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¿EMERGENCIA?

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KRYSTEL ASPILLAGA ROJO,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Hace algunos días, a las 12 y 30 de la noche,  mi papá avisa que, al parecer, el viejito de frente a la casa estaba mal porque la doctora Madelaine buscaba desesperada un carro en la calle, aunque no fuera el vehículo ideal para conducirlo al centro médico más cercano. Pasaron varios de ellos y ninguno paró.

Una hora antes, los familiares del señor  se  habían comunicado con el 104, el servicio de ambulancias para la población en caso de emergencia, y no recibían la ayuda que necesitaban.

En ese momento de la noche, algunos vecinos nos sumamos a la gestión. Llamamos otra vez  al 104. La compañera que atendía el teléfono solo pedía el número de demanda y no daba explicación de por qué no aparecía el carro con los médicos y paramédicos.

La doctora Madelaine, quien por suerte vive en la cuadra, reclamaba nerviosa: «!Este hombre se me va a morir y yo no puedo hacer nada  desde aquí!».

Como opción se localizó a la Policía mediante el 106. Y unos cinco minutos después llegaron dos patrullas, pero lamentablemente demasiado tarde: el viejito falleció  y la ambulancia nunca apareció. Entonces, su nieta de 10 años lloraba sin parar y me acordé del abuelo que perdí a esa misma edad.

No conocí a Pedro, de hecho, hoy me enteré que se nombra así, y me irrita el pensar que podría estar vivo si no fuera por estas indolencias desgarrantes  en nuestra sociedad. 

Desconozco aún el motivo de la ausencia de ambulancia; pero por qué  si con frecuencia aparece en la televisión el spot que anuncia al 104 como servicio de asistencia factible, ocurre semejante desgracia.

Hemos alcanzado, lo que es indudable, gran rango en la Medicina a escala mundial. Uno de nuestros principales logros es el servicio médico gratuito y obligatorio. El internacionalismo con eficiencia impera en esta rama de la ciencia y la humanidad. ¿Será que acaso somos candil de la calle y oscuridad de la casa?

Yo, como ciudadana cubana, quiero pensar que no y que quizás el destino de Pedro, el viejito del frente, era morir en el instante, pero si hubiese sido atendido a tiempo, tal vez, estaría haciendo el cuento.



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