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SIEMPRE ME QUEDARÉ EN LA VOCACIONAL

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Idia Rosa, la instructora musical del IPVCE Federico Engels, de Pinar del Río, siente orgullo de ser fundadora de este centro y de continuar trabajando en él después de 38 años.

Texto y fotos:
LAURA MERCEDES GIRALDEZ COLLERA,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

Nunca estudié música. Sobre solfeo no puedo discutir y hasta para afinar soy pésima, sin embargo, al entrar al IPVCE Federico Engels en la provincia Pinar del Río, escuché una voz un poco desgastada por los años, pero que llena de vida me hizo llegar hasta su taller de apreciación musical. Esa hada de la paciencia es la profesora Idia Rosa Martínez Santos.

De cabellos blancos, mediana estatura, pero inmenso corazón, mirada radiante y palabras dulces, ha dedicado su vida a la enseñanza artística en la Vocacional vueltabajera.  Allí tiene una familia inmensa que aumenta con cada generación. No le teme al olvido porque sabe que ya es historia con el grupo Onix, integrado por estudiantes aficionados, que encantados por las composiciones y arreglos hechos por ella misma, llegan al local donde ven la luz los espectáculos que con tanta dedicación prepara.

Para la profe Idia, como cariñosamente la llaman sus alumnos, siete décadas es solo un pequeño recorrido por la vida, no motivo para ceder.  El mayor de sus goces es educar, trabajar con los jóvenes, con las nuevas generaciones, porque son el relevo, la continuidad de su labor. Así se mantiene desde que comenzó el oficio, porque los alumnos son su razón de ser.

“Creo que si volviera a nacer sería educadora. En la profesión llevo 48 años y trabajando en el IPVCE Federico Engels, 38. Fui fundadora de esta institución y me he mantenido en ella ininterrumpidamente. Me siento muy orgullosa  de eso”.

-¿Tuvo formación como instructora de música?

“Antes del 59 estudié en conservatorios privados de La Habana y ahí fue donde me formé como profesora de piano, de teoría de solfeo, de armonía,  psicología e historia de la música.

“Después de esa fecha, trabajando ya en la Vocacional, me gradué de Licenciada en Educación, o sea, que doy mis primeros pasos de la carrera en el gobierno anterior al Triunfo de la Revolución. Más tarde me acojo a los estudios musicales que brindaba el país para profesores que iban a dedicarse a la enseñanza artística y por eso me hago licenciada en el pedagógico de Pinar del Río: cinco  años de formación”.

-Usted estudió música,¿qué factores influyeron para que se inclinase después por el magisterio?

“En el tiempo en el que comencé a prepararme, anterior al 59,  existían muchos tabúes para la mujer; por ejemplo, yo estudié piano, el cual me gustaba mucho, hubiese querido ser concertista, pero al existir tantos prejuicios para realizar ese sueño, me dediqué a la enseñanza.

“Al triunfar la revolución tendría más o menos 15 años y se comenzaba a trabajar alrededor de los 17. Me dediqué, por culpa de esas trabas, a la enseñanza pianística, por ahí empecé. Plasmé en mis estudiantes todas las inquietudes artísticas que tenía. Por eso nunca me he desempeñado como cantante profesional ni en otro oficio, siempre he sido educadora”.

-¿Su familia o alguna figura en particular influyó para que se inclinase por esta manifestación?

“No, en mi familia no había artistas, nadie que hubiese estudiando algo de música o en el arte de modo general. Simplemente no sé, venía ya conmigo, quizás era como nosotros hablamos a veces, el destino de las cosas, pero no hubo influencias, fue inclinación propia”.

Cambia la mirada, la voz se apasiona y me cuenta sobre sus mayores satisfacciones durante esto años en la formación de profesionales.

“Ver a los estudiantes, no solo de mi especialidad, sino a todos los que han pasado por mí, en el taller de  música en la escuela; verlos hoy graduados, ya mayores, con sus profesiones, es un privilegio. Los licenciados, los matemáticos, los artistas, los periodistas y sucesivamente.

“Nosotros estamos graduando desde el año en que Fidel hizo la apertura de la escuela a muchos profesionales que, actualmente, incluso a nivel de nación, están ejerciendo cargos importantes. Por ejemplo, uno de ellos es Raúl Paz, que pasó la mayoría de su tiempo en la escuela, precisamente en el local de los instrumentos, practicando. Me siento muy complacida con que sea un artista reconocido luego de haberse hecho músico en la Vocacional. Esa es mi mayor satisfacción’’.

-¿Qué siente usted cuando está frente a sus alumnos en el taller?

“En ese momento soy partícipe de la generación que está sentada junto a mí, me vuelvo un poco adolescente, me pongo a la altura de ellos y me siento feliz en esa altura, a su nivel”.

-Algunos de los momentos significativos en su actividad como profesora…

“Son muchos, porque los logros de los estudiantes son mis mayores recompensas, es lo más bonito que puede recibir una persona  dedicada a educar, ver el reflejo de uno en sus estudiantes”.

Queda un instante en silencio, la nostalgia la ha invadido. Luego, alza radiante la vista.

