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JUGAR EN RED A LO CUBANO

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ALEJANDRA ANGULO ALONSO,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

¿El fin justifica los medios? Afirmativa parece ser la respuesta de los jóvenes cubanos que disfrutan de los videojuegos en red a través de  una vía alterna al internet.

No cabe duda, el acceso a internet constituye un problema de alto impacto en todas las esferas de la sociedad cubana. Solo el 26 por ciento de la población, según reporta la Oficina Nacional de Estadística e Información de Cuba (ONEI), son beneficiados con este servicio.

Si bien es cierto que el estado favorece el libre uso de internet en universidades, centros de investigación y otras instituciones estatales, el acceso público es limitado y con precios que resultan altos en comparación con el ingreso promedio de los ciudadanos. Sin embargo, la situación no impide la existencia de una “red callejera” que une a los amantes de los videojuegos.

Cables enredados, antenas enmascaradas y redes artesanales inundan  La Habana y forman parte del decorado barrial como actores silentes de la Street Net o Snet, entidad diseñada para mantener conectados a miles de jugadores con una infraestructura eficiente.

La Street Net cuenta con dispositivos de alta potencia para multiplicar la señal inalámbrica, como los NanoM2 que son comprados por sus integrantes en el mercado negro debido a la imposibilidad de adquirir estos insumos tecnológicos en  tiendas estatales.

Con varios estratos de responsabilidad y jerarquía, la red cuenta con una decena de administradores, generalmente anónimos, que admiten a las personas interesadas en pertenecer a esta improvisada élite de jugadores. 

Como cualquier comunidad, la Street Net está regulada por reglas que garantizan la supervivencia de la afición clandestina. No debatir temas  políticos o conectarse a centros estatales, forman parte de las normativas que aparecen en el organigrama de la página del sitio.

En la red, el entretenimiento estalla en adicción. De esta manera, la práctica en grupo se torna una opción más atractiva que el modo solitario de una persona contra su computadora.

El servicio es gratuito, aunque sus miembros costean una especie de contribución simbólica para mantener la red en uso cuando los equipos se rompen. Sin embargo, no se puede descartar la posibilidad de que este dinero recolectado enmascare algún tipo de actividad económica ilícita.

Este “invento cubano” para jugar en red también posibilita a sus  miembros compartir y descargar programas de televisión, series, películas y participar en foros de discusión temáticos. Pero la Street Net, en su intento de reemplazar a las formas usuales de conexión, trasgrede varios aspectos de la legislación cubana.

Resulta llamativa la existencia de una laguna legal en la que navega la “wifi habanera”.  Desde hace cinco años, la red se ha convertido en un secreto a voces que parece estar inmune a las normativas reguladoras del  espacio radioeléctrico.

Es plausible que los fanáticos de los videojuegos desarrollen su inventiva ante carencias y dificultades en su afán de integrarse a la era digital. Buscar alternativas para sustituir al internet, la cual debido a los precios y la inaccesibilidad, parece convertirse a medida que pasa el tiempo en una utopía, representa una necesidad, pero cuidado “gamers cubanos”, siempre ha tenido sus riesgos correr antes que caminar.



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