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JULIÁN DEL CASAL: FUGAZ DOMADOR DE LEONES

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Cronista de su época, el poeta se convirtió en fuerte crítico de la sociedad colonial cubana.

ALEJANDRO BENÍTEZ GUERRA,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

“El verso, hijo de la emoción, ha de ser fino y profundo, como una nota de arpa. Y ese verso era el que trabajaba Julián del Casal”, así expresó José Martí en el periódico Patria del 31 de octubre de 1893, al referirse a aquel poeta, al que calificó de “versos tristes y joyantes”.

A quien solo ha estudiado la melancolía de su poesía, le extrañará saber que el escritor también ejerció el periodismo, donde, a decir de Ángel Augier, en su artículo El periodista Julián del Casal, aparecido en el Álbum del Cincuentenario de la Asociación de Repórters de La Habana, “se ve la nota patriótica ausente en su lírica”.

Sobre la profesión, y la relación del periodista con el público, el propio Casal escribió en 1890 a su amigo Rafael Domínguez: “La tarea es difícil. Aseméjase algo a la del domador que se ve obligado a echar todos los días, en la jaula de sus leones, los pedazos más frescos de carne, para tenerlos satisfechos e impedir que lo devoren”.

Durante sus escasos treinta años de vida, el escritor colaboró con varias publicaciones, tanto como poeta como redactor. Emilio de Armas, en el libro Casal, manifestó que “sería a través del periodismo, no de la poesía, como Casal habría de revelarse crítico lúcido e implacable de la sociedad en que vivía”.

El estudio

La primera aproximación del joven escritor al periodismo data de 1877, a la temprana edad de catorce años. Al respecto escribió Arturo Mora, amigo del poeta, en su crónica Internato, publicada el 21 de diciembre de 1890 en la revista La Habana Elegante: “Casal y yo éramos alumnos en el Real Colegio de Belén. Formábamos con nuestros compañeros el grupo llamado por nuestros profesores, de masones y libres pensadores, calificativos que en más de una ocasión justificó las penas severas que se nos imponían.”

En una clase de religión, el padre jesuita leyó a los estudiantes varios artículos publicados en La Voz de Cuba –periódico español vocero del Cuerpo de Voluntarios- en contra de los masones y la de Revista Económica, dirigida entonces por Francisco Cepeda.

Según narra Mora en su crónica Internato, al preguntarle a los estudiantes, todos estuvieron de acuerdo con lo que planteaba el periódico reaccionario, “a excepción de Casal, que en voz alta, acusó de parcial al profesor, por no leer los artículos de la Revista. Apoyé a Casal y ambos sufrimos un riguroso castigo.”

Como venganza, y por iniciativa del poeta, fundaron El Estudio, periódico clandestino y manuscrito del que solo salieron dos números, los cuales fueron confiscados por los padres jesuitas. En él, Casal publicó sus primeros versos y algunas críticas.

La Habana Elegante

En 1885 murió el padre, Don Julián. Para ese momento la fortuna familiar, en merma desde años atrás, había desaparecido casi por completo. El hijo del laborioso inmigrante vasco era por entonces un incipiente escritor empleado en la Intendencia de Hacienda.

Por necesidades económicas se unió al cuerpo de redactores de la revista La Habana Elegante, “un periódico para mujeres, dirigido al bello sexo”, explicó Juan Marrero, historiador de la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC) y Premio Nacional de Periodismo.

Emilio de Armas, en el libro Casal, expresó que “tras un tono de aparente frivolidad, la revista ocultaba el desdén de sus redactores hacia el carcomido mundo colonial”. La publicación contó con colaboradores representativos de los más novedosos movimientos artísticos de la época, como Rubén Darío, y más tarde José Martí.

En su libro El periodismo en Cuba. La Colonia –publicado digitalmente en el sitio www.cubaperiodistas.cu-, Juan Marrero afirmó que el semanario, junto su rival El Fígaro, se convirtió en uno de los más prestigiosos de finales del siglo XIX, y que desde su llegada, Casal se convirtió en “el alma de la revista”.

