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RAZONES PARA LUCHAR Y VENCER

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IRIS DE LA CRUZ SABORIT,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Cada cinco años la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC) celebra su congreso, al que asisten militantes de todas las provincias del país para discutir sobre los problemas de la organización, así como posibles soluciones. En julio venidero se realizará el décimo, pero, ¿será este encuentro igual a los anteriores?

La respuesta es negativa. Bastaría recordar el histórico 17 de diciembre del pasado año (2014), en el que los presidentes de Cuba y Estados Unidos, Raúl Castro y Barack Obama, anunciaron el restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre ambos países, hecho que marcó el retorno a la Patria de los luchadores antiterroristas Gerardo Hernández, Ramón Labañino y Antonio Guerrero.

Los jóvenes cubanos se han caracterizado siempre por defender el legado y valores éticos de nuestros mártires, pero no es secreto que hace algún tiempo la UJC, vanguardia de la Revolución, ha caído en un bache monótono, quiero decir, repite las mismas gastadas consignas que hoy pierden importancia cuando no hay respuestas ante los problemas que asamblea tras asamblea, año tras año, plantean los militantes en sus respectivas organizaciones de base.

Iramís Pérez, joven estudiante universitario, expresó que “sería útil al calor de este congreso un recuento histórico crítico de la UJC, breves análisis sobre la democracia interna, el crecimiento, la falta de creatividad, el burocratismo, el sectarismo, el distanciamiento entre la dirección y las masas, y todos los otros problemas que afectan el funcionamiento de la UJC, y hacen que pierda convocatoria y no pueda en efecto cumplir su misión de educar en el socialismo y el comunismo”.

Y es en ese momento que me pregunto, no siendo militante: ¿qué se hace con las propuestas de cada comité de base?

En el documento que se analiza previo al evento, se expone como solución a algunos de los problemas funcionales de la Juventud, el identificar desde la secundaria a futuros posibles militantes, aquellos alumnos con mayor participación en las actividades político-culturales y excelentes resultados académicos, ¿y los no “integrales” y tengan vocación y deseos de pertenecer a la UJC?

Para ellos debería existir la posibilidad, y a los que la tienen por su integralidad no otorgársela como mero reconocimiento a sus buenos resultados, sino por la convicción de asumir un puesto de vanguardia para enfrentar los retos que afronta el país.

Sí considero que la Juventud ha cumplido con su rol de elevar el nivel ideológico, fomentar en la nueva generación el amor por nuestra historia y el deseo de cumplir con el deber, siempre y cuando no se haga con el mismo “teque”, sino con mensajes más atractivos y acordes con estos tiempos.

Las expectativas son precisas: mejorar en cada aspecto que entorpezca el buen funcionamiento de la UJC para obtener los resultados anhelados porque, como expresó Fidel Castro en la clausura del IX Congreso: “Las razones para luchar y vencer se multiplican cada día”.



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