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HOMBRES DE CARNE Y HUESO

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LIZ ARMAS PEDRAZA,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Elier Ramírez Cañedo, Doctor en Ciencias Históricas, en una entrevista para el diario Juventud Rebelde, apuntó que “la historia sacralizada no es historia, pero además no convence ni seduce a los jóvenes. Hay que humanizar más a nuestros héroes, reflejarlos en sus contradicciones y multiplicidad de matices, acercarlos más a nosotros y no convertirlos en soles inimitables.”

Los personajes de la historia de Cuba son enseñados como “los héroes de la estatua de mármol o bronce”, como personas que jamás se equivocaban y siempre tomaban la decisión correcta, en el momento preciso.

Es por eso que en muchas ocasiones los estudiantes cuestionan la credibilidad de la historia de esta isla. Los medios de enseñanza utilizados en las escuelas parecen sumergidos en alejar cada vez más a los “héroes” del hombre común.

Por otra parte, también se hacen omisiones en el análisis de figuras y procesos que pueden ser polémicas complicadas, sin percatarse que cada historia que queda sin contar, es un punto débil para comprender en su justa dimensión los procesos históricos.

Humanizar la historia, contar las cosas cómo fueron, enseñar a los personajes no solo con los logros, sino también con los errores cometidos, mostrarlos como hombres de carne y hueso, facilita la comprensión y el esclarecimiento de muchas decisiones tomadas en un contexto determinado.

El deber del maestro es lograr que el estudiante, a través de sus clases, se sienta identificado con la historia de este país, incluso, que considere que puede ser como uno de los personajes que la conforman. Para ello, el profesor debe estar preparado, no puede quedarse con lo que ofrecen los libros de texto, porque la historia de este país es mucho más rica que eso.

¿Cómo lograrlo? Pues viendo a Antonio Maceo no solo como el patriota que se opuso al Pacto del Zanjón y protagonizó la Protesta de Baraguá. Hay que estudiarlo también como el hombre que tenía discrepancias con José Martí, pero que supo sobreponerse a esas diferencias para poder llevar la guerra.

Se debería profundizar en la vida de Julio Antonio Mella, pues pocos saben que fue expulsado de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU) por su pensamiento marxista, y que murió enamorado de Tina Modotti, quien era su novia cuando fue asesinado. Además, en ninguna bibliografía básica aparece que Natacha Mella Zaldívar, su única hija con Olivia Zaldívar, fue líder del Partido Ortodoxo junto a Eduardo Chibás.

Tampoco la historia le da el protagonismo que merece a Martha Abreu, quien además de donar su fortuna a Santa Clara, y crear escuelas para niños negros, liberó a sus esclavos y les entregó parcelas de tierra para que las trabajaran.

Esas son algunas figuras que sirven de ejemplo, pero podrían referirse otras que apenas son mencionadas en los libros y clases de Historia de Cuba. Tal es el caso de Flor Crombet, José Maceo, Periquito Pérez, o la Asociación de los Independientes de Color, que han estado invisibles en los planes de estudio de la Secundaria Básica y de la Educación Media Superior.

Elier Ramírez Cañedo, finaliza la entrevista mencionada anteriormente diciendo que “en la historia no puede haber anatemas. Algunos piensan que abordar esos tópicos es hacerle el juego al enemigo. Pienso que al no tocarlos es que verdaderamente lo hacemos.” No podría estar yo más de acuerdo.



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