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CONOCIENDO A UN CLANDESTINO

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Reconocido internacionalmente por su notable desempeño actoral, Luis Alberto García, es una destacada figura en las artes escénicas cubanas.

ROCÍO ISELL FERIA GINARTE,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.

“Bienvenido a la República Independiente de mi casa”, expone un letrero rojo en la entrada. Toco a la puerta y es él quien abre. Descalzo, sereno, esbelto y con una enorme sonrisa responde a mi petición: “¿Una entrevista? Sí, sí, pasa”.

Amante de la buena literatura y la pintura, melómano empedernido y fanático desde la infancia al arte de la actuación. Este hombre, Luis Alberto García Novoa, ha dedicado las tres últimas décadas de su vida a llenar nuestras pantallas de talento.

Nació en La Habana el 10 de noviembre de 1961. La madre costurera y el padre actor, a quien acompañaba emocionado a cada una de las puestas y rodajes, el principal artífice de su inspiración e inclinación por el oficio. “Quise ser actor desde muy pequeño, entre los 8 y 10 años. Me atraía el mundo del teatro cuando mi papá me llevaba a los ensayos. Fue como descubrir los trucos de muchos magos y magas. Lo mismo sucedía cuando me llevaba a pasear a los sets de la televisión y el cine. A los niños les encanta descubrir que los grandes también juegan”, dice.

Egresa en 1984 de la Universidad de las Artes. “Critiqué mi escuela a todo motor para terminar reverenciándola en cuanto pude compararla con otras. Las escuelas de arte que tenemos en Cuba compensan la pobreza de medios con una opulencia de talentos puestos al servicio de entregar herramientas de primer mundo a los estudiantes”, comenta con cierta nostalgia en los ojos verdes, profundos y cautivadores.

Muestra su versatilidad y dotes histriónicas en cada una de las escenas que representa, porque disfruta tanto de los personajes protagónicos como de los antagónicos: “Villanos llenos de virtudes y héroes con muchos defectos. Seres humanos”.

Siente devoción hacia el trabajo, vive para actuar y  lo agradece: “Yo me considero un hombre afortunado porque hago lo que quiero. No hay muchas personas en el mundo que puedan estar toda una vida viviendo de lo que les gusta, y a mí lo que me gusta es actuar”, asevera mientras suspira satisfecho y se recuesta en el pecho a Vida, la más pequeña de sus tres hijas, que no deja de abrazarlo.

“De qué te vale tener 200 películas, si de esas solo se pueden salvar dos”, dice y ya sobrepasa esta cifra al contar las telenovelas, series, cortos y largometrajes en los que ha trabajado: Algo más que soñar, Un bolero para Eduardo, Clandestinos, Adorables Mentiras, Guantanamera, El año que viene, todos premiados en la nominación a la mejor actuación masculina en varios festivales y concursos cinematográficos celebrados en Cuba y el extranjero.

Los impactantes roles que ha protagonizado hacen de Luis Alberto uno de los artistas más admirados en nuestro país y fuera de este. Las representaciones en el cine cubano y el español le otorgaron la posibilidad de asistir a disímiles eventos culturales, realizados en naciones como Estados Unidos, Canadá, México, Panamá, Perú, Argentina, Brasil, Alemania, India y Angola.

Varios críticos, periodistas, escritores, músicos, directores de cine y otros, lo llaman “amigo” y le otorgan merecidos galardones: Rufo Caballero, Ramón Fernández-Larrea, Leonardo Padura y Joaquín Sabina son algunos de los célebres que han dedicado varias líneas a “el Luiso”, como lo llamara entre sus camaradas el cantautor Carlos Varela.

Más de un talento se esconde ante toda la modestia del actor: excelente chef de cocina, jugador de dominó, profesor, coleccionista de música, escritor. Además, dice realizar otra obra artística: “Convertir en buenas, decentes y sensibles personas a mis hijitas. Arte entre las artes”, comenta plácidamente y ríe gustoso.

Pie de foto: Luis Alberto García tiene una de las carreras artísticas más exitosas de todos los tiempos en el cine y teatro de Cuba.



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