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LA CULPA, ¿DE QUIÉN?

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DACHELYS ALFONSO LEAL,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Esperaba encontrar en la noche del 28 de enero (2015) una Habana inundada de antorchas ardientes por las ideas de Martí. El fuego lo encontré homenajeando a nuestro Apóstol, pero también en un cesto plástico de basura de la calle 23, en el Vedado, luego de que a alguien se le ocurriera acallar las llamas de su tea en el interior del recolector de desechos.

El incidente lo vi yo, también una patrulla de policías que custodiaba en una esquina la seguridad de la marcha, y todos los que pasaban a su lado. Me quedé ahí, observando, buscando en los que me rodeaban alguna pista de preocupación, mas solo percibí indiferencia.

Días después, me encontré con otro cesto con huellas de quemaduras, estas leves, pues aún podía seguir dando su servicio. ¿Qué habrá ocurrido con este?, me pregunté, y con varias posibles respuestas seguí mi camino. Y así, en varias ocasiones, he encontrado estos recipientes públicos dañados, unos agrietados, otros sin tapas y a los que solo queda la barra metálica del soporte.  

Sin duda, muchas pueden ser las causas de estos “accidentes”, pero en cada uno de ellos saldrá a relucir la acción del hombre como el que los provoca, pero él no se percata de ello o no quiere hacerlo.

No obstante, cuando se trata de algún vertedero que molesta al barrio o de la basura acumulada porque no pasa el camión a recogerla, enseguida comenzamos a protestar y a exigirle a los Servicios Comunales la solución del problema.

Por supuesto, no estoy en contra de reclamar a las entidades encargadas de garantizar la correcta higienización de nuestras ciudades que cumplan su labor, pero, ¿qué ocurre cuando los responsables de infracciones somos nosotros y no nos exigimos?

Bien es cierto que varias de las tareas de Comunales no son cumplidas correctamente, o no son suficientes, o que el país no cuenta con abundantes recursos para garantizar todos los medios que se requieren en las comunidades cubanas para conservarlas limpias, pero a eso no se puede agregar la falta de escrúpulos de los ciudadanos que rompen los existentes. ¿Con qué derecho vamos a pedirle a otros la preservación y aumento de lo que nosotros destruimos o no somos capaces de cuidar? ¿Cómo vamos a reclamar limpieza si no contribuimos a mantenerla?

Se ha convertido en una moda hallar la culpa de lo mal hecho en entes, ya sea organismos estatales, centros de trabajo o la propia sociedad, de donde nos excluimos, y es que, ¿acaso no pertenecemos a este país, al pueblo cubano?

Gran énfasis se le ha dado a las palabras del compañero Raúl Castro en la más reciente sesión del Consejo de Ministros cuando dijo: “Lo que hacemos debe ser sometido constantemente a la crítica constructiva por parte de todos”. Muchos entenderán la expresión solo aludiendo a instituciones del país, mas no creo que se le pueda dar su justo valor si antes, cada uno, no la aplicamos a nuestro quehacer individual.



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