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COLA EN LOS TIEMPOS DE PAPAS

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DANIELA OLIVA VALDÉS,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Ese día todos se apresuraron para ser los primeros en alcanzar al ansiado tubérculo, esperado por tantos meses como lluvia en el desierto. Tiempo antes, cuando corrían los rumores de su regreso a las tarimas, ya entre la familia se fabulaban las posibles recetas. La llegada de la “santa papa” lograba agrupar más personas que una convocatoria de…

No faltaba nadie del núcleo familiar. Algunos llevaron hasta a la mascota para coger 20 libritas más. Tantos años de experiencia haciendo colas, que deberían ser meritorios de un título de “Licenciados en Paciencia” con “Postgrado en Coladera”, no sirvieron de nada cuando la “enardecida” muchedumbre avizoró el “trineo de Santa Claus” con la anhelada vianda.

Algunos ancianos empezaron a sacar los bastones, alegando en su defensa todo tipo de dolencias que le impedían hacer la cola. “Que muchacho más maleducado. Deberías respetar a los viejos, yo podría ser tu abuela. La verdad es que la juventud está perdida”, dijo acompañada de una larga lista de improperios, una octogenaria señora ante la queja de un chico por su atrevido “cuele”. La longeva pretendía persuadir a toda la fila que ese era su lugar.

Entonces todas las personas que estoicamente habían esperado su turno por horas bajo el sol que se empeñaba en derretirlos, comenzaron a acalorarse. Por suerte, la historia no acabó como la “fiesta del Guatao”. Una joven, de esas que la señora tanto criticaba, le cedió el turno con tal de acabar con el altercado en el agro.

Ciertas personas mayores creen haber ganado el derecho a ser groseros y descorteses por el simple hecho de ser más viejos. Igualmente, no hay que generalizar ni tachar de maleducados a todos los jóvenes por actitudes de algunos de ellos que sí carecen de cortesía.

“La juventudestá perdida” dicen algunos de nuestros ancianos, sin percatarse que no se trata de la edad, sino de los valores y la instrucción que se adquiere desde pequeños, independiente de la generación a la que pertenezcan. No es cuestión de juventud sino de educación. Bueno, pero eso es filosofía aparte. Lo importante es que la ansiada papa finalmente llegó a la mesa de los capitalinos. Ahora habrá que ver cuánto nos dura el alegrón.



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