El alma de la revista

La lectura de la escritora francesa Juliette Lambert, autora de varios volúmenes sobre las urbes europeas, motivó al joven escritor a concebir un proyecto similar, al que llamó La sociedad de La Habana, y subtituló “Ecos mundanos recogidos y publicados por el Conde de Camors”. Fue esta una colección de crónicas salidas en La Habana Elegante, que nunca llegó a recoger en un libro.

Estos trabajos debían ocuparse de los más importantes personajes habaneros. El primero de ellos vio la luz el 25 de marzo de 1888 y fue dedicado al Capitán General Sabas Marín y su familia, obra en la que el autor critica y satiriza fuertemente al representante de la Corona.

En la crónica, el periodista emitió fuertes juicios contra el político, al calificarlo de “arbitrario, de una arbitrariedad de monarca absoluto, según lo prueban sus disposiciones”. Luego agrega que “los que lo rodean temen sus primeros arranques. Parece que firma sus decretos, no con pluma de acero, sino con la punta de la espada”.

Tras esta pintura de hombre fiero e irascible, lo ridiculizó al expresar: “dícese que en mejor tiempo, ha combatido en los campos de Venus, asegúrase también que los médicos le han recomendado la estricta observancia de las siete virtudes capitales”.

Palabras que los demás callaban por conveniencia o temor, fueron plasmadas en el papel por el cronista: “el general se ha hecho antipático a sus propios subordinados (…) Todos comentan desfavorablemente sus actos gubernamentales”.

Por orden del gobierno, el número de la revista fue incautado y el autor del escrito llevado a juicio. Aunque Casal no sufrió cárcel, sí fue destituido de su empleo en la Intendencia de Hacienda. No se le volvió a ver en la redacción de la publicación, aunque los capítulos de La sociedad de La Habana –dieciséis en total- siguieron apareciendo en sus páginas.

De igual forma que criticaba a los representantes del poder colonial, exaltaba a todo aquel a quien identificara como símbolo de lo nacional. De esta forma se refirió a Salvador Cisneros Betancourt en una de las crónicas dirigidas a “la antigua nobleza”, publicada en abril de ese año: “El Marqués de Santa Lucía es el más demócrata de los aristócratas y el más aristócrata de los demócratas. Se ocupa de todo, menos de su título. Sacrificando su bienestar se lanzó a la defensa de la Patria y logró remplazar a Carlos Manuel de Céspedes, en el puesto de presidente de la República Cubana.” 

El Premio Nacional de Literatura Ángel Augier, en el libro Julián del Casal. Páginas de vida, poesía y prosa, opinó que “el cronista hace alarde una vez más de sus dotes de pintor y de su poder descriptivo, en una prosa salpicada de gracia e ironía criolla, donde no disimula su hostilidad contra las jerarquías de la casta colonial ni su simpatía a los cubanos de título nobiliario”.

Hernani, Alceste

Paralelamente a su trabajo en La Habana Elegante, desde 1986 Casal comenzó a colaborar con su rival El Fígaro, que por entonces también contaba con célebres firmas al pie de sus artículos, como la de Fray Candil (seudónimo de Emilio Bobadilla).

Tras pasar un tiempo dedicado a su poesía y a esporádicas colaboraciones con estos medios, la necesidad económica lo llevó a vincularse en 1890 al periódico La Discusión, donde casi a diario, y firmando como Hernani –personaje de Víctor Hugo- publicó comentarios sobre la actualidad artística, artículos de interés administrativo para la publicación, y crónicas sobre acontecimientos de diversa índole.

Ángel Augier, en el libro Julián del Casal. Páginas de vida, poesía y prosa, consideró que “quizás no resistiera el poeta ese rigor del periodismo cotidiano”. En octubre de ese año el escritor aceptó la oferta de Ricardo del Monte, a la sazón director del diario El País –un diario liberal- de atender el Folletín semanal del rotativo.

Bajo el seudónimo de Alceste –personaje de Moliére-, el poeta publicó comentarios sobre la actualidad social y artística, crónicas sociales y trabajos sobre temas frívolos y ligeros. La sección se denominó “Crónica semanal” hasta diciembre de 1890, y “Conversaciones dominicales” hasta febrero de 1891, cuando cesó de redactarla.

