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CRÍTICA A LA CRÍTICA

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WENDY GARCÍA MARQUETTI,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Cualquier programación televisiva aspira a que el público la siga. Los índices de audiencia son medidos con el objetivo de determinar la aceptación ante los programas emitidos y, sobre la base de ello, preparar una parrilla de productos que satisfaga a toda la población.

Al analizar dichos índices es fácil notar que cada país cuenta con al menos un programa que atrapa a la audiencia y, el nuestro, no es la excepción. Estados Unidos tiene Saturday Night Live, España tuvo Aquí no hay quién viva y hoy cuenta con Aida, y los cubanos disfrutamos de Vivir del cuento.

El programa humorístico comenzó a emitirse en el año 2008. En sus inicios siguió la línea de Los amigos de Pepito, presentar una competencia de humoristas aficionados, que durante los tiempos entre participante y participante tocaba situaciones de la sociedad cubana actual. Luego de seis años en transmisión, ha devenido en un espacio de comedia de situación a tiempo completo.

El público cubano y la crítica coinciden en que el programa solo tiene aciertos y lo expresan en los comentarios emitidos en los medios de comunicación. Este éxito está basado en la excelente factura de un proyecto que desde sus inicios defiende una forma de crítica de la sociedad: la crítica constructiva.

Una dirección aceptada, un guión a la altura de las expectativas del televidente y actuaciones admirables son los ingredientes utilizados para mantener al público delante del televisor durante 27 minutos.

El programa ha tenido varios guionistas, como es el caso de Nwito o el propio Luis Silva, pero todos con la misma línea de trabajo. Esta constancia es algo que atrae. Además, cada actor o implicado en la producción puede hacer sus aportes. Lo importante es poder mostrar una arista de la realidad cubana de nuestro tiempo desde una perspectiva diferente.

Las actuaciones son uno de los apartados más destacados. Luis Silva, Mario Sardiñas y Andy Vázquez en los papeles de Pánfilo, Chequera y Facundo, en ese orden, constituyen las interpretaciones más queridas y mejores desarrolladas. También participan otros actores invitados, así como los que alguna vez fueron participantes en el programa.

Luis Silva logra extrapolar a la pantalla la situación cubana actual y lo hace desde un punto de vista humorístico que no afecta a nadie porque es una realidad que todos vivimos. Desde la lectura de noticias verdaderas e importantes que se publican en el periódico Granma hasta el viaje de “trabajo” del gerente que lo llevó a los asientos de un estadio brasileño de fútbol en pleno Mundial, nada escapa a su análisis, ese que puede hacer cualquier ciudadano cubano consciente.

Lo más importante es que Pánfilo no analiza cualquier situación, opta por centrarse en esos problemas que de verdad preocupan. La falta de papa o papel sanitario, el trabajo por cuenta propia o los negocios ilegales son las situaciones más mencionadas en los últimos tiempos. 

La buena utilización de estudios y exteriores al filmar, la naturalidad de las actuaciones y la actualidad del programa son elementos que juegan a su favor. La escenografía se une a esta mezcla y es casi imposible olvidar la imagen de la libreta de abastecimiento que tanta polémica causa, pero que en este caso solo arranca risas.

Que el pueblo se sienta identificado es el gancho que hace de este programa el favorito de la familia cubana. Una crítica inteligente y una buena factura unidas al mejor humor criollo son las clave para obtener un producto de calidad, ese que esperamos cada lunes luego del Noticiero Nacional de la Televisión Cubana por Cubavisión. ¿Tan difícil resulta entonces repetir la fórmula de la calidad que hace indispensable a Vivir del cuento?



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