“Pero una de las más grandes dichas que yo tengo y que más recuerdo fue el día en que el Comandante Fidel Castro inauguró la Escuela Vocacional Federico Engels. Es de los momentos más importantes de mi vida porque en ese sitio me siento como en mi casa”.

-¿A su parecer, resultan beneficiosos los cambios que se están realizando para rescatar los IPVCE como centros de formación no solo científica, sino artística también?

“Nunca se debió haber eliminado la enseñanza artística en esos centros integradores, porque los IPVCE, a nivel de nación, es donde se forma principalmente el futuro del país, los jóvenes más integrales.  Ahí es donde se forja el hombre nuevo de esta sociedad”.

-¿Qué opinión le merece el cierre en la provincia de la Escuela de Instructores de Arte?

“No debían haberlo hecho, porque es la base de la formación del músico y el cantante popular, del artista. Además, ese movimiento es por donde en algún momento pueden expandir lo que ellos sienten por su instrumento o por determinada manifestación del arte, ya sea danza, teatro, plástica, música, literatura”.

-Consejos a las nuevas generaciones de profesores de música que aún se están formando.

“Primero, tienen que dedicar gran amor a esa rama del arte, mucha entereza, deseos para llegar a ser lo que quieran, eso es lo más importante junto con la paciencia, porque en la enseñanza artística hay que tener mucha para que todo de resultado”.

-¿Cómo llega a la Vocacional?

“En el año en que se crea la Vocacional Federico Engels, educación provincial hizo un llamado para los profesores de arte que iban a trabajar en ese tipo de escuela. Pasamos primero por una entrevista, luego una selección y después, incluso dando clases en la escuela, atravesamos un período de, como dice la gente, aprobación para continuar.

“Hasta la fecha, he trabajado de forma ininterrumpida. No me he jubilado ni retirado, sino continuado.  En la primera ley laboral en la que podía uno retirarse al cumplir los 55, no lo hice. Llegó la otra que se podía jubilar después y yo no paro”.

-¿Qué ha representado para usted trabajar en el IPVCE Federico Engels durante todo este tiempo?

“Lo más grande, he aprendido a amar a esa escuela como si fuera la gran casa. Ya no tengo a mis padres, en cambio ahí he recibido el cariño de alumnos, de trabajadores, es mi familia y lo seguirá siendo hasta que ya no pueda seguir trabajando y cuando llegue el momento de parar, creo que lo seguirá siendo también”.

-¿Ha recibido alguna propuesta de trabajo en la que le ofrecieran abandonar la Vocacional?

Esta vez no se detuvo ante mi pregunta, respondió con la seguridad de quién conoce de antemano lo que va a suceder, lo que no va a cambiar por motivo alguno.

“Hubo una oportunidad en la que por requerimientos de la provincia hacía falta una persona que dirigiera el departamento de música en la Casa de la Cultura y conversaron conmigo, me lo propusieron, pero realmente en aquel momento yo di un rotundo no,  porque no quería dejar  de trabajar con los estudiantes, a los que no  solo instruía, sino que me contaban sus inquietudes juveniles, incluso cuando se enamoraban, cuando tenían un problemita con mamá y papá o que si aquel profesor en alguna ocasión lo hirió.

“Yo me acercaba y ellos me contaban sobre su vida como si fuera la madre o la abuela y eso era un momento mágico para mí porque  los veía como mis hijos”.

Sus manos no cesaron de moverse, nunca la vi dudar o detenerse por la palpable emoción, contaba con  sostenida firmeza. Más tarde me confesó que la hice pensar no en los momentos de felicidad ya vividos, sino en cuántos le quedaban por pasar en aquella casa grande.

Sé bien lo que representa para ella ese viejo edificio del reparto Calero, en Pinar del Río. Allí hay alegría, vida, momentos irrepetibles y personas incomparables. Lo comprendí cuando continuó su historia.

“No tengo hijos y esos que estaban ahí hablándome de sus problemas, eran mis hijos, y yo tenía que ayudarlos en todo momento a disipar las inquietudes para que después lo que les estaba inculcando, lo que los instruía, floreciera cada día con mucha más calidad humana y artística”.

-¿Cuánto tiempo piensa seguir en el IPVCE?

“Siempre me quedaré en la Vocacional. Mientras que la salud me lo permita pienso dar todo lo que tengo, los conocimientos volcarlos en el tipo de estudiantes que están en centros como este, porque tienen la misión múltiple de ser científicos, artistas y deportistas.”

En las escuelas dedicadas a la enseñanza artística lo principal es el desarrollo de habilidades en los estudiantes teniendo en cuenta la manifestación a la que pertenecen; sin embargo, en centros como los IPVCE, las ciencias constituyen la prioridad y las artes son dejadas de lado, pero la experiencia le permite a la profesora Idia crear en  sus muchachos la destreza de llevar ambas materias sin declinar en ninguna.

Ella confecciona un horario equilibrado en colaboración con la dirección del instituto y de la FEEM para no afectar el proceso docente. Esto le facilita crear un espectáculo para cada fecha a homenajear, donde sobresalen la Gala Night, las celebraciones en los aniversarios de la Vocacional y las graduaciones al concluir cada ciclo.

Pie de foto: La profesora Idia se siente como la madre o la abuela de todos sus estudiantes, aunque le hubiese gustado ser concertista.

 



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