Facebook Twitter Google +1     Admin

PASAJE A LA SENSIBILIDAD

20150329123419-irelys.jpg

IRELYS SERRANO ACOSTA,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

El día apenas comienza y ya el sol calienta las anchas calles de la capital, mientras la multitud inmersa en la rutina se dirige con prisa hacia el trabajo.

Después de tanto andar, llego a la Terminal de Ómnibus de La Habana con el único propósito de comprar un pasaje para Pinar del Río. Pido el último y me incorporo a la extensa cola.

Al cabo de 10 ó 20 minutos, la fila continúa estática. Pasa por mi lado una de las trabajadoras con el rostro angustiado; la reconozco por el uniforme. ¿A dónde irá? Debe tener alguna emergencia para abandonar así el puesto de trabajo. Le deseo suerte y que pueda resolver su problema, porque ante todo debemos ser humanos.

La espera se extiende, el reloj marca las 10:00 am y la gente, debido a la ausencia de techo y asiento, comienza a inquietarse. “¡Pero qué lentitud!”, “¡Esto nada más que se ve en Cuba!”, son algunos de los criterios emitidos.

El sol comienza a arder en mi piel y el sudor corre apresuradamente por la espalda. La misteriosa puerta blanca que se observaba a lo lejos permanece cerrada.

El agotamiento ataca y para combatirlo decido acercarme al mural de información. Ya aburrida de mirar el mismo papel, corre una brisa y mueve una hoja que indica en letras negras: “Se vende pasaje para viernes 15 los miércoles, jueves y en horas tempranas del viernes”.

Al rato, descubrí que en el umbral de la puerta colgaba un cartel que decía: Horario 8:00am-8:00pm. Analizo mis posibilidades: quiero viajar el viernes por la tarde, puedo comprar el boleto el miércoles o el jueves, porque el último día ya se habrá acabado. ¡Perfecto! Sigo leyendo: miércoles abierto y jueves cerrado por fumigación. ¡Ya no es tan perfecto!
El día lanza un bostezo aterrador, quedan unos minutos para la hora de cerrar y faltan delante de mí dos señoras de cabelleras blancas.

Finalmente, el aire frío chocó con mi frente y dije:

-Un pasaje para las 7:30 pm a Pinar.

- No quedan, me contestaron.

-Bueno, para las 8:00 pm, repliqué.

-No, solo hay para las 8:00 am del viernes, escuché.

En ese momento levanté la vista y deseé que aquella voz se compadeciera de mí. De pronto, reconozco el rostro que había visto salir uniformada en horas tempranas de la mañana y más segura aún, le dije: “Es que en la tarde tengo clases y no puedo faltar”.

Como una ráfaga, sin apenas mirarme a la cara, dijo: “Pues vuelve otro día porque el  viernes ya no podrás viajar”.

 



Blog creado con Blogia. Esta web utiliza cookies para adaptarse a tus preferencias y analítica web.
Blogia apoya a la Fundación Josep Carreras.

Contrato Coloriuris