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HURÓN AZUL CUMPLE 15 AÑOS COMO MONUMENTO NACIONAL

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El lugar que presenció los últimos años de vida del pintor Carlos Enríquez es museo desde 1987 y en el 2000 alcanzó la condición patrimonial.

ANDRÉS LUIS HERRERO PÉREZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

El Museo Hurón Azul, última residencia del pintor Carlos Enríquez, referente de la vanguardia artística cubana, cumple este octubre 15 años de ser declarado Monumento Nacional; ubicado en la calle Paz, entre Constancia y Lindero, Párraga, es el único con ese título patrimonial en el capitalino municipio de Arroyo Naranjo.

Debido a su valor histórico y artístico, el lugar recibió esa categoría en el 2000, pues fue la casa donde vivió los últimos 18 años y el lugar donde más tiempo residió el eminente artista de la plástica cubana.

El Hurón ostenta la condición de museo desde el 21 de mayo de 1987. En la ceremonia participó uno de los mejores amigos del pintor, el escritor Félix Pita Rodríguez, quien donó la obra realizada por aquel “Radiografía de Félix Pita”, a la muestra de la institución, exposición que incluye objetos personales y realizaciones como “El mural de las bañistas”.

El terreno le perteneció a Enríquez por herencia paterna. En su construcción se utilizaron materiales de segunda mano, agregando elementos de la arquitectura colonial como el mediopunto y la reja con motivo de lira. La casa tenía semejanza con una estación de trenes de Pensylvania, que el artista había visitado en uno de sus viajes a los Estados Unidos, precisa Mariana Rodríguez López, historiadora del lugar.

A su vez, Dulce María Suárez Sotomayor, presidenta del núcleo de historiadores del municipio Arroyo Naranjo, recuerda que “el Hurón Azul figuró en la década del 40 como lugar de reunión para numerosas personalidades del mundo de las artes e intelectuales como Nicolás Guillén, Alejo Carpentier, Pablo Neruda y Manuel Aguirre”.

El también escritor fue muy incomprendido, pues se enfrentaba a la clase capitalista de la época a través de su obra. Al decir de Félix Pita en el prólogo de “Dos novelas”, libro que escribió Carlos Enríquez, él no buscaba únicamente criticar, sino que odiaba regiamente el espíritu burgués.

El nombre de la casa se debe a un hurón que el pintor clavó sobre la puerta de entrada de la vivienda. Este fue teñido con azul de metileno para que armonizara con el color de las puertas y ventanas. El roedor había sido un regalo de un artista amigo.

El creador de “Rey de los Campos de Cuba”, más que un artista con ideales revolucionarios para la época, fue un hombre con profundos valores humanos y un carácter especial, destacó Suárez Sotomayor.

Pie de foto: Casa de Carlos Enríquez en la barriada de Párraga

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