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EL ALMA DE CUBA

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Carolina Rodríguez, La Patriota, merece por su labor revolucionaria el reconocimiento de los estudiantes cubanos.

LAURA MERCEDES GIRALDEZ COLLERA,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

“¿Quién sabe cuál es el alma cubana? Hay allá en un rincón de la Florida (...) una anciana de lo más puro de Las Villas que perdió en la guerra su gente y su hogar (...) Por la mañanita fría (…) sale a las calles, arrebujada en su mantón, (…) camino de su taller, (…) y se sienta, hasta que oscurece, a la mesa de trabajo. Esa es el alma de Cuba”. Así calificó José Martí a Carolina Rodríguez Suárez, destacada luchadora cubana por la independencia de su patria, sin embargo, mientras transitamos por al aniversario 115 de su muerte, su quehacer pasa inadvertido en el imaginario de la tierra por la cual entregó todo.

Carolina nació en Santa Clara el 25 de noviembre de 1826, y se incorporó a la lucha casi desde sus comienzos, donde se destacó por apoyar a las tropas del mayor general Carlos Roloff , y no aceptó la paz del Zanjón, por el contrario, redobló sus esfuerzos revolucionarios.

Por una cobarde delación fue deportada a Isla de Pinos; al terminar su tiempo en ese territorio partió al exilio, donde trabajó como despalilladora en las zonas de Tampa y Cayo Hueso, al sur de Estados Unidos.

En el Diccionario Biográfico Cubano, Fermín Peraza Sarausa acotó: “Carolina perdió en la guerra su apellido, porque en la emigración fue bautizada como La Patriota; y no podía haber título más sugestivo ni más envidiable  que darle a aquella mujer, envejecida en los arenales de La Florida, respetada y querida por todos, porque siempre estaba llevando el primer socorro al expatriado en la adversidad; era la primera en dar su parte al necesitado para satisfacer el hambre que lo consumía, y era también de las primeras en pedir para Cuba”.

“Carolina fundó en Estados Unidos el Club Díaz Marcano y además trabajó en diferentes manufacturas de tabaco, tomando de su sueldo lo indispensable para subsistir y entregando siempre el resto a los fondos revolucionarios”, aclaró el Doctor Antonio Álvarez Pitaluga, vicedecano de la Facultad de Historia, Filosofía y Sociología de la Universidad de La Habana.

La casa de La  Patriota sirvió al inicio de la Guerra Chiquita, de centro activo de conspiradores, y también guardó los fusiles de un grupo de hombres que se preparaban para la lucha. Por esa época, Carolina conoció al Apóstol y a pesar de la avanzada edad continuó colaborando con la causa cubana y comenzó a trabajar con él.

Enferma, y en miseria absoluta, regresó a su ciudad natal luego de terminar el dominio colonial español. Olvidada por todos y habiendo perdido su casa, murió sola el 2 de junio de 1899. 

Ana Ivis Torres, estudiante de duodécimo grado del Instituto Preuniversitario Vocacional de Ciencias Exactas Ernesto Guevara, de Villa Clara, reconoció que desconoce el trabajo de La Patriota como emigrada, debido a la escases de fuentes de información y a lo limitado del plan de estudio. “Es muy corto para tratar a todas las personalidades”, señaló.

Según la Revista Bohemia del 24 de febrero de 1950, el ayuntamiento de su ciudad natal, el 10 de junio de 1899, acordó  dar el nombre de Carolina Rodríguez a la calle denominada “Callejón del Carmen”, donde nació y volvió a residir la insigne cubana. 

Rubén Antonio Rodríguez Vicente y Adianez Bernazar Santiesteban, estudiantes de tercer año de la Facultad de Filosofía, Sociología e Historia, afirman no conocer la labor patriótica de Carolina Rodríguez. Aseguran que no es  una de las mujeres de las cuales aparezca su  biografía en los libros de historia, ni siquiera en el programa de la carrera.

La labor de las féminas durante la colonia no es analizada a profundidad. Ana Betancourt, Mariana Grajales, Amalia Simoni, María Cabrales y Manana son las mujeres que tienen el privilegio de ser objeto de estudio en los institutos escolares cubanos.

