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DE NIÑA A MUJER

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WENDY GARCÍA MARQUETTI,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere
debajo del sol tiene su hora (Eclesiastés 3:1)

Es sábado en la noche e intento ver la televisión cuando la escucho gritarle a las más grandes “¡Estoy lista!” La conozco desde que tiene tres años y solo jugó a las casitas hasta que yo dejé de hacerlo. Cambió muñecas por zapatos de salir a una velocidad impresionante y se siente importante cada vez que una de sus amigas le recuerda que con “quince años tuviste un amante”.

El fenómeno denominado popularmente como “quema de etapas” comienza a documentarse a nivel mundial desde el siglo XX. La  situación no solo afecta a Cuba, ocurre en su mayoría en los países donde los niños se ven obligados a trabajar desde edades tempranas, a diferencia de la Isla donde ocurre por motivos no justificados.

Los estudios psicológicos y médicos prueban que las nenas se desarrollan física y mentalmente, por lo general, antes que los chicos, pero en el caso de la guerra de etapas se presenta una diferencia abismal. Según los sociólogos cubanos, existen en nuestro país varios factores que condicionan dicha realidad: la crianza descuidada por los progenitores, la influencia de costumbres foráneas, e incluso, las canciones que se escuchan.    

Muchos de los padres no pretenden que esto ocurra, pero carecen de tiempo para criar correctamente a los hijos debido a sus trabajos y, en algunos casos, no ven el problema en sí, conformando el entorno donde las más pequeñas encuentran el apoyo necesario en amigas mayores. Esto influye directamente en la forma en que las niñas piensan y viven la vida. Dicho factor es el que más afecta, y el que más preocupa, pues la familia tiene la labor de formar a los pequeños.

En un mundo globalizado, el tratar de imitar modelos extranjeros de vida atenta contra la niñez. El cine, la televisión y la música llaman a comportarse, vestirse y actuar como adultos, pero no en el sentido de la responsabilidad específicamente.

Los ritmos extranjeros no son los únicos responsables. Los temas nacionales invitan a actos sexuales y a obrar de una manera para nada infantil. No es un llamado a que no se permita esta música, sino a que la familia tenga conciencia del acceso que tienen sus hijos pequeños a determinados materiales.

Tan preocupantes son los factores como las consecuencias. Querer ser “grande” a temprana edad significa hacer cosas que hacen los mayores. La inexperiencia es, entonces, el peor enemigo. Varios maestros de algunos preuniversitarios de la provincia de Artemisa, denuncian que la interrupción de los estudios por estos motivos, o sin ninguno, se ha convertido en una moda, sobre todo si se cuenta con un novio que “te trata como una reina” y, supuestamente, “tengas tu vida resuelta”.

En Cuba, a pesar de los esfuerzos realizados, el Ministerio de Salud Pública registra un aumento del nivel de embarazos y casos por enfermedades de transmisión sexual en menores de edad cada año que pasa. Además, con solo pasear una noche por el Malecón habanero, vemos un incremento en las adolescentes en busca de un hombre que satisfaga sus necesidades económicas.

Los psicólogos declaran la disminución del Complejo de Peter Pan, o sea, de aquellas personas que no están dispuestas a crecer, y si bien no es bueno ninguno de los extremos, es muy preocupante que la situación siga yéndose de las manos.

Una diferencia de unos pocos años entre mi vecina y yo no ha impedido que ella se comporte y actúe como una persona mayor. Me entristece verla hoy, en los momentos en que se arrepiente y mira a las muñecas de su hija como si fueran las propias. No importa cuántos esfuerzos haga nuestra sociedad, historias así abundan y es momento de tomar al caballo por las riendas, porque comprar pañales o retrovirales, definitivamente, no es compatible con leer cuentos a la hora de dormir.



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