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UN ABRAZO INFINITO

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YUNIEL LABACENA ROMERO,
estudiante de tercer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Hay días en que te recuerdo, es cierto, como también es verdad que nunca pude darte un apretón de manos, ni besarte, ni encontrarte al llegar a casa, ni sentir ese calor paterno. No ha hecho falta, como decía la poeta Anne Sexton, “no importa quién fue mi padre. Lo importante es quién recuerdo yo quién fuese”.

Bienaventurado quien ha tenido la fortuna de estar junto a ese ser querido durante toda la vida, y dichoso el que lo tuvo poco tiempo, pero lo disfrutó con intensidad. Doloroso haber crecido sin ese abrigo protector por circunstancias del destino, pero esos también advierten el placer de compartir el homenaje a los padres en su día.

Cuando este junio el almanaque volvió a señalar la fecha del tercer domingo, recordé a todos esos que han demostrado que la paternidad es un regalo divino de la vida que colma las expectativas de cualquier hombre, una satisfacción indescriptible capaz de superar en magnitud a otros éxitos personales o profesionales.

Y aunque las distancias nos separen les puedo asegurar que papá siempre está ahí. Aplaudiendo cada uno de nuestros logros y sufriendo los sinsabores que la existencia nos imponga, como perenne consejero ayudando a discernir entre el bien y el mal.

Abiertos también están sus brazos, y sus ojos sensibles se endurecen cuando se necesita una lección. Ahí está papá como celoso guardián de nuestros pasos, cultivando nuestra inteligencia, mostrando el sendero de un porvenir luminoso y enseñándonos a vivir en el reino de la sinceridad.

Y aunque pudiera aparentar ser severo, tosco…, esa imagen se pierde ante la pureza y dulzura internas. Por ello es en vano la amenaza de “prepárate cuando venga tu papá”.  Él escuchará las quejas con supuesto disgusto, pero recordará su infancia y se dirá: “Es tan inquieto como yo cuando tenía su edad”.

Por eso, papá siempre está ahí a pesar de las diferencias y del tiempo. Gracias por “ese blando consejo, plática amiga, suave regalo, tierno reproche”. Gracias por ser ante todo hombre con corazón, por ser amigo y confidente. Gracias por tu hombro y tus manos firmes, por ese amor en silencio que bien has dado.

 



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