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EL ARCO IRIS DE MI VIDA

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OANH DINH VAN (OANY),
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

La vida de los alumnos siempre es muy interesante y nunca se olvida. Durante dieciocho años viviendo en Vietnam, tenía las memorias más preciosas que el oro. Ahora, cuando ya soy una estudiante universitaria, a veces las recuerdo y siento que soy muy dichosa.

Recuerdo un día catorce años antes: la primera vez que fui a la escuela. A mí -una niñita de seis años- en ese momento todo lo que veía y escuchaba era nuevo. Estaba muy impaciente de saber las cosas. Empecé a conocer las asignaturas, saber escribir las letras, y descubrí que mi asignatura preferida era Matemática.

Durante los cinco años de primaria, estudié muy bien. Nunca tenía que aplicarme mucho, pero alcancé los resultados lindos que esperan los padres. Siempre fui la mejor en la clase, la estrella más clara. Fueron años felices, sin preocuparme por nada.

El tiempo pasó muy rápido y estuve en la secundaria. Todavía estudié bien, pero decaí un poco. Ya no siempre poseí el primer lugar en todos. Mis padres también estaban muy ocupados con los trabajos y no pudieron atenderme mucho. Salí más con amigos, la mayor parte de mi tiempo fue para Internet y las relaciones nuevas.

No me di cuenta que ya estaba mayor y todavía continué sin estudiar duro. Aunque aún estaba en quinto, sexto lugar de la clase, solo abrí los libros cuando las pruebas estuvieron muy cerca. Muchas veces me prometí que la próxima vez iría a estudiar, pero nada cambió.

Después, los días de preuniversitarios se hicieron las pesadillas, como el castigo. Mis resultados fueron muy malos, vino con las críticas de los maestros. Recuerdo una comparación de mi profesor tutor, que mis notas de clase se parecían a los números de celular, porque en Vietnam ellos empiezan con “012…”

Cuando tenía diecisiete años, ya fui bastante consciente y tenía que hacer una selección, iría a estudiar en la Universidad, o trabajaría y tendría un futuro oscuro. Me pregunté por qué si tenía buena capacidad, aún estaba tan floja, ¿bien valió la pena, no? Claro que tuve mi propia respuesta. Un año antes del examen para entrar la Universidad, estudié más duro que nunca. Y como esperé, cogí la nota del décimo lugar, encima de dos mil personas. Para mí, si tengo determinación, nada será imposible.

Ahora en la Universidad, a veces mi mal hábito se aparece y una vez tuve problemas con la profesora de la asignatura Periodismo Impreso por mi pereza, pero me levanté inmediatamente y continúo adelante, intentando no repetir esta culpa nunca. Ya sé que solo si trabajo muy duro puedo alcanzar los resultados buenos, como el arco iris solo aparece después de la lluvia.



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