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LA LECTURA: ¿UN HÁBITO EN RIESGO?

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ARLET CASTILLO GONZÁLEZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana. 

Muchos han escuchado decir que “la juventud de hoy no lee, se entretiene en otras cosas”. Y es que este criterio se apega bastante a la realidad que vivimos. Pero, ¿por qué en nuestros días la lectura se ha convertido en un hábito en riesgo?

Nos encontramos en un mundo dominado por la tecnología, donde las páginas de libros son reemplazas por dos pantallas claves: celular y  computadora.

Nuestro país no está exento de esta realidad. Las series, los videojuegos, el Internet -a pesar del limitado acceso-, ocupan un espacio primordial en el tiempo libre de los jóvenes cubanos dejando a un lado los ejemplares que ocupan los estantes de las librerías y bibliotecas.

Sin embargo, ¿son solo las nuevas tecnologías la causa de esta situación? Realmente existen otros factores que también influyen.

Cabe preguntarse entonces si las bibliotecas públicas constituyen  lugares acogedores que incentivan el amor por la literatura y si poseen esa variedad de títulos atrayentes para todo tipo de público.

Vale cuestionarse si la familia estimula desde tempranas edades el hábito de la lectura: que los padres lean antes de dormir un cuento a sus hijos  y en años posteriores les recomienden buenos textos, son costumbres que no deben pasar de moda.

A ello se suma, además, el elevado precio de algunos textos, aunque, a diferencia de lo que muchos piensan, las ofertas en moneda convertible no siempre son más atractivas que las del mercado nacional.

Estos factores, con una mayor o menor relevancia, propician que muchos digan: “La juventud de hoy  no lee, se entretiene en otras cosas”. 

Es cierto que existen jóvenes que toda su vida han asociado la lectura con el aburrimiento o con un momento en solitario donde no interactúan y comparten criterios, son esos capaces de  leer solo mensajes electrónicos y carteles en las calles. A ellos se incorporan otros que “porque no queda más remedio”, lo hacen exclusivamente por las  tareas escolares como una obligación para poder cumplir con la pregunta del maestro al día siguiente. Y qué decir de los peores casos, aquellos que tildan a la lectura como algo “poco moderno”.

Lo asombroso es que a veces, muchos de los mencionados acuden cada año a la Feria del Libro para disfrutar, obviamente, de otras ofertas que no son los textos, aunque en ocasiones se motiven y compren ejemplares para llenar un estante que nunca van a tocar.

Con el paso del tiempo, los conocimientos y el vocabulario de esos que renieganla lectura se tornan exiguos, pues la falta de vinculación con  libros conspira contra el uso del idioma, el fomento de la cultura y el desarrollo del pensamiento.

Pero, ¿es esta realidad del todo funesta? Realmente no. Sí existen jóvenes que gozan del maravilloso mundo de la lectura, de esa forma sana de emplear el tiempo. Para muchos, constituye un placer leer un buen libro antes de dormir luego de una jornada rebosante de tareas.

Entonces, es un deber de la familia y de la sociedad en general fomentar desde edades tempranas el hábito y amor por la lectura, porque solo un  país culto es capaz de trazar un buen camino para el futuro. Y ese porvenir no está en otras manos que en la de los jóvenes, quienes solo crecerán, como dijera el Apóstol, acompañados de los libros.



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