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EL PERFUME DE LA MUERTE

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MARIANA BAFFIL LEÓN,                       
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

A dos décadas de que la novela alemana de Patrick Suskind, El Perfume: historia de un asesino, causara sensación en el público lector y se convirtiera en un best-seller, apareció en 2006 una adaptación cinematográfica que, contra todo pronóstico, logró sorprender tanto a quienes conocían el texto original, como a los que por primera vez descubrían la inaudita historia.

La cinta, dirigida por Tom Tykwer, quien también participa en el guión junto a Andrew Birkin y Bernd Eichinger, es un drama con un toque de suspenso que logra mantener al espectador cautivado hasta el final, a pesar de la extensa duración de 147 minutos.

Andrew Birkin, Bernd Eichinger y Martin Moszkowicz, son los encargados de la producción, la cual destaca por la adecuada selección del director, los actores, el personal técnico y las localizaciones, que logran con éxito representar el libreto.

El filme cuenta la historia de Jean Baptiste Grenouille, un niño que nace envuelto en el hedor putrefacto de las calles parisinas del siglo XVIII y posee un don especial, el agudo sentido del olfato, sin embargo, no tiene olor propio. A lo largo de la vida, llega a diferenciar disímiles y sofisticados aromas.

Su capacidad de captar olores, incluso a largas distancias, se convierte en una obsesión que lo arrastra a convertirse en un ser monstruoso, capaz de hacer cualquier cosa, incluso matar, para conseguir su máximo propósito: fabricar el mejor perfume del mundo con fragancias de mujeres.

La fotografía, dirigida por Frank Griebe, consigue con las luces un ambiente oscuro, a fin de resaltar colores cálidos como el cabello  de las jóvenes pelirrojas que llaman la atención de Greounille. Este trabajo se complementa con el montaje, a cargo de Alexander Berner, quien organiza las secuencias de modo que el mensaje del director sea fácilmente entendido por los espectadores.

Un aspecto clave del filme es la correcta adaptación del guión con respecto al personaje de Grenouille, que no habla en la obra original, y que el director logra modificar con la constante narración en off de John Hurt.

Actores de la talla de Dustin Hoffman y Alan Rickman, aún encarnando papeles secundarios, regalan al público actuaciones de lujo y apego al texto original. El protagónico está a cargo de Ben Whishaw que, sin ser muy conocido en el mundo del cine, deslumbra por la buena representación del ser trastornado y maníaco presentado por Suskind en el personaje literario. Asimismo, la bella Rachel Hurd-Wood logra personificar la inocencia del papel de Laura, por cuya fragancia se obsesiona el asesino.

El vestuario y escenografía consiguen ambientar la Francia del siglo XVIII. Mientras que la música, a cargo de Reinhold Heil, Johnny Klimek y el propio Tykwer, está acorde con cada toma de la cinta, intensificando momentos de misterio, tensión y suspenso.

Tom Tykwer tiene como antecedentes los filmes “Corre, Lola, corre” (1998), “La princesa y el guerrero” (2000) y “Heaven” (2002) y ha logrado ganarse la aceptación de la crítica europea. Esta vez, tampoco defrauda a sus seguidores con la nueva propuesta.

Desde su estreno, el filme alcanza la fama en Europa, donde ganó Plata a la Mejor Película de Cine y a la Mejor Fotografía, Diseño de Vestuario, Montaje, Diseño de Producción y Sonido, en los Premios del Cine de Alemania en 2007.

Si bien el libro alcanzó renombre a nivel mundial, no podemos obviar que la película venció el difícil reto de representar, con imágenes y sonidos, un texto de tan alta talla escritural como la increíble historia creada por Patrick Suskind.

 



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