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BOLETO DE REGRESO A LA HISTORIA

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Eligio Eloy Valle Miranda ofrece sus vivencias en las acciones de Playa Girón, esta vez, desde la casona de la Asociación de Combatientes del municipio artemiseño de Güira de Melena.

Texto y fotos: 
YAIMA MALAGÒN FRANCHI-ALFARO,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Desde mi graduación en el preuniversitario no nos veíamos. A este hombre que tiene ya 77 años, cumplidos el pasado 1 de diciembre de 2014, le conocí cuando cursaba el noveno grado en la secundaria básica, en charla por el aniversario 50 de los sucesos en Playa Girón. Hablo de Eligio Eloy Valle Miranda, hijo de Alejandro Valle y Ángela Miranda, residentes en el municipio artemiseño de Güira de Melena.

Este guerrillero de la vida gana el sustento para la familia trabajando como albañil por cuenta propia, pero sin descuidar sus responsabilidades de Secretario del Frente Patriótico Militar e Internacionalista de la Asociación de Combatientes en el municipio güireño.

La ansiedad representaba el denominador común de ambos. Me hacía ilusión conocer de su niñez, pero no voy a mentir: lo que en realidad deseaba era volver a escuchar las anécdotas de cuando fue a combatir a Girón, esta vez no como estudiante vestida de amarillo o azul, sino como la periodista encargada de registrar la historia de Valle en forma de entrevista, para revivir este pedazo de sabiduría y sueños que, a veces, muchos olvidan.

Sin hacer cálculos de tiempo, con la voz entrecortada y nerviosa, no dejó que le terminara de “lanzar” la primera interrogante sobre sus raíces.

“La infancia fue bastante dura, porque figúrate, de la raza negra y  nacido en el capitalismo, en 1937… Mi madre era despalilladora de tabaco y mi padre, tabaquero. Resultaba extraño que ellos tuvieran trabajo, casi siempre escaseaba el cultivo y había muchos trabajadores, por lo cual mi mamá tuvo que colocarse como doméstica en una casa particular, donde le pagaban de 7 a 12 pesos al mes cuando no podía despalillar”.

-¿Tuvo usted hermanos?

Nosotros somos cinco, tres varones y dos hembras. Sustentar a la familia era muy difícil y mi hermano Miguel iba a recoger tabaco los fines de año. Sí, los fines de año, porque en aquel entonces este cultivo y la papa se envasaban en diciembre; diferente de ahora, que se colectan en los primeros meses. Así nosotros fuimos saliendo adelante.

Al producirse el Golpe de Estado de Batista, el 10 de marzo del 52, yo estaba en sexto grado y Miguel en quinto. Tuve que dejar la escuela para ayudar con el sostén de la familia. En esas circunstancias aprendí a cocinar y otros quehaceres domésticos. Mi hermano, como era más avispado, pues siguió estudiando en la secundaria.

Un tiempo después, mis padres le hablaron a un maestro de obra y albañilería para que me enseñara el oficio, me gustó y empecé con ese señor. Pasó un largo período y quedé convertido en albañil, de lo que vivo actualmente. Reparábamos escuelas, yo con 14 ó 15 años en una brigada de trabajo y el contratista, calificado de sargento político, estaba relacionado con senadores y representantes del Estado, quienes le daban las sobras para resarcir instituciones educacionales.

-Su actividad revolucionaria…

Tiene que ver con un compañero llamado Jorge de la Nuez Suárez, Pipo, quien después resultaría víctima del atentado al avión de Barbados. Él estaba en una logia y laboraba como albañil. Un día me preguntó si quería entrar en ella y le dije: “¿Qué hago yo en una logia? Yo no sé nada de eso. Dicen que para entrar ahí es tremendo”. Pero insistió y acepté.

Así ingresé en la logia masónica Asociación de Jóvenes Esperanza de la Fraternidad (AJEF) Felipe Poey. Entré con Pipo y empezamos a construir unas relaciones muy hermosas, de hermanos, de camaradería inmensas. Cuando salíamos de la AJEF era otra la cosa. En ese lugar nosotros no hacíamos nada, jamás hablamos de política. Ahora bien, cuando salíamos, nos íbamos al parque para confeccionar alcayatas, que eran de esas puntillas curvas utilizadas en las cercas; las cuales regábamos por las calles, repartíamos la carta semanal de actividades revolucionarias, entre otras acciones.

-¿Cómo y cuándo nace

el Batallón (BON) 180?

Al triunfo revolucionario, en casa todo el mundo era comunista. En la creación de los Comités de Defensa de la Revolución mi mamá salió presidenta de la cuadra, yo cogí también el cargo de vigilancia y mi papá, en el Comité de Defensa, que en representación de la masa era un grupo selecto.

Todos estuvimos en la concentración del Palacio Presidencial, donde Fidel planteó, el 26 de octubre del 59, la creación de las Milicias Nacionales Revolucionarias. Cuando regresamos a Güira nos inscribimos. En ese entonces estaban regadas, no tenían nombre, pero en agosto del 60 se fundó, en el terreno de pelota, el Batallón 180. A cada BON le asignaban un número según se iban constituyendo y a nosotros correspondió el 180.

-¿Y las responsabilidades

dentro de las milicias?

Miguel era jefe de la segunda compañía y yo estaba en una que le decían Pelotón de Apoyo. No era tan pícaro ni tan vivo como mi hermano, quien enseguida cogió cargo. Pipo presidía la primera compañía. Unidos por la misma causa empezamos a movilizarnos y a entrar en las cuestiones de la defensa.

