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MATERNIDAD APRESURADA

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DANIELA OLIVA VALDÉS,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

En los cuentos de hadas que nos leían de niños, después de la boda de los protagonistas venían los pequeños herederos, alegría de todo el reino. El característico final de “vivieron felices para siempre” que tanto nos ilusionaron, pareciera una burla hoy en día.

Si los hermanos Grimm vivieran en la sociedad contemporánea, las historias serían muy diferentes. Cuando llegara el heredero, el príncipe abandonaría a la princesa, y ella, desconsolada, dejaría al retoño con el hada madrina para irse de fiesta al palacio más cercano.

Las canastillas cada vez se compran más temprano, y cuando aún ellas no han soltado las muñecas ya las están guardando para sus bebés. El embarazo precoz es un fenómeno que aumenta preocupantemente en nuestro país, hecho del que cabe asombrarse dadas las múltiples campañas anticonceptivas que se realizan en los medios de comunicación y en los centros escolares.

La maternidad prematura representa una conducta de riesgo, pues puede acarrear trastornos físicos, problemas sociales y escolares, recién nacidos con bajo peso al nacer, así como matrimonios precipitados y riesgo de muerte tanto de la madre como del bebé.

Dicha conducta predominó en las culturas occidentales antiguas, donde era una tradición que la mujer se casara y procreara a edades tempranas como símbolo de fertilidad. La cultura sexista, la corta esperanza de vida, y la necesidad de crecimiento poblacional de aquella época condicionaron la “moda”, por así denominarla, de la fecundidad precoz.

Realidades totalmente diferentes existen en la sociedad actual. No se trata de tradición, ni siquiera de algo planificado, sino producto de la irresponsabilidad y la deficiente educación sexual de los jóvenes.

Según un estudio del Centro Nacional de Educación Sexual (CENESEX), el nivel educacional de las adolescentes con embarazo precoz se halla entre la secundaria terminada y el nivel medio superior; y con mayor incidencia en las áreas rurales que en las urbanas.

La temida llegada de la cigüeña viene acompañada, además, del abandono de los estudios, reducción de las posibilidades de realización personal y parejas inestables y de poca duración, ya que son formalizadas forzadamente por la situación.

Ante estas consecuencias, la solución más socorrida entre las jóvenes son los anticonceptivos de emergencia: el aborto o la llamada “píldora del día después”, tan riesgosas como el embarazo prematuro.

La concepción debe ser meditada, y efectuarse cuando se haya alcanzado cierta madurez física y psicológica, así como estabilidad emocional y económica. Tampoco hemos de pretender encontrar al príncipe azul, pero si debemos intentar hacer que la vida nuestra y la del niño sean un “vivieron felices para siempre” como de cuentos.



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