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BAÑOS PÚBLICOS, ¿PRIVADOS?

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ARIEL PAZOS ORTIZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Usualmente se lee “baño público” en la entrada de los servicios sanitarios a los que las personas acuden cuando están fuera de su casa, sin embargo, a pesar del letrero de “público”, ahora parecen tener dueños.

“¡Oye, el baño hay que pagarlo!”, me inquirió una señora que cuida el de la terminal de ómnibus La Coubre. “¿Y si no tengo dinero qué hago?”, le pregunté. “Pues si no tienes dinero, no puedes entrar y ya”. Esas fueron sus palabras, menos mal que encontré un peso en el bolsillo.

Resulta incoherente que después de 50 años tratando de construir una “sociedad más justa” y de estar adaptados a tantas gratuidades, el dinero sea motivo de discrepancia entre el cuidador del baño y un individuo que lo requiera, y más aún, que sea un peso lo que determine si puedes hacer tus necesidades cuando estás en la calle.

No es un caso aislado el antes expuesto. En una ocasión, al costado del Cupet situado al frente de la Fuente de la Juventud (Paseo y Malecón), entré al baño (más bien bañito) y di a la mujer que lo cuidaba 10 centavos CUC. Cuando salí, mi prima, que me acompañaba, quiso entrar. La cuidadora, consciente de que veníamos juntos, exigió el pago nuevamente.

Por otra parte, en discotecas y centros recreativos he visto situaciones similares: una mesita, una señora sentada en el medio de la puerta para que no puedas esquivarle la mirada al entrar y una cajita con monedas de hasta 25 centavos CUC, para insinuarte que si alguien dejó tal “propina”, tú también puedes, o debes, ser igual de “caritativo”. Suelen aprovecharse de que son establecimientos donde supuestamente “el dinero corre” para sacar su mascada. En casos como esos, muchas veces te increpan si pretendes “usar el baño sin pagar” y hasta están dispuestos a avergonzarte delante de los demás si no tienes una moneda a su disposición.

No creo que esto sea “ridículo” por tratarse, básicamente, de “un peso cubano”. Sencillamente una persona no debe depender de llevar menudo en el bolsillo para resolver sus necesidades fisiológicas en un momento imprevisto. Mucho menos es digno, ante estos requerimientos del organismo humano, tener que lidiar con el despotismo y las malas caras.

Cuando era niño lo veía como algo más espontáneo: si podías, dejabas propina a quien cuidaba el baño porque, no es menos cierto, esa persona también tiene necesidades económicas. Desde hace un tiempo, con las nuevas formas de producción, el tema de los baños públicos también ha empezado a transitar por otros rumbos y ahora se habla de términos como “arrendado”.

“Este baño es arrendado. Nos dividimos por turnos y cada uno de los trabajadores tiene que abonar 40 y 200 pesos CUP a la ONAT y al establecimiento gastronómico, respectivamente una vez al mes”, comentó Orlando Pastor, cuidador del baño del Conejito de Aguada de Pasajeros, en la provincia de Cienfuegos.

“Ninguno de nosotros está autorizado a prohibir la entrada a la persona que no tenga el peso”, recalcó ante mi interrogante y explicó, además, que es responsabilidad suya cuidar los medios sanitarios y poseer los productos necesarios para su mantenimiento y limpieza.

Sin embargo, es bien conocido el estado deplorable de la mayoría de los baños y la deficiente higiene que en ellos predomina. Cualquiera que sea la forma de administración y empleo de los mismos, la prioridad debe ser que cuenten con las condiciones necesarias y estén al alcance de toda la población cuando los requiera.



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