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S.O.S. BUENAS MANERAS

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AILEEN INFANTE, CLAUDIA PADRÓN, GABRIELA ÁVILA, ROSMELY ALVARIÑO y ARIEL TRUJILLO,
estudiantes de cuarto año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana. 

«A mi me gusta comer con cuchara. Como en mi casa todos tienen la misma preferencia, me acostumbré a hacerlo desde chiquito y ahora me resulta incómodo comer con otro cubierto».

Así opina Yudel Suárez, estudiante de tercer año de Informática en el Instituto Superior Politécnico José Antonio Echeverría, quien además asegura no ser el único en esta situación ya que muchos de sus compañeros poseen la misma costumbre.

Para Pedro Luis García, estudiante de Estomatología, el hábito no se formó solo en el hogar sino que su período estudiantil también contribuyó a fomentarlo: «Desde que estaba en la primaria y el único cubierto que nos daban para comer era la cuchara, me adapté a ingerir con ella todo tipo de alimentos. Después con la beca y el servicio militar se consolidó su uso. Yo sé que no es así como debería hacerlo, pero qué le vamos a hacer, es la costumbre».

Marcia Zulueta solo tiene 18 y confiesa que en ocasiones se siente avergonzada de salir con algunos de sus compañeros por su mala conducta a la mesa. «La última vez que fuimos a comer a un restaurante, uno de ellos pidió una cuchara para comerse la comida, y otro se puso a limpiar la copa del agua con la servilleta como si esa fuera su función. ¡Me hicieron pasar tremenda pena!»

Un sondeo realizado a una veintena de personas de distintos sexos, edades y niveles de escolaridad, arrojó que esta situación no solo se ha generalizado sino que, preocupantemente se ha vuelto una tendencia dentro de nuestra sociedad, sin que los propios implicados sepan reconocer las reales implicaciones del problema.

La raíz del asunto

No se trata de que algunos sepan o no utilizar adecuadamente los cubiertos o comportarse correctamente en este tipo de situaciones, sino de las implicaciones de estas conductas cada día más evidentes y preocupantes dentro de la sociedad.

Los nuevos tiempos con su desarrollo acelerado de las tecnologías han provocado profundos cambios en las maneras de actuar y pensar del hombre dentro de su medio. Y en su afán de no quedarse rezagado e ir a la par de lo que considera evolución, ha ido retrocediendo en el tiempo y olvidándose de cuestiones tan básicas como la educación formal.

Según el destacado periodista Hugo Rius, durante una serie de conferencias impartidas a estudiantes de Periodismo sobre las buenas maneras, «hace unos años era impensable que a la hora de la comida faltara alguien a la mesa, ese momento era valorado de vital importancia no solo por la necesidad de ingerir alimentos para reponer energías sino porque en muchas ocasiones éste constituía el único momento donde toda la familia se reunía y conversaban de sus asuntos».

Al respecto, el Máster en Ciencias Enrique Reyes, profesor de la Escuela de Altos Estudios de Hotelería y Turismo (EAEHT), señala que «hoy en día, nuestra sociedad ha perdido muchos buenos hábitos de conducta que indiscutiblemente urge rescatar, y entre ellos no solo la conducta ante la mesa sino también la propia mesa y lo que ella significa». 

Sandra Palomino, económica de 48 años, comenta que en su casa apenas se utiliza el comedor y mucho menos sus muebles. Ellos prefieren comer delante del televisor. «Como este es el único momento del día en que coincidimos todos los miembros de la familia lo aprovechamos para ver juntos los programas o películas favoritas», dice.

Sin embargo, para el núcleo familiar de Armando López, las cosas no funcionan ni así: «En casa todos comemos a horas distintas y cada uno donde mejor le parezca. ¿Para qué poner la mesa? Si muy pocas son las veces que logramos estar todos al mismo tiempo».

La misma situación en el desuso de este mueble se evidencia con el de las vajillas, cuya función ha ido cambiando bruscamente hasta quedar reducido a mero objeto decorativo que se cuida con recelo en las casas por ser la herencia o hasta el tesoro mejor custodiado de alguna abuela o tía.

«Desde que era pequeña recuerdo un enorme aparador que, cerrado incluso con llave, guardaba toda una colección de hermosas copas y vajillas –agrega Sandra-, pero no encuento en mi memoria ningún momento en que los hayamos usado. Creo que siempre han estado en el mismo lugar».

En la casa de Luisa Gutiérrez, de 25 años, «la vajilla de la abuela sí se saca del clóset, pero solo en ocasiones especiales, y ni aun así se usa completa. A veces pienso que de tan poco uso, incluso sus dueños han olvidado para que sirven».

En busca de soluciones

Precisamente con el fin de rescatar lo perdido, muchos niveles de enseñanza trabajan arduamente por la reinserción dentro de sus planes de estudio de asignaturas antes básicas y de un tiempo para acá esfumadas, que tributen a la formación integral de los estudiantes en cuestiones como las buenas maneras.

Además, y a la par con estas reformas y las campañas publicitarias lanzadas por el gobierno a favor de cambios en la conducta social de los ciudadanos, centros como la EAEHT prepara a los futuros gastronómicos y personal de servicio en general que no solo contribuirán a crear un cambio de mentalidad entre las personas sino a trabajar por el mantenimiento de estos logros.

Queda en manos de los ciudadanos velar por una educación que fomente las buenas prácticas y rescate los valores perdidos.

Tipo de reportaje: Estándar.



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