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CUBA VS. VIOLENCIA INFANTIL

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A 25 años de la Convención por los derechos del niño, la Doctora en Ciencias Psicológicas Aurora García Morey habla sobre la violencia infantil en Cuba.

Texto y fotos:
MARÍA CARLA O`CONNOR BARRIOS,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Para la Doctora en Ciencias Psicológicas Aurora García Morey,  “nadie escapa” a la violencia social en la Cuba de hoy. “Está presente en todas las esferas y sectores de la sociedad. Lo más terrible, es que algunas de sus manifestaciones están asimiladas como un estilo de vida debido al carácter patriarcal de la sociedad que se estableció desde los tiempos de la colonia”, dice la también catedrática de la Facultad de Psicología de la Universidad de La Habana y especialista laureada en estos temas, al  entrevistarla en ocasión del vigésimo quinto aniversario de la Convención por los derechos del niño, aprobada por la Asamblea General de las Naciones Unidas.

Ese instrumento de la ONU ha sido suscrito por 194 países, y Cuba estuvo entre los primeros en hacerlo, aunque mucho antes había aprobado documentos como el Código de la Niñez y la Juventud, y consagrado sus derechos en la Constitución de la Republica.

Sobre la manera que se manifiesta en la sociedad cubana la violencia infantil, expone sus ideas la doctora García Morey, autora de la multimedia ¿Qué dicen los dibujos?, donde recopila los resultados del trabajo realizado por más de treinta años con niñas y niños víctimas del abuso y el maltrato.

-¿Es la violencia otro mal que
ronda a la familia cubana?

“En nuestro país las manifestaciones de violencia infantil, así como los índices de víctimas son muy bajos en comparación con otras naciones de América Latina y el resto del mundo. En mi opinión, eso no nos puede llevar a negar la existencia de conductas abusivas hacia la infancia y la adolescencia.

“La familia, en sentido general, tiene naturalizada la violencia como un método educativo. Las más comunes son la verbal y/o psicológica, basadas en las comparaciones, las humillaciones y el chantaje. No hay una clara concepción de que el niño es muy propenso a sentirse humillado. Frases como “este no sirve para nada, fulanito es mejor que tú, qué inútil eres”, van en contra de su autoestima y de la concepción que tiene de sí mismo.

“También es frecuente la despreocupación de los padres en cuanto a las personas ajenas al núcleo familiar que influencian a los hijos, y las actividades que realizan fuera del hogar.  A veces esto origina la desviación del menor hacia una cultura de la marginalidad, una repetición de modelos de violencia e irrespeto que se proyectan de diversas formas: en el vocabulario, los modales, la forma de vestir, las actividades económicas que realizan, etcétera.

“Se están dando casos de abuso en los que los victimarios son los propios niños y adolescentes. Ya no solo hablamos del bullying escolar, donde los más fuertes arremeten física y psicológicamente a los más indefensos, también los están obligando a cometer actos delictivos como robar, acosar y hasta agredir sexualmente a otras personas”.

-Se han llevado a cabo
transformaciones económicas
en los últimos tiempos,
como la legalización del
cuentapropismo y la Ley
de Inversión Extranjera,
¿de qué forma ha incidido este
nuevo escenario en la
vida de las familias cubanas?

“Estos cambios han acentuado la desigualdad social. Las economías familiares son disímiles y, por tanto, el cubrimiento de las necesidades básicas de los niños no es igual. Se observa diariamente en la calle y en las escuelas. El hijo del dueño de una cafetería o del gerente de una firma, todos los meses se compra un par de tennis nuevos, mientras el hijo de la maestra tiene un solo par de zapatos escolares para el curso, sin mencionar el nivel de las meriendas o las marcas de las mochilas.

“O sea, se van creando ciertos imaginarios en los niños, que llevan a la ruptura con las normas morales y sociales. “¿Cómo es posible que el papá de Fulanito sea vendedor en un puesto del agro y gane más dinero que mi mamá que es jefa de investigaciones de un laboratorio?”. Esto violenta la percepción infantil de los modelos a seguir y provoca en no pocos casos que los infantes asuman “la lucha” como algo natural”.

-¿Qué trato se da a los casos
de abuso sexual en menores?

“Estos casos llegan por diferentes vías. Lo primero es realizarles todos los análisis médicos y sicológicos que se requieren, y después comienza la terapia. Está demostrado que por lo general, estas agresiones se producen dentro de su propio entorno, conclusión que salta por sí misma en los dibujos. El niño, sin proponérselo, “pinta” a su agresor.

“En caso de que no se haya efectuado la denuncia, se informa a las autoridades. La acción de un adulto de obligar al menor a ver sus genitales o a enseñarles los suyos, se llama ultraje. Si a esto se le suma algún tipo de contacto físico, se denomina lascivia y es severamente castigado por la ley.

“En estas cuestiones intervienen la Policía Nacional Revolucionaria (PNR), la Fiscalía General de la Republica, los Tribunales Populares, Organismos de la Administración Central del Estado y las distintas organizaciones de masas, con una política de tolerancia cero a estos abusos”.

-¿Existe conciencia de la
protección que brinda el
Estado para impedir
que la violencia prolifere?

“En nuestro país existe un valor que no se destaca lo suficiente: la seguridad. Estamos protegidos por un Estado que se preocupa por la vida segura del pueblo. Cuando una persona (ya sea niño, adolescente o adulto) sale a la calle, sabe que no la van a secuestrar, no la van a asesinar ni a desaparecer.

“No niego que hay aspectos de la vida cotidiana que podrían mejorarse para evitar que crezcan las condiciones que provocan la violencia. Vivir en paz es algo que no se paga con ningún dinero y es un valor que en Cuba está garantizado”.

Pie de fotos: 1-Aurora García Morey, catedrática de la Facultad de Psicología y autora de varias multimedias que recogen su trabajo de más de treinta años atendiendo a niños y adolescentes víctimas de la violencia. 2-Dibujo perteneciente a una víctima de abuso sexual infantil.

 



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