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LUCES PARA LA INCERTIDUMBRE

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MONICA LEZCANO LAVANDERA,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación, 
Universidad de La Habana.

La soledad se presenta de manera diferente. Esta vez, el realizador Esteban Insausti propone con Luz Roja, tercera historia del cortometraje Tres veces dos, donde se revelan los sentimientos más profundos del ser humano. Anclada en la vida contemporánea, esta propuesta cinematográfica refleja los conflictos de las sociedades modernas.

La incomunicación y el aislamiento son asuntos que quedan explícitos en esta invitación, reflejando así diversos modos de vida frente a las barreras que se imponen en el camino de los seres humanos.
La obra se muestra en la piel de dos personajes que desarrollan, separados, sus historias de modo simultáneo; sin embargo, el espectador puede imaginar la unión de sus destinos.

Ambos protagonistas, interpretados por Zulema Clares y Alexis Díaz de Villegas, son  profesionales que la sociedad tiene, en apariencia, como seres alejados de los más agudos problemas terrenales. O sea, la función social de un psicólogo y una locutora radial radica en que sean capaces de transmitir seguridad a las personas. No obstante -y es una tesis fuerte que defiende el corto- tal vez por ironías de la vida, esas personas no escapan de la soledad.

En el cuento de Insausti, quedan muy bien utilizados los códigos visuales. Por ejemplo, la obra está contada con colores oscuros, opacos, tristes, fríos, lo que concuerda con los estados de ánimos de los personajes y con la lluvia, otro símbolo que interactúa también en el decursar de la historia.    

Los espacios ocupan un lugar significativo, pues buena parte del corto se desarrolla en los ambientes de trabajo de los protagonistas, y pese a que en la realidad ambos sitios deben estar bastante iluminados, se representan sombríos y con poca cantidad de objetos, lo cual da coherencia a la intención de los realizadores de mostrar ese estado de tristeza y melancolía.

Con gran astucia, Alejandro Pérez, encargado de la fotografía de Luz Roja, hace un uso efectivo de los planos cerrados para mostrar de un modo más emotivo la intención marcada en los rostros de los actores. En el caso de la consulta en el hospital, se utiliza un picado sobre el psicólogo, enfatizando en el modo en que mueve los dedos hasta llegar a un punto específico. Precisamente, en los momentos en los que la locutora se encuentra en la cabina de radio, se utiliza muchísimo el plano de detalle para ilustrar minuciosamente las expresiones de su rostro y de sus manos. 

Una escena en este producto comunicativo alcanza la cumbre, y es en la que confluyen los pensamientos sexuales de ambos protagonistas. Ese erotismo logró que el lenguaje del cuerpo y el ambiente en que está inserto el cuadro dramático, expresaran majestuosamente el éxtasis de los personajes.

La banda sonora en el corto también ocupa un espacio significativo. Así, los ruidos están perfectamente representados, por ejemplo, en el sonido de la lluvia al caer, que realiza una función ambientadora y simbólica; o en el ruido del claxon de los carros en la carretera, que muestran la ansiedad de los pasajeros.

La música de X Alfonso pretende adentrar al espectador en los conflictos que expone el guión y refuerza la efervescencia sentimental de los protagonistas.

Es esta una propuesta diferente, en la que la tristeza y la impotencia  se muestran como eje central de la vida de dos personas, que representan a todos los seres humanos que se han visto envueltos en la duda y la desesperación. Esteban Insausti demuestra que el cine se convierte en fiel aliado del espectador, pues también logra retratar los estados más esenciales del alma.



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