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HACER EL AMOR PARA NO CAUSAR HERIDAS

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KRYSTEL ASPILLAGA ROJO,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.
 

Esta tarde pensé en el peligro que corre mi ardilla cuando la vi andar por las ramas de su hogar. Hoy, más que un ser del bosque habanero, me recuerda el primer amor de adolescente porque fue ella el punto de encuentro entre él y yo. Es preocupante el hecho de no poder contemplarla otra vez, pues mi ardilla inocente está a punto de enfrentarse, no solo a los cazadores furtivos y a los fuertes vientos y lluvias, sino a posibles incendios.  

Y es que las llamas, no precisamente las del corazón, continúan haciendo de las suyas en los bosques cubanos. De enero a mayo la sequía permitió la proliferación natural de algunas; sin embargo, la mayoría aún es fruto de muchas negligencias cometidas por el hombre, como las colillas encendidas de los cigarros, la quema indiscriminada de maleza y la falta de matachispas en los vehículos.

Según las estadísticas del  Cuerpo  de  Guardabosques, en lo que va de 2015 ya  han ocurrido más de 450 incendios forestales y con ellos cerca de 300 hectáreas perjudicadas en casi todas las provincias del país.

Las cifras me alarman, pero ¿a quiénes verdaderamente les dicen algo?, ¿llegará a interesar, más que nada en el mundo, el deterioro de la naturaleza?

¿Será que acaso el problema gradual de los incendios forestales  en el país es difundido lo suficiente por los medios y tratado con tal sistematicidad, como lo son las relaciones Cuba-Estados Unidos, los Juegos Panamericanos, la Liga Europea, o la reciente Bienal de la Habana. Salvando las distancias, el detrimento de los bosques necesita de la toma de conciencia social y no percatarse de este  mal únicamente en los días cercanos al 5 de junio.

Los incendios  provocan  la exterminación de especies de animales y plantas,  disminución de la capa vegetal del suelo, intoxicación de la atmósfera, aceleración del cambio climático, graves perjuicios económicos y hasta la destrucción de la salud humana. El país destina un presupuesto para realizar acciones encaminadas a resguardar los bosques. Aun así, la insensibilidad humana persiste.

No digo lo alarmante que son para mí las cifras mencionadas, solo por las consecuencias de los siniestros sucesos. Me inquietan también por mi ardilla, esa encontrada por mi primer novio y yo durante una excursión, la que siempre se  nos acercaba a modo  de saludo después de nombrarla Alvin, como la de los muñequitos, y la que nunca he dejado de visitar.

Esta ardilla es el símbolo de algo tierno que temo se apague en el incendio por una llama inoportuna, es el eje de mi preocupación por los bosques, porque a veces lo pequeño nos hace querer y proteger lo grande.

No basta con la ejecución de un plan que posibilite el sobre cumplimiento de las tres millones de hectáreas que hay en Cuba y de otro para sanar los daños del fuego en el patrimonio forestal. Cada quien debe encontrar la esencia de las cosas, su eje de preocupación,  pues de lo que se trata es de  hacer el amor para no causar heridas.



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