Cuando el diálogo se tornaba más interesante, interrumpe Eddy, compañero de trabajo, en busca de unas planillas de las que no pude ver el contenido. Valle suspira y la conversación se detiene varios segundos.

Me cuenta del 15 de abril de 1961, del bombardeo a los aeropuertos de San Antonio de los Baños, Ciudad Libertad y Santiago de Cuba. También se refiere al día 16, habla del entierro de las víctimas de esta acción y de la proclamación del carácter socialista de la Revolución, “porque decían que éramos socialistas, pero mentira, esto era una Revolución hecha por el Comandante. Socialista fue a partir de esa fecha, no antes. Había un dichito: ‘Somos socialistas palante y palante, y al que no le guste que tome purgante’.

“El día 17 nos movilizaron. Montamos los camiones en el parque para ir para el combate. Ya se estaba peleando en Playa Larga y en Girón. Aquí sucedió algo curioso. Frente a los Caballitos, donde estaba antes el Ayuntamiento, mi mamá fue apodada por Vázquez,  el Jefe de Operaciones, “La Mariana Grajales de Güira de Melena”, porque estábamos todos; sus tres hijos y su esposo, que íbamos para allá, aunque ella se había separado del viejo mío y tenía otro compañero llamado Manuel, también miliciano y nos acompañaba. Allí no hubo una mujer que llorara, ni una sola lágrima hubo.

“Cuando llegamos a Jovellanos y posteriormente al central Australia en horas de la noche, nos dieron la orden de que teníamos que tomar Playa Larga. Muy cerca pasaban camiones y ambulancias, gente herida con la barriga afuera, brazos y cabezas partidos, echando sangre. Aquello era lo más grande de la vida. Había un camionero que cuando salimos dijo que no iba para allá porque le iban a quitar el camión. Entramos a Playa Larga como a las 10 de la mañana, tomamos nuestro objetivo y nos quedamos atrincherados allí”.

-Al presenciar la situación,

se cuestionó alguna vez

¿qué hago yo aquí?

Imagínate, tú sabes cómo se pone la calle con chapapote, que los pies se te pegan y no puedes caminar. Bueno, así nos pasaba a nosotros, no había asfalto, era la sangre derramada de las víctimas: mujeres y niños desnudos, tendidos en la arena. Cuando el chofer del camión vio aquello, enseguida se dirigió a Vázquez y le pidió un fusil aturdido por la idea de que si los mercenarios  iban para Güira acabarían con las familias y con todo el pueblo. Estábamos erizados al ver tanta sangre, no vivíamos adaptados a ese tipo de situaciones. A mí me designaron como segundo al mando de la compañía y al llegar a Girón hirieron al jefe y a unos cuantos compañeros, entre ellos al alquizareño Pedro Rodríguez Santana y quedé al frente del combate.

-De albañil a líder de batalla,

¿su inexperiencia como

influyó en ese momento?

Yo estaba loco, no sabía nada y temeroso por ver a tanta gente muerta. Sin embargo, al recordar lo dicho por el chofer del camión sobre la posibilidad de que esto mismo ocurriera en Güira con mi familia -la mujer ya estaba en embarazada de mi  hijo Iván-, pues me llené de fuerzas y de un ánimo increíble  para seguir adelante.

Parece el día de las interrupciones. Obstaculiza la conversación Pedro, otro colega de trabajo. Valle me presenta y el hombre dice: “¡Ah!, !Periodista!! Esa es la gente que con la pluma son…”. Sutilmente el entrevistado le dice: “Arriba, arriba, que están grabando”. Se dirige a mí y apunta: “Volvemos a la carga”.

Le tomo unas fotografías mientras sugiere el libro El Batallón 180 en el frente oeste, de Francisco Pérez Guzmán, historiador cubano, en el cual aparecen testimonios sobre el combate de abril de 1961. En las oficinas colindantes se oyen unas conversaciones. Sus ojos brillantes reflejan el pasaje que nunca olvidará de la acción revolucionaria:

“Se corrió la noticia de que yo había caído en el combate y mi padre se le escapó a Miguel  para saber detalles. Sentí un ruido en el puesto de mando que había construido dentro del mangle allá en Girón, me viré de pronto y vi a papá parado detrás de mí. Al advertirlo se me salieron las lágrimas y a él igual. No pude ir a su encuentro, temblaban mis pies. Nos miramos nada más y se mandó a correr”.

-¿Qué pasó con sus estudios?

Volví a recuperarlos. Repetí el sexto grado, cursé la secundaria, el pre y fui a la Universidad. En el año 1984 me gradué de Licenciado en Ciencias Sociales. También hice postgrados de dirección científica de la sociedad, los cuales aprobé sin dificultad y aquí estoy, en la Asociación de Combatientes de Güira de Melena desde el 5 de septiembre de 1993.

Chocando sus dedos contra el buró, donde guarda cuidadosamente, debajo de un cristal, la foto que nos tomamos en mi graduación de 12 grado y con la mirada encendida por los recuerdos, expresa: “Nosotros pusimos nuestro granito de arena y me siento satisfecho, contento de haber aportado ese poquito a la Revolución, por eso es que voy tanto a las escuelas a explicarle a la juventud qué es lo que está pasando y a contarles anécdotas de aquellos días inmortales para los güireños y cubanos todos, porque no se podrá borrar de la historia tanta gloria”.

Pie de foto: Valle, con sus anécdotas, brinda una lección de supervivencia y sobre la posibilidad de vencer temores.

 



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