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ME NIEGO

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Una mirada a los métodos de enseñanza de la historia

EDUARDO PÉREZ OTAÑO,
estudiante de tercer año de Comunicación Social,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Recurrente se ha vuelto por estos días, quizás de forma casual, el tema de la historia y, sobre todo, las formas y métodos que empleamos para adueñarnos de sus misterios. No cabe duda de la necesidad urgente de formar valores y el estudio de las épocas precedentes desempeña un rol imprescindible. Pero una pregunta se impone: ¿Cómo?

Imposible no hablar de la experiencia personal de quien escribe estas líneas. Pasan frente a mí aquellos lejanos días de la primaria cuando para las pruebas aprendía largas biografías de memoria o valoraciones completas.

Luego recuerdo claramente los días de secundaria, tratando de acertar uno de los incisos donde debía marcar con una cruz, ¡una simple cruz!, la fecha del hecho o el nombre del héroe que protagonizó tan gloriosa acción. Y cuando el conocimiento no puede, el azar sí.

Más tarde el pre y las inmensas cronologías, aunque como nos exigía la profesora, ¡explicadas!, pero al fin y al cabo una retahíla de hechos, nombres y fechas de poca importancia por su significado en sí, aunque imprescindibles para mis buenas notas.

Mas ahora me compadezco de mí. ¿La razón? De nada vale saberse la historia de memoria, no importa cuántas biografías conozcas. No significa más patriotismo o identificación. No son más que fragmentos sin sentido reproducidos como robot que al parecer no requieren ser razonados.

Ante mí se levanta Martí, nacido en… y muerto en… sí, sí, ya todos nos aprendimos eso. Pero, ¿y lo demás? ¿O es que acaso bastan estas minucias?

Veo ahora el asalto al cuartel Moncada, hecho glorioso, trascendente, muy importante… por supuesto, ¿y lo demás?

Frente a mis ojos se alza la imponente figura del Che Guevara reducida a simples objetos de valor comercial, vendidos en cualquier esquina. Sin embargo, lo que he aprendido de él no logra traspasar esa barrera rígida, la de hombre perfecto y por momentos deshumano, hasta increíble.

Me niego. Categóricamente lo digo. Renuncio a reproducir como un robot pedazos de la historia. Quiero descubrir a mi Martí, hombre de carne y hueso, de necesidades y urgencias, de fortalezas y debilidades, de abundancias y carencias. Al fin, un hombre como los otros, y todo sin dejar de ser Martí.

Me niego a reducir el Moncada a la cantidad de muertos, a la fecha, la hora o su trascendencia. Prefiero descubrir qué había detrás de aquellos hombres que se aventuraron con Fidel aquella mañana de la Santa Ana.

Necesito de un Ernestico o un Che, como prefiera, pintado tan naturalmente por Aleida March en sus anécdotas o reflejado en las sentidas cartas a sus hijos y madre. De un Guevara genial, pero mortal como usted y yo, sin dejar de ser genial.

Prefiero creer que nuestro pasado es más que una simple cronología. Renuncio a esquemas fríos, de esos que cuando pasan unos años todos olvidamos.

Preferiría conocer también la historia de gente común, de esos que soportan sobre sus hombros la carga de una época. Esos que los entendidos han dado en llamar héroes anónimos, pero ¿qué seríamos sin ellos?

¿Qué hubiese sido de Céspedes sin sus esclavos aquel 10 de octubre? ¿Qué habría sido de  Maceo sin sus soldados? ¿Qué habría sido de Martí sin sus tabaqueros? ¿Qué habría sido de Mella sin sus estudiantes o de Fidel sin los expedicionarios? De esos también quiero saber.

Me niego a ver en Mariana solo a una mujer templada o en Vicente García a un simple patriota o sedicioso según se lea, o en Estrada Palma a un traidor. Hay más. Detrás de un héroe hay un hombre de “carne y hueso”.

Quiero descubrir por mí mismo nuestra historia, la de esta Cuba, que también es mía.

Mas en este minuto solo pido que me den los medios para lograrlo.

¿Alguien podría?

 



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