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DE TAL PALO…

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LISANDRA AGUILAR WONG,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Las cualidades de los padres
quedan inscritas en el espíritu de los hijos,
igual que los dedos de un niño
en las alas de una fugitiva mariposa.
José Martí

La violencia hacia menores de edad en Cuba ha disminuido considerablemente en el último medio siglo, gracias a la política desarrollada por la Revolución a favor de ellos, de la familia y de la consolidación de una sociedad donde prevalezcan los más altos valores humanos. Una muestra de esta labor es el trabajo realizado por la Casa de Orientación a la Mujer y la Familia con el apoyo de psicólogos, psiquiatras y técnicos de trabajo social, sin embargo, aún son frecuentes sus diferentes manifestaciones en los hogares de la Isla.

Según indica el artículo Violencia Intrafamiliar en Cuba. Desafíos para la Intervención Social, de la licenciada Yohanka Valdés Jiménez, a pesar de no disponer de informaciones estadísticas que lo avalen, los niveles de violencia intrafamiliar de la isla son inferiores, tanto en cantidad como en gravedad de los hechos en cuestión, a los prevalecientes en la mayoría de países latinoamericanos.

Las mujeres en la actualidad tienen un alto grado de profesionalización,  lo que las hace más independientes, de ahí que sean capaz de crearse sus propios espacios de socialización, condición que favorece la decisión de las féminas de rechazar cualquier tipo de agresión que los haga, tanto a ella como a sus seres queridos, vulnerables.

Las mayores consecuencias de la violencia intrafamiliar se evidencian en los niños, quienes, en ocasiones, la reciben ya sea de forma directa o indirecta por parte de las personas más allegadas a ellos.

Una niñez no deseada

Cuando el infante se encuentra en un medio de este tipo, generalmente siente impotencia al ver que sus esfuerzos son inútiles para controlar o salir de la situación, por tanto, se manifiestan conductas de agresividad, miedo hacia sus padres, bajo rendimiento académico y la pérdida de la confianza en sí mismo y en los demás.

En dependencia del ambiente donde el niño se forme, tendrá una adecuada conducta futura, debido a que la familia es la célula fundamental de la sociedad y desempeña un papel decisivo en su salud y formación personal.

De esta manera, cuando  crece en un entorno violentado tiende, en el mayor de los casos, a no respetar las normas de convivencia familiar y social realizando  actividades de carácter delictivo ya sea en grupos o de manera individual.

Los adultos responsables del crecimiento del menor han generado un factor de maltrato cuando, desde la gestación misma, dejan de prever las condiciones mínimas para su desarrollo psicológico, fisiológico y social.

Manifestaciones de violencia

Como muestra en el libro Salud Familiar, el terapeuta y Profesor Titular de Psiquiatría de la Facultad de Medicina de La Habana Cristóbal Martínez Gómez, “se entiende por violencia intrafamiliar toda acción u omisión cometida por algún miembro de la familia, que viole el derecho al pleno desarrollo y bienestar de otro”.

Según indica el volumen, el maltrato físico puede manifestarse a través de lesiones como quemaduras de cigarrillos, planchas, fracturas óseas múltiples, heridas, moretones, rasguños y arañazos en el rostro.

Otras de las agresiones teorizadas al respecto están bajo la denominación del Síndrome de Munchausen o maltrato de poder, el cual es visible cuando la madre agrede a su hijo mediante otra persona y simula síntomas falsos obligándolo a tratamientos innecesarios que lo ponen en peligro.

El abuso sexual es otra forma de violencia al menor. Se manifiesta cuando un adulto o adolescente utiliza su poder sobre un niño para establecer una actividad de este tipo, a través de engaños, amenazas o fuerza física para convencerlo u obligarlo a participar.

Por otra parte, el maltrato psicológico infantil se define como toda acción ejercida contra el normal desarrollo de las potencialidades cognoscitivas, afectivas, conductuales, integrativas y de relación de los niños.

La explicación de lo inexplicable

Las tensiones provocadas por una sociedad cada vez más exigente,  en lo  económico-laboral y  familiar, unidas al  marcado estereotipo del hombre machista que prevalece en la actualidad, han sido factores incidentes en la calidad de las relaciones afectivas.

En las familias disfuncionales estos acontecimientos producen desajustes y llegan a afectar la salud mental de alguno de sus integrantes, por tanto,  genera el estrés en el hogar y se dificulta la  armonía en el mismo.

Un estudio realizado a un total de 564 adultos y expuesto en el libro Violencia Intrafamiliar en Cuba. Aproximaciones a su caracterización, por una serie de proyectos sobre familia del Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas concluyó que las representaciones individuales de los encuestados con respecto a la educación infantil, reflejan concepciones patriarcales y métodos de autoridad heredadas de anteriores generaciones, aspecto común en la Cuba de hoy.

La repercusión de aspectos culturales que marcan aún la presencia de este fenómeno en la sociedad cubana, condiciona que muchos consideren como necesarios estos actos de violencia para demostrar poder y clarificar quién manda en determinado grupo social o intrafamiliar.

El estudio también demostró que hoy es común el rechazo de los consejos de especialistas por considerarlos criterios que contradicen sus tradicionales formas de comportamiento ante la sociedad. Para muchos pequeños, presenciar este tipo de situaciones, provoca en su adultez miedo e inseguridad; pero también, existen los que logran crear un hogar basado en el respeto, el amor y la unidad.



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