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¿EL MEJOR DE LOS CHOCOLATES?

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MARÍA DE ROCÍO RAMOS SUÁREZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Durante el año 2005 el productor y director estadounidense Tim Burton, regaló a los niños el filme Charlie y la fábrica de chocolates, apoyado en el clásico libro homónimo del escritor británico Roald Dahld.

La película trata la historia de una misteriosa fábrica de chocolates, propiedad de Willy Wonka, enigmático empresario conocido en el mundo por sus confituras, quien decide esconder papeletas doradas en cinco tabletas para que los niños afortunados en encontrarlas tuvieran la oportunidad de visitar su industria secreta.

Tal vez como íconos para una buena crítica, Burton da vida a los estereotipos más comunes de niños criados en una sociedad consumista, inmersos en la competencia, la vanidad, la gula y en el desmesurado apego a los inventos tecnológicos, contraponiéndolos al mismo tiempo con Charlie (Freddie Highmore), el pequeño de buen corazón que vive en la más absoluta miseria, come cada noche sopa de col y, sin embargo, siempre tiene una sonrisa para  sus padres y cuatro abuelos enfermos.

El largometraje, filmado en Yorkshire, Reino Unido, no presenta impactos digitales, sino efectos artesanales que determinan la intensidad de los colores y un ambiente alucinante, que por el tamaño de los objetos, la decoración utilizada y las luces contrapuestas para introducir a cada televidente en la trama, pudiera parecer surrealista y psicodélico, sin embargo, no da la impresión de un mundo generado por artefactos colosales, sino de un universo regido por lo imaginario.

La banda sonora, creada por Danny Elfman, está compuesta por alegres cancioncillas infantiles, acompañadas por típicos instrumentos de viento, donde una que otra vez se dejan escuchar sutiles vocecitas desconocidas que transmiten la idea de un reino fantástico habitado por seres especiales, elemento característico en la obra de Burton.

No obstante, el largometraje ha sido cuestionado hasta en los  aspectos más precisos y no ha faltado quien afirme que en lugar de un género de aventura, comedia y ficción pasó a ser, por excéntrico y desmesurado, espeluznante y abrumador.
 
Sin embargo, antes de poner el trabajo de los grandes productores en tela de juicio, sería oportuno reconocer que la niña convertida en una monstruosa berenjena, el niño atascado en una aspiradora, el pequeño que aumenta diez veces más su tamaño y la excéntrica nena a la que las ardillas atacan de forma brutal fueron, aunque un poco drásticos, los castigos escogidos por Burton para reprimir los malos hábitos y las desobediencias que marchitan la infancia.

Otro de los aspectos por los que ha sido juzgado el filme es la actuación de Johnny Depp, acusado de aparentar ser más un psicópata sobreactuado con un arsenal de muecas extremas y demasiado ficticias, que el típico dueño de una industria de chocolates. Pero algo a tener en cuenta es que se trata de un personaje con traumas de la infancia, sin más compañía en el mundo que los pequeños hombrecitos encargados de la fábrica y  cientos de granos de cacao.

Una vez estrenado el largometraje, la firma Willy Wonka apareció en el mercado mundial, cuestión que condujo a que Tim Burton fuese acusado de dar publicidad a un producto y de realizar proyectos con fines lucrativos.

Determinar si la cinta fue realmente un éxito es aún controversial. Sin embargo, para todo aquel que haya visto del filme más allá de la escenografía y el vestuario, resulta claro que el objetivo del director estadounidense no fue crear un anuncio comercial, sino enaltecer por encima de cualquier riqueza, el valor de la familia, como única fortuna capaz de procurar  la felicidad.



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