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ELLA ES BLANCA Y ÉL ES NEGRO

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CINTHYA GARCÍA CASAÑAS,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Liana, joven blanca, empezó a salir con Alfredo, un muchacho "de color". Según cuentan, lo que más les afectó fue la reacción de los amigos y la familia, en particular la madre de Liana, quien suplicó que pusieran fin al noviazgo. Al no complacerla, enfermó de los nervios y su úlcera comenzó a empeorar. Esa relación también hizo que la familia de la muchacha fuese fuente de las murmuraciones de parientes y del vecindario. Una tía de la joven la catalogó como la vergüenza de la familia.

Escenas como la anterior ocurren muy a menudo en nuestra sociedad, debido a que las parejas interraciales han poblado a Cuba a lo largo de los siglos. El mestizaje se convierte  en uno de los aspectos más explícitos de las relaciones entre razas. Sin embargo, para algunos no es tan fácil asumir las parejas y a sus hijos mulatos como algo común.

En los últimos años, las publicaciones sobre esta temática en la Isla han aumentado. Se analizan las continuas desigualdades y las manifestaciones de discriminación racial en muchas esferas de la vida cubana, tales como la cultura, la familia y la política. Varios artistas y músicos también se suman a la denuncia contra la manipulación de la racialidad y la cultura afrocubana.

La familia es uno de los espacios donde se transmite el racismo y los estereotipos raciales a las futuras generaciones. En su seno se articulan discursos de género sobre pertenencia y lealtad. Con independencia de que se rechace o acepte a estas parejas, lo cierto es que todas las respuestas están arraigadas en tendencias históricas de integración  y mezcla.

Las pugnas con los hijos que tienen amores interraciales pueden abarcar desde peleas verbales hasta castigos o “toques de queda”, para intentar convencerlos de que pongan fin a la relación.

Contrario a lo que se piensa, las familias negras también pueden oponerse a este tipo de uniones. Liana y Alfredo debieron hacer frente, además, a la desaprobación de sus amores por parte de la madre de él. Liana sentía que la señora nunca la trataba bien, pues insistía en que la familia de la muchacha siempre humillaría a su hijo, por lo tanto, quería que encontrara a alguien de su mismo color. A los tíos y amistades más allegadas les molestaba la pareja blanca, o creían que el joven la anteponía a los suyos y se sentían traicionados.

Más allá de la objeción por parte de las familias, en la joven pareja existía preocupación por el futuro de los hijos. La ansiedad y el objeto de los comentarios se centraban en el color de la posible descendencia. Para la familia blanca,  los nietos no solo serían otra generación, sino que estarían marcados al ser "de color". Por el contrario, para el muchacho representaría “adelantar”, con ello, la raza.

A pesar de que abrazamos el concepto del mestizaje como eje de cubanía, las parejas interraciales tropiezan con no pocos obstáculos como la jerarquía racial y la valoración de la blancura.

No se trata de saber si, después de los esfuerzos realizados por el gobierno cubano para eliminar el racismo, este ha vuelto, o en qué momento lo ha hecho, sino más bien de la forma en que sigue permeando la vida cotidiana, al darlo por sentado. Este modo de pensar y actuar se reproduce, a pesar de la postura de igualdad social adoptada por la Revolución. La raza sigue estrechamente imbricada en el discurso diario.



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