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SIN VELO Y CON AMOR

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LISANDRA AGUILAR WONG,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación, 
Universidad de La Habana.

No nos falta valor para emprender ciertas cosas
porque son difíciles,
sino que son difíciles porque nos falta valor
para entenderlas
Séneca

Carla sueña con casarse vestida de blanco. Caminar rumbo al altar, tomada del brazo de su padre, es la mayor ilusión. En sus sueños, el hombre ideal la espera con una sonrisa, solo que hoy, este la transforma para burlarse de tal locura.

En la actualidad, para no pocas personas realizar una boda no tiene sentido. “El amor es suficiente, veo innecesario firmar un papel”, comentan algunos. Otros, en cambio, no encuentran justo que un ritual tan antiguo se convierta, cada día más, en “un acto fuera de moda”. El hecho de contraer matrimonio va más allá de un suceso exclusivo para determinados tiempos.

Entonces, ¿debemos ser señalados como ridículos por demostrar a la persona amada lo importante que es, o acaso no tenemos derecho de contar a nuestros hijos cuándo sus padres se prometieron ante la ley fidelidad y respeto?
 
Según indica un reportaje en el periódico Juventud Rebelde del 6 de noviembre del 2010, titulado Se acabó la cola en el Palacio de los Matrimonios, en 1980 se efectuaron en Cuba 68 941 bodas, mientras en 2009 el número descendió a 54 969. Estas cifras de la Oficina Nacional de Estadísticas corroboran que, aunque los novios se casan de blanco, los Palacios parecen estar de luto, coincidieron varios autores.

Quizás el problema radica en las nuevas generaciones que no quieren desaprovechar su tiempo firmando “papelitos”. Para qué casarse hoy y divorciarse mañana. A mi entender, si ideamos bien a la persona precisa para compartir nuestra vejez, luego de haberla tratado lo suficiente, no habrá necesidad de alejarse de forma repentina.

La situación económica que se enfrenta, o simplemente los hechos con que tropiezan algunas personas, no les permiten realizar una ceremonia, y se dan por vencidos. Esto ha condicionado la pérdida de una hermosa tradición en un momento y una sociedad cada vez más necesitados de ella.

El rechazo a esta situación es una respuesta psicológica a sentirse aprisionado por prometer permanencia junto a la misma persona por el resto de la vida. En cambio, una relación sin ataduras ofrece autonomía, se crea un compromiso sentimental que puede romperse, de la forma más sencilla, cuando el amor desparece.

Lejos del camino por el que una u otra persona decida transitar, lo importante son las ganas de hacer una vida en común, basada en el respeto a las opiniones de la pareja. El mejor camino a transitar es elegirse cada día como amantes y continuar esa unión.



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