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UNA VICTORIA DE LA ENSEÑANZA

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La profesora Victoria Ruiz Prades tiene 83 años de edad y más de cinco décadas de servicio en la educación, y aún le queda mucho por hacer en las aulas.

Texto y foto:
TU CU THI THANH,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Posiblemente Victoria sea la educadora más longeva de La Habana. Una vida octogenaria con más de 55 años dedicados al noble oficio de educar, casi el 70 por ciento de su tiempo entregado a niños de la primera enseñanza. Trabaja en la escuela primaria Quintín Banderas en la parte más antigua de la ciudad: “No me aburro en ningún momento. Amo mi vida profesional”.

La encontré un día lluvioso cuando impartía a sus alumnos lecciones de Matemática. Al principio la juzgué demasiado viejita con sus 83 años para ejercer la docencia. Es delgada, tiene la frente muy ancha y el pelo blanco en canas. Habla despacio, pero la salud se ve fuerte todavía y cada gesto al dar la clase es ágil. Cuando me vio, vaciló unos segundos, luego me abrazó y dijo: “Para nosotros, el pueblo vietnamita es el mejor amigo, el compañero de más confianza en el pasado, en el presente y también en el futuro”.

Cuando estuvo lista, no pude esconder mi curiosidad: -¿Siempre supo que sería maestra? Negó con la cabeza y me respondió: “Nunca pensé que iba a ser maestra porque mi juventud transcurrió en medio de tiempos muy difíciles, había pobreza, no contaba con los recursos necesarios. Quería estudiar Odontología, pero tuve que dejarlo porque mi familia no tenía dinero para eso”.

Después del triunfo revolucionario en 1959 pudo incorporarse al bachillerato. Estando allí se hizo el primer llamado a la Campaña de Alfabetización, considerada una de las tareas más importantes en ese momento.

El 15 de septiembre de 1960 comenzó a trabajar en el sector campesino en Minas de Frío, localidad montañosa de Granma donde constantemente llueve. “Me adapté bastante bien por ser de origen rural, venía del campo por lo que no le temía a las condiciones que enfrentaba. Considero que los mejores tiempos los pasé como estudiante y trabajadora en aquel lugar”, y empieza a reír levemente. 

Le pregunté qué significaron para ella las dificultades que enfrentó entonces y dijo nostálgica: “La Campaña de Alfabetización me aportó mucho, me relacioné con gente de diferentes provincias. Nos consideraban como personas muy importantes por el prestigio que adquirió la campaña. Maduré mucho en esa etapa”.

La Campaña terminó, Victoria se graduó y continuó trabajando como maestra popular en la escuela 30 de Noviembre. “A partir de ahí descubrí mi pasión por enseñar”, comenta complacida y percibo su afecto por los niños.

En 1973 se trasladó a La Habana, desde entonces trabaja en la escuela Quintín Banderas. Se jubiló en 1998 por cuestiones de enfermedad y se reincorporó al año siguiente. Se considera jubilada, pero no retirada. “Para mí, enseñar es una vocación”, precisó la educadora.

No quise agobiarla con más preguntas, pues casi de inmediato daría otra clase, y la interrogué por última vez: -¿Cuáles son las expectativas de Victoria? “Tener un aula de excelencia. Por los años que llevo aquí siempre me llegan estudiantes con dificultades para que yo los prepare mejor, pero considero que la educación puede mejorar en el futuro, nosotros trabajamos para eso. Ahí vamos y ahí seguimos”.

Pie de foto: Victoria Ruiz Prades, alfabetizadora voluntaria en la Campaña de 1961, concibe el magisterio como una vocación profunda.



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