Francisca López Civeira, Profesora Titular de la Universidad de La Habana, señaló que para no hacer una sucesión de personalidades de la Historia de Cuba, a los estudiantes solo les imparten las biografías de las figuras más representativas, las que de manera natural el pueblo va construyendo como símbolo de la nación. “Este proceso puede llamarse selección natural de la historia”, aclaró.

Iraida Campos, subdirectora de la Editorial de la Mujer, apuntó que es una injusticia la cometida contra grandes cubanas de nuestra historia, como La  Patriota: “Para reparar este error debemos sacarlas a la luz, porque actualmente los procesos revolucionarios en el país son estudiados mediante una cronología de sucesos protagonizados por hombres, no por figuras femeninas, y Carolina Rodríguez trabajó junto a José Martí cuando él preparaba la guerra de 1895.”

Sobre tal aspecto, el profesor del referido Instituto Ernesto Guevara, Armando Medina, reconoció que esta cubana es desconocida por sus estudiantes, e incluso, “en los libros de texto de la asignatura para el nivel medio, la temática de las mujeres en la historia es abordada como un capítulo aparte del resto de los hechos”.

Las nuevas generaciones no reconocen el decisorio papel de cubanas, que como La Patriota, consagraron sus vidas al servicio de la causa revolucionaria, razón por la cual la historia reclama la hora de rescatarlas.

Pie de Foto: Carolina Rodríguez, independentista cubana del siglo XIX que se incorporó a la guerra con 42 años.

Ficha técnica:

Tipo de título: Genérico.
Tipo de lead: Especial de cita directa.
Tipo de nota interpretativa: Retrospectiva-Explicativa.

Tema: La cubana Carolina Rodríguez tuvo una extensa obra patriótica que resulta desconocida en la actualidad.

Situación problémica: Poco conocimiento por parte de los estudiantes,  sobre la labor de Carolina Rodríguez.

Objetivos colaterales: Ahondar en la actividad revolucionaria de La Patriota y demostrar el desconocimiento de la misma.

Estrategia de fuentes.

Documentales:

Diccionario Biográfico Cubano. Tomo V. Fermín Peraza Sarausa. La Habana, 1955.

Revista Bohemia. La Habana, 24 de febrero de1950.

Directas:

Antonio Álvarez Pitaluga, vicedecano de la Facultad de Historia, Filosofía y Sociología de la Universidad de La Habana. Fuente especialista, juicio lógico.

Francisca López Civeira, Profesora Titular de la Facultad de de la Universidad de La Habana. Fuente especializada, juicio de valor.

Iraida Campos, subdirectora de la Editorial de la Mujer. Fuente implicada, juicio analítico.

Leidys Domínguez, estudiante de quinto año de la Facultad de Historia, Filosofía y Sociología. Fuente implicada, juicio disyuntivo.

Ana Ivis Torres, estudiante de duodécimo grado del Instituto Preuniversitario Vocacional de Ciencias Exactas Ernesto Guevara. Fuente implicada, juicio analítico.

Rubén Antonio Rodríguez Vicente, estudiante de tercer año de la Facultad de Historia, Filosofía y Sociología. Fuente testigo, juicio analítico.

Adianez Bernazar Santiesteban, estudiante de tercer año de la Facultad de Filosofía, Sociología e Historia. Fuente testigo, juicio analítico.

Armando Medina, profesor del Instituto Preuniversitario Vocacional de Ciencias Exactas Ernesto Guevara. Fuente implicada, juicio de valor.

Soportes:

Hecho: Desconocimiento de la obra revolucionaria de Carolina Rodríguez.

Contexto: No existe la biografía necesaria para que los estudiantes y el pueblo en general conozcan acerca de esta mambisa.

Situaciones colaterales que también pudieran incidir: Existen profesores que consideran extenso el estudio de todas las figuras destacadas en el proceso revolucionario cubano. No reconocimiento de todas las mujeres que lucharon por Cuba  en las distintas etapas.

 



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