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VÁNDALOS EN CUBA

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MARIANA BAFFIL LEÓN,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Una actitud tan antigua como el vandalismo, cuyos orígenes se remontan a los siglos III y VIII, en los que el pueblo germano, conocido como vándalo, atacaba salvajemente al Imperio Romano, pareciera resurgir en la actualidad, cuando el único imperio afectado es la propia sociedad.

Durante las últimas dos décadas se ha evidenciado en nuestro país un ascenso en el número de actos de vandalismo, cuyos orígenes más detonantes están relacionados con el Período Especial y la pérdida de valores que este trajo consigo.
A diferencia de cómo piensan algunos, este fenómeno no es culpa de un sector determinado de la sociedad, sino de todos, pues es un mal que inquieta a la población en general y necesita soluciones que no perezcan en el intento.

Muchos relacionan este tipo de actitudes con robos en viviendas particulares, en centros laborales o violencia contra las personas, pero el concepto de vandalismo encierra toda conducta destructiva y falta de civilidad, pues, además de incluir los mencionados actos, también abarca la destrucción de monumentos, contenedores de basura, maltratos al transporte público e, incluso, la música estridente hasta altas horas de la madrugada. 

Uno de los factores más importantes que influyen en este tipo de práctica es la familia y su papel en la formación del individuo. ¿Acaso puede mediar el nivel económico que tengan los padres en los valores transmitidos a sus hijos? Por supuesto que no, si esas enseñanzas morales y espirituales vienen arraigadas desde edades tempranas, no pueden ser obviadas por aspectos tan circunstanciales.

Sin embargo, lo que vemos hoy en nuestra sociedad difiere un poco de ese planteamiento, pues muchos padres con una pésima situación monetaria, priorizan el interés de sus hijos por determinadas profesiones que quizás no sean las deseadas por ellos o a fin a sus cualidades, pero cumplen el requisito fundamental: aportan ingresos al hogar. Esto trae consigo un sentimiento de frustración que desemboca en manifestaciones de rebeldía, tanto en la casa como en la calle.

Un problema frecuente en las familias es que ven la escuela como la única encargada de formar al niño y, por tanto, la responsable de sus comportamientos. Esto no es correcto, pues si bien la escuela es la herramienta idónea para erigir el edificio indestructible de la buena educación, el hogar es el lugar perfecto para construir el mejor de los cimientos.

Según expresa la psicóloga española Verónica Villalba, en el sitio web Psicóloga Marbella y Málaga, “habitualmente, los actos vandálicos suelen realizarse en grupo, en el cual los integrantes acostumbran compartir un gran descontento por la ciudad en la que viven, por las leyes o el reglamento que se intenta implantar, por la insatisfacción que sienten con ellos mismos, o incluso pueden desempeñar actos delictivos como forma de celebración de un evento, con lo cual desarrollan un estilo de vida fuera de las normas sociales”.

El incurrir en este tipo de actividades también puede ser condicionado por maltratos hacia el individuo en la casa o fuera de ella, propiciando la falta de afectividad y el desequilibrio emocional, lo cual lo incita a protagonizar actos que demuestren su capacidad de liderazgo.

Viajar con vándalos

Aun cuando nuestro país ha hecho grandes inversiones para la compra de ómnibus, con el objetivo de mejorar el transporte urbano, ha tenido que erogar otros miles de dólares para repararlos, pues estos han sido blanco de disímiles actos vandálicos.

Y es que últimamente es preferible trasladarse a pie de un lugar a otro que montarse en una guagua, donde bien se pueden encontrar desperdicios en cada esquina, ralladuras en los laterales y asientos, cristales sucios, por los cuales casi es imposible mirar, o con actos de violencia que van desde palabras obscenas hasta, en el peor de los casos, peleas que ponen en peligro a los pasajeros.

Los daños causados por este tipo de indisciplinas sociales muestran falta de conciencia y cuidado hacia los logros alcanzados por el gobierno con el objetivo de beneficiar y mejorar la calidad de vida de la población.

El periodista Ricardo Ronquillo Bello, de Juventud Rebelde, valora este fenómeno como una problemática representativa de una sociedad que se agrede a sí misma, una expresión de la crisis que ha vivido la sociedad cubana en los últimos años, lo cual ha desembocado en una falta de valores morales, espirituales y éticos.

Destrucción en la ciudad

Pero los vándalos no afectan solamente las guaguas, sino que pueden encontrarse en cualquier esquina de la ciudad.

El robo de esculturas de valor histórico, así como la profanación de estas, es una representación de hasta qué punto llega la gravedad del asunto, pues ¿cuál podría ser el objetivo de una persona al apropiarse de una estatua o mancillarla con pinturas y colores, cuando su principal motivación es conservar la historia y ser disfrutada por los propios ciudadanos. Esto denota gran falta de cultura social o simplemente un acto innombrable.

Asimismo, la destrucción de la telefonía pública es un fenómeno que ya se ha hecho frecuente en las calles, donde se rompen, rallan y desactivan parcial o totalmente la red de servicios. Igual ocurre con parques y paradas, los cuales también son víctimas de estos actos, pues en ocasiones son confundidos con baños públicos y en otras, con el lugar perfecto para apropiarse de materiales como bancos, techos y de los propios aparatos infantiles.

Soluciones que no pueden demorar

Es evidente que con respecto al vandalismo existe una notable impunidad, pues las autoridades están actuando pasivamente para contrarrestarlo y el resto de la sociedad se limita a mirar, criticar, pero casi nunca a denunciar.

Sobre esta cuestión, la Doctora Aurora Vázquez Panela, profesora de la Facultad de Filosofía e Historia de la Universidad de La Habana, sugiere que es importante la utilización de los medios jurídicos, potenciar todos los mecanismos de desarrollo económico-social que podamos y llevar a cabo los proyectos comunitarios con presencia institucional y de asociación.

Mientras, el periodista Randy Alonso en uno de los espacios de la Mesa Redonda relacionado con este tema, manifestó que "lejos estamos de la epidemia de vandalismo y violencia que afecta a las sociedades capitalistas basadas en la filosofía del consumo, pero una sociedad que aspira a ser más humana y más culta no puede dar lugar al más mínimo espacio a la indisciplina y las ilegalidades".

La población debe comenzar por respetar y cuidar su entorno social y no esperar que sean solamente las autoridades quienes se encarguen de mantener la tranquilidad ciudadana, pues  si bien es cierto que estas tienen las herramientas necesarias para sancionar lo mal hecho, tampoco debemos olvidar que si la familia, la escuela y toda la sociedad contribuye en la formación desde edades tempranas y a lo largo de toda la vida, no corremos el riesgo de enfrentarlos, ni de convertirnos en el nuevo pueblo vándalo.



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