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VIVIR PARA CONTAR

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Raúl Escalona, combatiente en la Sierra Maestra, Angola y Guinea Bissau; recuerda a sus 77 años las experiencias que vivió en las guerras.

Texto y foto:
DANIELLA PÉREZ MUÑOA,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Lo conozco desde pequeña y siempre lo veo cariñoso y pasivo, es el abuelo de un amigo, por eso me era imposible creer que cuando joven hubiera luchado en varias guerras contra los malos. Ahora siento por el un gran respeto.

Raúl Escalona Rosabal me abre las puertas de su casa y con cordialidad me invita a pasar. Ya está jubilado y tiene 77 años, pero no lo aparenta, su andar es seguro, sus manos son fuertes, todavía conserva la sonrisa pícara, típica de un adolescente, y esa frase de que “peina canas” no se apega a su descripción, su cabello es totalmente oscuro.

La forja de un ideal

<<Nací en  Pilón (Granma), hijo de una familia pobre, pero  al cabo del tiempo organizamos un comercio y nuestra situación mejoró; empezamos a vender víveres, ropa, zapatos, perfumes, de todo. Recuerdo que al principio de la Revolución intervinieron aquello y le dieron 120 mil pesos al viejo de indemnización. 

<<Mis padres pertenecían al Partido Ortodoxo y  todos los hijos de los ortodoxos nos conocíamos, teníamos afinidad; a partir de ahí conozco a Crescencio Pérez, uno de los baluartes de la lucha cuando el desembarco, y a Guillermo Frías. Todos nacimos de ahí de ese partido.

<<Conocí a Celia, ya desde aquel momento era muy activa en la política y estaba al tanto de todo, ella siempre andaba con su padre, el doctor Sánchez que era ortodoxo. Me recuerdo que ella y sus hermanas eran muy unidas, tenían un carrito rojo Ford 55  y siempre estaban juntas, teníamos mucha amistad En la comunidad se le veía siempre relacionada con las iglesias, las logias, los niños; por ejemplo, el Día de los Reyes ella iba a comprar a nuestra tienda y después le llevaba esos regalos a los niños, incluso en el central azucarero logró hacer un centro escolar, pidiéndole ayuda al administrador de este. 

<<Los jóvenes del pueblo estuvimos muy pendientes del desembarco del Granma. En aquel momento pertenecíamos a células del 26 de Julio  que Celia organizaba y que existían en Manzanillo, San Ramón, Niquero,  Pilón. El 9 de mayo de 1957 ella tenía autorizada la salida de varios grupos para la Sierra Maestra, yo me fui en el segundo, con solo 19 años. Para poder subir a la Sierra tuvimos que conseguir la tela para hacer los uniformes verde olivo, conseguir el armamento, casi siempre a través de nuestros padres o del  Movimiento 26 de Julio, que  también tenía sus armas. 

<<Los organizadores nos decían el lugar y nosotros teníamos que ir a recoger el armamento, recuerdo, que tuve que ir a Vicana a buscar una pistola 45, al final Celia nos entregó las armas. En el grupo éramos 17, el día  19 de mayo de 1957 ya teníamos todo preparado y nos autorizaron a subir. Fuimos en un camión, nos vestimos con el uniforme y nos tiramos fotos. Luego nos encontramos con un compañero que era el guía que nos esperaba para llevarnos al lugar donde se reunía la gente. Éramos de todos los municipios, incluso hasta de Camagüey, ahí esperamos los acontecimientos>>.

Partida hacia la Sierra

<<Cuando llegamos a la Sierra los campesinos no confiaban en nosotros, en cambio los ayudábamos si teníamos medicinas, los curábamos y así se hizo una buena política, pero el ejército se dio cuenta de que los auxiliábamos y empezaron las represalias, querían sacar a los campesinos para bombardear sus casas porque creían que nos quedábamos ahí.  Al principio en la guerrilla éramos pocos, pero después empezaron a llegar compañeros de todas partes que también querían combatir>>.

