Ellos me recordaron a aquel grupo que bajo las órdenes de Radomir Antić e integrado por Molina, Caminero, Pantic, Penev y el actual técnico, Simeone, brindaron tantas alegrías a los seguidores colchoneros en 1996, al alcanzar un doble triunfo en campeonatos españoles, ganados con fibra de titanes.

Miles de aficionados recibieron a los nuevos campeones en la fuente de Neptuno, lugar donde tradicionalmente celebran sus glorias.

Culminó la Liga española más reñida de la historia. Los indios con ese fulgor de humildad y amor al fútbol, después de 18 años, obtuvieron un bien merecido décimo título.



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