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LOS TIEMPOS DE CHAPLIN

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DARÍO ALEJANDRO ALEMÁN CAÑIZARES,
estudiante de primer año de Periodismo,        
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Con sus pantalones anchos, su bastón y el simpático mostacho que le caracteriza, el vagabundo Charlot vuelve a hacer gala de las dotes de trágico comediante en el largometraje de 1936, Tiempos Modernos. La risa se mezcla con los dantescos escenarios de una sociedad en quiebra, donde todavía hay muchos ambulantes, no tan risueños, por las calles.

La película muestra “la cruzada humana en busca de la felicidad”. Es una crítica mordaz a los Estados Unidos de la década de 1930. Su trama se centra en las vicisitudes de un peculiar y conocido personaje cuando se vivía la Gran Depresión (1929-1933), el período más oscuro en la historia norteamericana.

Muchos loan esta pieza del séptimo arte por los simbolismos que encierra, sin embargo, el mismo Charles Chaplin refuta ese criterio, alegando que nunca fue su objetivo el representar subliminalmente alguna idea específica. Haya sido esa o no la meta, el simbolismo está explícito.

Charlot lleva de la mano al espectador por entre cada una de las facetas de esta crisis, siempre desde la óptica del obrero. Magistralmente compara a estos trabajadores con un rebaño de ovejas conducidas, como lo expresa la primera escena, de entre las cuales sobresale una negra que no es más que el mismo protagonista, que de manera inocente, se muestra inconforme con la sociedad que habita.

La primera parte de la película resulta una burla muy perspicaz a Henry Ford y su producción en serie. Chaplin ilustra satíricamente la otra cara del desarrollo que significó la aparición del “modelo T” de autos, y los experimentos laborales que llevó a cabo la Ford para lograr un máximo rendimiento de sus trabajadores. De esta intención nace la inmortal escena del obrero sentado en la sofisticada y descompuesta máquina que a golpes le hacía comer una mazorca de maíz.

Los aires abiertamente anticomunistas que se respiraban en la Norteamérica de 1930 fueron exteriorizados en el filme cuando el vagabundo recoge del suelo aquella banderita –presumiblemente roja- que había caído de un camión, mientras a sus espaldas se desarrollaba una manifestación sindicalista.

El papel de Charlot se lleva todos los lauros. Dicho personaje es, para muchos críticos, el mejor pensado de la historia del cine. Íntegro moralmente, no se permite actuar de otra forma que no sea la de un chevalier. Quizás sea por ello que solo atina a sobrevivir en medio de una sociedad ensimismada, absurda, tecno-dependiente y plutocrática.

La joven huérfana y desamparada, interpretado por Paulette Goddard, es de poca fuerza en la trama, aunque indispensable, como otros tantos en la filmografía de Chaplin: el gigante Mac Kay (La quimera de oro) y la florista ciega (Candilejas). La muchacha, en la historia, hace de conector. Ayuda a conducir un fragmento de la aventurera vida del vagabundo, el cual cierra impredecible y sin rumbo fijo.

Tiempos Modernos es, sin duda, un largometraje del cine mudo, a pesar de que cuando se realizó esta película, hacía nueve años de la aparición del primer filme sonoro: El cantante de jazz, con Al Johnson. Pero Chaplin decidió seguir trabajando con los vestigios del silencio cinematográfico y hacer uso de las pantallas de subtítulos a manera de representar los diálogos. A pesar de ello, en algunas escenas se pueden apreciar voces, como la del jefe de la fábrica o la del mismo Charlot cantando en un enrevesado idioma que mezcla francés, italiano e inglés.

Esta producción fue otro de los caprichos del genio de Charles Spencer Chaplin, quien dirigió, escribió, protagonizó y compuso la música de casi todas sus películas. Para él, la mejor manera de reflejar la miseria humana es mediante una mirada “inocente e indirecta”, y la más efectiva forma de criticarla: una sonrisa.



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