Su rostro refleja emoción al rememorar anécdotas de aquella época, es fácil percatarse de la profunda admiración que siente por el Che, Raúl, Almeida y en especial por Fidel, su jefe en la primera columna.

<<Un día estábamos en casa de unos haitianos que servían de enlace a Fidel y llegó  toda la tropa, ahí conocimos a Almeida, a Camilo y entonces nos presentaron al Che, que también estaba. Nosotros lo saludamos e íbamos diciendo nuestros  nombres y cuando se presentó un compañero nombrado José Almeida, el Che se vira para Almeida (Juan Almeida Bosque) y le dice: “¡Oye, están llegando tus parientes!”, pero que va, todo era broma, porque aquellos eran gallegos. Así era el Che, tenía tremendo sentido del humor.

<<La guerra se fue expandiendo y Fidel decidió crear otra columna, se creó la  Columna 8 “Ciro Redondo” y nombró comandante al frente de la misma al Che por su responsabilidad, por la forma en que se relacionaba y como cumplía las misiones; le asignó una cantidad de hombres y de armas  y  partieron para la zona del Hombrito, mientras los demás permanecimos con Fidel. Algunos compañeros desertaron porque se pasaba mucho trabajo, había hambre, no se comía. 

<<Todas las noches caminábamos veinte kilómetros y dormíamos durante el día, porque había que impedir que los guardias subieran a los lugares donde vivían los campesinos, si se enteraban que ellos estaban en contacto con nosotros los saqueaban y hasta los asesinaban. Incluso, para combatir no podíamos coger por los caminos que estaban hechos en la Sierra, por el peligro a toparnos con los guardias, por lo que teníamos que hacer nuestros propios caminos. 

<<Mi primer combate fue el de Estrada Palma el 26 de junio de 1957, después participé en el de Palma Mocha, Veguitas, Pino del Agua, en el Cerro. No tenía ninguna preparación militar solo hacía, igual que los demás, el tiro en seco, donde se apuntaba con el fusil a un cajón, lo principal era combatir. Participé en la ofensiva de verano en contra de lo que organizó el ejército batistiano con el nombre “Fin de Fidel”, ellos tenían 10 mil hombres y nosotros, según ha dicho el Comandante en Jefe varias veces, apenas, éramos 300. La tiranía quería asegurar el triunfo y llenó todos los lugares de acceso de batallones como fue el caso de  Mantua y Pilón. 

<<Después de esas operaciones ya nosotros dominábamos la Sierra, la estrategia en esa etapa era la de atacar un lugar específico para que la tiranía mandara los refuerzos, pero cuando ellos vieron que ya no podían más, empezaron a no tirar y a no pelear. Como parte de la ofensiva luchamos en Guisa durante 10 días, en el combate nos apoderamos de muchas armas y ametralladoras. Más tarde pasamos a Jiguaní, donde los guardias se habían ido, en Baire también pasó lo mismo, incluso los soldados metieron los equipos de combate en un pozo y escaparon.

<<En Mafo estuvimos por  20 días, en ese momento se desarrollaban además de ese, muchos combates decisivos, sobre todo, los del Segundo Frente Oriental. Los esbirros durante esos 20 días hicieron muchos intentos de salir, le llegaron varios refuerzos que nosotros rechazamos, hacíamos tregua para ver si se rendían, hasta que coincidió el día con la ida de Batista>>. 

El triunfo

<<El día 8 de enero de 1959 entré junto a Fidel a Ciudad Libertad y al día siguiente ya estaba en Managua, lugar que antes era una escuela militar juvenil de la dictadura, ahí nos organizamos y aprendimos a marchar y a formar por pelotones. A mí me tocó la Compañía 3, y con esa fuimos, junto a Fidel, Raúl y Camilo, a Trinidad por el caso de Trujillo, a Pinar del Rio para apresar a unos alzados y también a la zona del Mariel por la misma causa.