En el libro Casal, Emilio de Armas explicó que, desde las páginas del Folletín, Julián del Casal continuó sus críticas hacia la mediocridad cultural y social imperante en la Isla, “lo cual demostraba que no era él la persona indicada para redactar aquellas crónicas (…) donde la sociedad habanera deseaba verse reflejada en todo su esplendor”.

En una carta enviada a su amigo Esteban Borrero el 19 de marzo de 1891, el poeta le comentó que “no se extrañe de que en lo sucesivo no aparezca mi firma al pie de los folletines de El País. He renunciado al puesto porque los suscriptores se quejaban de que nunca me ocupaba de fiestas, salones, teatros y cosas propias del folletín”.

Juicios críticos

El historiador Miguel Alonso, miembro del Instituto de Historia, opinó que entonces no era raro que un literato practicara el periodismo, ya que en aquella época había muy pocos profesionales en ese campo, por lo que la mayoría de las publicaciones buscaban poetas y escritores como colaboradores.

Julián del Casal recurrió a la profesión como vía para solucionar sus problemas económicos. La filóloga Gabriela Roque, profesora de la Facultad de Artes y Letras de la Universidad de La Habana, expresó que la constante exposición al público que debe tener el periodista, contrasta con la personalidad enclaustrada del poeta, que amaba la soledad y melancolía que le imprimía a sus versos.

En la carta a Esteban Barroso fechada el 19 de marzo de 1891, Casal planteó, refiriéndose a las razones por las que abandonaba el diario El País: “Si no fueran todavía poderosos esos motivos, tenía para dejar el folletín el de que no me gusta estar a la vista de todo el mundo, como allí lo estaba, porque mi ideal consiste hoy en vivir obscurecido, solo, arrinconado e invisible para todos”.

Ángel Augier, en su artículo El periodista Julián del Casal, declaró que, “con  todo, vale la pena tener en cuenta, en la nómina de periodistas cubanos, a Julián del Casal”.

Pie de foto: Como periodista, Julián del Casal criticó la mediocridad imperante en la sociedad cubana de su época.

Ficha técnica:

Tipo de título: Llamativo.
Tipo de entrada: De cita directa.
Tipo de cuerpo: De bloques temáticos.
Tipo de transiciones: Por subtítulos.
Tipo de cierre: De conclusión o resumen, dado por la opinión de una fuente.

Tema: El periodismo de Julián del Casal.

Propósito: Dar a conocer la labor periodística de Casal, quien pasó a la historia por su labor poética, no periodística.

Objetivos colaterales: Demostrar la existencia de ideales patrióticos en el pensamiento de Julián del Casal, los cuales demostró en su obra periodística, no así en sus versos.

Estrategia de fuentes: Bibliografías y compilaciones de Julián del Casal. Publicaciones de la época como Patria y La Habana Elegante. Especialistas en Historia y Literatura.

Fuentes documentales:

Artículo Julián de Casal, publicado por José Martí en el periódico Patria.

Artículo El periodista Julián de Casal, de Ángel Augier, aparecido en el Álbum del Cincuentenario de la Asociación de Repórters de La Habana.

Libro Casal, de Emilio de Armas.

Crónica Internato, de Arturo Mora, publicada el 21 de diciembre de 1890 en la revista La Habana Elegante.

Libro digital El periodismo en Cuba. La Colonia, de Juan Marrero.

Libro Julián de Casal. Páginas de vida, poesía y prosa, de Ángel Augier.

Fuentes directas:

Juan Marrero, historiador de la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC), y Premio Nacional de Periodismo.

Miguel Alonso, miembro del Instituto de Historia.

Gabriela Roque, profesora de la Facultad de Artes y Letras de la Universidad de La Habana.

Todas son fuentes especializadas que emiten juicios de valor.

Soportes a emplear:

Hecho: Desconocimiento de la labor periodística de Julián de Casal.

Contexto: La labor periodística de Julián de Casal es una gran fuente de estudio de la sociedad cubana de su época.

Antecedentes: El patriotismo en el periodismo de Julián de Casal.

Proyección: Señalar la importancia del periodismo de Casal como cronista de su época.

 



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