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UNA FILOSOFÍA DE VIDA

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La obra Abracadabra en inglés es una de las propuestas de la compañía de teatro infantil La Colmenita para celebrar sus 25 años de quehacer artístico.

NÁYARE MENOYO FLORIÁN,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

En la calle 13, entre F y G, hay una casa prodigiosa. Los que tienen el privilegio de pasar por allí  me imagino se contagien con la buena vibra, porque tanta humildad, tanta fe en el bien, en la vida futura y en la utilidad de la virtud, como diría nuestro José Martí y tantas ganas de soñar contagian de esperanza hasta a los más escépticos.

Esa es la casa de La Colmenita de Cuba, un proyecto surgido a finales del siglo pasado con el propósito de hacer arte de manera diferente. Carlos Alberto Cremata es, desde entonces, el timonel de ese barco que ha navegado por todo el territorio nacional tras desastres climatológicos, por las Naciones Unidas esparciendo nuestro mensaje de paz, por el globo terráqueo sensibilizando y divulgando la situación de nuestros Cinco Héroes. La compañía está próxima a cumplir 25 años, tomando como pretexto su aniversario me llego hasta su rincón para conversar con papá Tin sobre los secretos que guarda el panal.

Sentada frente a pinturas de Tony Guerrero espero a mi entrevistado, quien tiene una pelea encarnizada vía teléfono. Me recibió con sonrisa y poco formal. Lanzo mi primera interrogante. Tin tiene tanto que contar y yo tanto que oír que podríamos hablar toda una semana. “Sí, estamos arreglando una función en inglés de Abracadabra para poder mostrársela a los visitantes que hablan ese idioma, unido a ello nos preparamos para animar el Festival Cantándole al Sol.

“No hay una edad específica para ingresar a La Colmenita. Hemos tenido niños desde los 2 años de edad, incluso de meses. A diferencia de las escuelas de arte del país, nosotros no formamos  artistas, aquí el arte  nos sirve de móvil para un propósito mayor, no se trata de si tengo aptitudes dónde me presento. Lo más importante  está en  enseñar una filosofía de vida. Tenemos como premisa fundamental la prédica martiana: Los niños deberían juntarse al menos una vez por semana para ver a quién pueden hacerle algún bien.

“La mayor satisfacción fue hacer de esto un proyecto de vida, hacer el bien es el mega fin. Imagínate que nosotros nos reunimos en círculo para contar el bien que hicimos durante la semana. No se trata de ayudar a una ancianita a cruzar la calle, ni darle el asiento a una embarazada, eso está muy bien, pero ese es el bien hecho al azar, se trata de salir a buscar porque se siente la necesidad, cuando eso ocurre, cuando hacemos el bien de manera consiente, estamos actuando con esencia martiana. El taller más importante de la Colmenita se llama Crecer con Martí, y ese es su objetivo fundamental”.

-Entonces, la pregunta que

todos se hacen, ¿qué hacer

para formar parte?

El problema mayor se llama espacio. El niño juega al teatro y la danza, yo solo le pido despliegue de energía y que gocen lo que están haciendo. El grupo es una cosa familiar, como se formaron los Beatles, unos muchachos que se unieron para hacer música, nadie los convocó ni les hicieron una prueba. Un colectivo artístico para mí siempre consiste en un grupo de personas unidas alrededor de la filosofía y la estética de un líder. La Colmenita le pertenece a todos los niños. ¿Lo más importante? tiene que ser el espacio para que el niño juegue, se ponen el nombre porque les gusta, pero se puede llamar parque de diversiones.

-¿Cómo son las relaciones de la

colmena con la dirección del país?

Tenemos magníficas relaciones con la dirección del país, nos hemos ido ganando la confianza poco a poco, en primer lugar disfrutan de la seguridad de que el equipo de adultos no manipula a los niños, les inculca comportarse como un buen patriota, un buen escolar, un buen miembro de familia, son ellos los que nos han otorgado esa confianza, en el último Congreso del Partido Comunista de Cuba se pusieron cinco símbolos de la Revolución, el quinto fue La Colmenita, yo sé que eso es muy exagerado y nosotros para nada nos creemos eso, pro fue así.

-¿Considera entonces que eso influye en

la gran promoción y divulgación de la

compañía, porque hay otros proyectos

muy buenos con poco apoyo

gubernamental, por no decir ninguno?

En una Casa de Cultura está al frente una persona que le pagan un salario. La Colmenita estuvo ocho años sin salario, nosotros enfrentamos la divulgación de manera diferente, no tenemos divulgador, aquí divulgadores somos todos, un juego colectivo, todo el mundo juega a la divulgación, si lo vemos como los aburridos adultos que tienen un divulgador, que le pagan, no funciona igual. Muchas compañías buenísimas no entienden que con los niños todo tiene que ser mediante el juego. Coincido en que hay grupos extraordinarios, que no se conocen, con mucho talento e inventivas.

-Sería imperdonable no

hablar de la relación que han

cultivado con los 5 Héroes.

Mi padre fue víctima del avión de Barbados (atentado terrorista que costó la vida a la tripulación cubana procedente de un evento deportivo), entonces yo siempre le agradezco a los 5 que los padres de los niños de La Colmenita estén vivos, cualquier cubano pudo pasar por un hotel de La Habana en el momento en que explotara una bomba. A partir de eso, decidimos crear una obra de teatro que tuviera que ver con esto, montamos la obra, fuimos a Estados Unidos y Gerardo nos organizó desde la prisión que los 5 hablaran con nosotros uno detrás del otro: Cuando estuvimos en Washington cada día hablamos con uno de los 5, nos reíamos, hacíamos chistes, Gerardo hablo siete veces con nosotros, René nos visitó donde nos estábamos quedando.

Oír su voz nos recordó que  son seres humanos comunes. Ramón no se cansó de hacer chistes, Tony es un amor, Fernando, muy humilde, sencillo, René es el entusiasmo mismo, Gerardo es el jaranero por excelencia. Esos son nuestros héroes. Después de la gira el contacto con ellos y sus familiares se ha mantenido y fortalecido.

Pie de foto: Presentación de la obra Meñique en el Festival Leo Brauwer.



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