<<De la Compañía 3 pasamos a hacer la Guardia Militar Revolucionaria, y entre otras cosas nos encargábamos de cuidar los campamentos. Después me dejaron de jefe de la artillería en San Antonio de los Baños, la cual posteriormente se trasladó para Caimito y esa fue la que combatió en Girón. Como parte de mi preparación pasé cursos básicos en Matanzas, cursos en la academia de La Habana, en La Cabaña y después me incorporé a una división que había en Guanito (Pinar del Rio), la unidad 1230 y a ahí fue donde conocí a Candita, mi esposa. 

<<Nosotros nos casamos en 1963, y déjame decirte, que el día del matrimonio fuimos para Soroa a pasar la luna de miel, pero dieron alarma de combate en la unidad, ya cuando eso estaba en la división de Guanabo, y me recogieron. Entonces tuve que recoger a Candi, pero imagínate lo que pude conseguir fue un cuarto en un hotelito, con el cuarto pegado a la cocina ¡hacía  un calor!>>.

Otras misiones

<<En 1975 ya se combatía en Angola, pero me mandaron primero  a Guinea Bissau a relevar a un compañero, estuve alrededor de dos años y medio. Al principio la gente no estaba de acuerdo con lo que estábamos haciendo y no lo entendía, inclusive los que iban para Angola tenían que pasar primero por Guinea Bissau porque por esta razón había problemas en los aeropuertos. En el 80 es que voy con  el General Tomasevich como parte de la Operación Olivo, ahí me desempeñé como asesor de brigada, combatiendo contra la UNITA, aquello era en medio de la selva. 

<<En la lucha las explosiones te dejan muchos daños en los oídos. En el mismo Mafo una bomba cayó cerca de mí y aquello fue tremendo, pero como este hubo muchos casos, la mayoría de las veces la aviación llegaba y teníamos que protegernos con lo que estuviera a nuestro alcance y las explosiones te dejaban los oídos con problemas. Al fin de la guerra estuve ingresado por los oídos y también por un problema de ulceras a causa de comer cosas frías y  descompuestas, dolencias que tuve varios meses, aunque toda la vida he padecido de los oídos y hasta una sordera tengo a causa no solo de las guerras, sino de que cuando era pequeño me bañaba en cualquier río, y no me cuidaba>>.

Mantener en alto la Patria

<<Nosotros a la vez que vamos a una misión estamos conscientes de que vamos a arriesgar la vida, sabemos que en la guerra se vence o se muere. Hay que ir con la suerte de triunfar y de buscar victoria, nadie está pensando que  va a perder, no, al contrario, vamos con ánimos de cumplir los objetivos y la misión, teniendo en cuenta siempre que hay que mantener en alto la Patria. 

<<Ahora estoy haciendo el borrador de un libro que se llamará “Los hijos de los militantes del Partido Ortodoxo en Pilón”, el libro es sobre lo que hizo cada quien, porque cuando hablo de hijos estoy hablando de Celia, de Guillermo García Frías, Arturito Sosa y de esos 17 jóvenes que se alzaron conmigo, todos ellos eran descendientes de miembros del Partido Ortodoxo. También he colaborado con otros compañeros que han hecho libros a partir de sus propias vivencias, ahora estamos revisando uno que nos trajo Delio García, jefe del Cuarto Frente, es un borrador que dejó Elpidio Escalona y lo estamos revisando, porque tiene algunas imprecisiones.

<<La lucha de antes fue para acabar con el régimen que había, que era bastante malo, no había otra alternativa, pero por liberar a Cuba de aquella barbarie, lo hicimos. Oye, nosotros somos lo que somos hoy en día por creer en el comunismo, lo más grande que tenemos es eso y tenemos que defenderlo hasta la muerte>>.

Pie de foto: Raúl Escalona se incorporó a la lucha en la Sierra Maestra cuando tenía apenas 19 años.



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