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UNA SILLA DE JUNGLA

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NGA TRAN THU (NINA),
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

En el primer plano del cuadro aparece una silla grande, sobre la que reposa una vasija llena de hojas. Este motivo común está investido del consejo de un tabernáculo improvisado a alguna deidad desconocida en el seno de la Madre Naturaleza.

Es esta  la trama de la obra La silla (1943), colección Museo Nacional de Bellas Artes, La Habana, muestra de lleno el efecto del pintor cubano Wilfredo Lam (Sagua La Grande, 8 de diciembre de 1902—París, 11 de septiembre de 1982), a la vez que hace mención al folklore afrocubano.  Esa pintura, como un producto de toda la vida, era muy interesante, pero un poco difícil para entender porque comúnmente estamos acostumbrados a los retratos de personas mientras que en este caso se retrata a la silla, esta se convierte en la protagonista de la composición a manera de naturaleza muerta.

El cuadro fue realizado a partir de una técnica mixta que acopló acrílico y óleo sobre tela, con pincel, brochas de gran tamaño –utilizadas para pintar los fondos- y espátula. Esta vegetación relativamente ceñida y rodea el tema nominativo del óleo, sin embargo es un fondo móvil que enmarca y envuelve  a la vez, a  la  manera de la flora tropical. El cuadro lleva así mismo el título descriptivo del tema: La silla.         

El fondo de cañas de azúcar y hojas anchas pintadas en tonalidades de verde y amarillo, refleja una naturaleza rica, sensual. La simbología deviene síntesis. Los colores están empleados de manera funcional, reduciéndose la explosión cromática al siena y los amarillos. En estas piezas la relación fondo-figura respeta el sentido tradicional, pero cedió paso a un “polimorfismo abierto“, acotan los especialistas. 

En esa época, el artista solía señalar a su segunda esposa Helena Benítez “la enorme diferencia existente entre la naturaleza de Cuba con sus ceibas y sus campos de caña de azúcar y los relamidos jardines franceses o la seca austeridad de Castilla”.

Creen que Lam tenía  un grueso pincel en las manos. Algunos expertos aseguran que es una fotografía lo que ha llegado del pintor, aunque el búcaro que se observa en primer plano arroje una luz tan intensa que blanquea desagradablemente su Silla. Las diferencias podemos definirlas de la primera impresión que nos causa cada uno de ellos: La jungla es magia y misterio, La silla es el barco que placía a Carpentier (que la tuvo, por cierto, en su colección personal). 

Lam se convierte en un artista capaz de transmitirle a sus cuadros todo un misticismo propio de los cubanos. Logra magnificas soluciones formales y conceptuales que lo convierten en uno de los mejores pintores de todo los tiempos. Se ven en esta obra algunos de los indicios que anuncia el acercamiento de Lam a la abstracción.

Es como una tupida vegetación, el fondo es semejante al de La silla. La imagen está trazada con firmeza en una composición claramente cubista que une la figura con el fondo, desde el punto de vista surrealista, al hombre con la naturaleza. Los azules y verdes oscuros acentuados blanco, junto con la presencia de la figura lunar indician una escena nocturna.

Pie de foto: El cuadro La silla de Wilfredo Lam.



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