Facebook Twitter Google +1     Admin

DEL CASTELLANO A LA VULGARIDAD

20150227020421-leanny.jpg

LEANNY VISTEL PÉREZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Usted se levanta temprano para ir al trabajo o a la escuela. Se monta en una guagua, atestada de gente, como de costumbre. De repente, el vehículo para ante el semáforo que ha colocado la luz en rojo. Un joven desde adentro divisa a algún conocido.

Empuja a la anciana que viaja a su lado, pasajeros sentados (todo sin pedir permiso), saca la cabeza por la ventanilla y grita:-¡Oye, m…! ¿Qué volá? El otro responde: -¡Dime comem….! Y así continua “el diálogo” gritado a viva voz, sazonado con una serie de disparates y palabras inapropiadas.

Siempre hay quien decide corregir este tipo de comportamiento, pero es gratificado con groserías como: “Puro, no se meta en lo que no le importa”, u otras cosas peores. Entonces, solo  recuerdas con añoranza la canción de Marco Antonio Solís, ¿A dónde vamos a parar?

Ha pensado. ¿Cuántas veces ha escuchado frases peores o las ocasiones en que se ha topado con una persona grosera en un establecimiento público? ¿En cuántos momentos ha presenciado vivas muestras de vulgaridad?

Tal parece que tales actitudes se han vuelto comunes en la sociedad cubana, y si algo se torna cotidiano corre el riesgo de considerarse correcto. Al aceptar  la vulgaridad perjudicamos nuestra calidad de vida, pues esta solo promueve una personalidad agresiva, brutal y sin grandeza.

Las groserías ocupan cada vez mayores espacios sociales y le ganan terreno a la cortesía y a los buenos modales. Desde la vestimenta, el lenguaje, los gestos y el trato hacia las demás personas, pueden definir a la persona como un ser vulgar o no.

Se imagina llegar  al médico y que este le diga: “Oye loco, estás embarca’ o. Te veo con una pata aquí y la otra en Colón. Ve bajando con Beba. Tú, no tienes arreglo”. O escuchar a una maestra hablarle así a un estudiante: “Fiñe, anda pal gao a buscar a tu pura. Mueve, mueve el pudín”.

¿Qué pensaría de una muchacha a la que se refieren de la siguiente manera?: “La jevita esa está fuerte, está dura; aunque vive cogiéndose pa eso. Es tremenda creyente”.

Sería muy deprimente, sobre todo, no saber quién es Beba, qué es un gao, si la joven es fisiculturista o practica alguna religión.

Casi todo el mundo culpa al reggaetón por sus letras agresivas y poco inteligentes. La música es una de las manifestaciones artísticas más influyentes sobre el modo de actuación de las personas, puede convertirse en un motor impulsor de la violencia y los malos actos

Es cierto, son los adolescentes los principales consumidores de este género y en el afán de imitar a los intérpretes, copian desde el vestuario hasta los malos actos. Pero también son el hogar y la escuela los que deben hacer un alto y analizar qué están haciendo mal. Darse cuenta a tiempo de que un ser humano educado con deficiencias, será un sujeto con bajos valores y objetivos.

Qué bonito es escuchar ¡Hola! en vez de ¿Qué volá? Muchas gracias en lugar de una mueca. Oír decir: Permiso, por favor, en sustitución de dame un break, y Señor reemplazando a puro.

Pienso que cuando pasen 30 años y la generación joven de ahora sea la vieja de entonces, habremos vuelto a las cavernas, los saludos serán gruñidos y el reggaetón se llamará ruido.



Blog creado con Blogia. Esta web utiliza cookies para adaptarse a tus preferencias y analítica web.
Blogia apoya a la Fundación Josep Carreras.

Contrato Coloriuris