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“VIVÍ Y VIVO ENAMORADO DE MI TRABAJO”

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Víctor A. Perera Pérez, Marianao para los conocidos, evoca experiencias en la Antillana de Acero como uno de los momentos más importantes en su vida de obrero metalúrgico.

Texto y foto:

LÁZARO HERNÁNDEZ REY,

estudiante de primer año de Periodismo,

Facultad de Comunicación,

Universidad de La Habana.

Víctor A. Perera Pérez parece llevar sin problemas sus ochenta y ocho años de edad. Es un hombre escuálido, de voz fuerte y de una memoria fabulosa para hablar del pasado. “Detrás de cada arruga hubo muchas horas de sacrificio”, dice.

En el estrecho portal de su vivienda, Marianao, como lo apodan, se sienta cómodamente a repasar su paso por la metalurgia cubana. Me indica con la mano la esquina de la cuadra y el muro lateral de la Antillana de Acero y, más al fondo, la impertérrita chimenea que exhala el humo producido por las fundiciones de la fábrica, humo que tiempo atrás, Perera, como uno de los muchos trabajadores en el departamento de Laminación, se encargó de producir. “A esa labor dediqué toda mi vida”, acota con orgullo.

Obrero a pie de obra, motivado por la dedicación y constancia, colecciona cientos de hojas con escritos, apuntes y datos relevantes sobre la historia de la metalurgia en nuestro país. En esas páginas de apretada letra, rememora sus inicios en Cabillas Cubanas, antecede de la actual Antillana de Acero, de la cual evoca: “La primera piedra fue colocada en el actual comedor de Energética –el más viejo de la empresa-, que está al lado de una nave de desmonte, en una intersección ferroviaria. Si vas hoy a verla te perderás porque los matojos la han tapado. Cuando los quito, me dicen: «Oiga, abuelo, la hierba para los carneros no es ésa», pero no me siento ofendido. Por cierto, dentro de poco tengo que ir”.

Hace una breve pausa para tomar agua y recuerda que le dicen Marianao porque fue en esa localidad habanera donde nació: “¡Por aquí había un Camagüey y hasta un Guantánamo! Por suerte o por cosas de la vida, el único de esa generación que queda vivo soy yo, Marianao”.

-¿Cómo empezó a trabajar en la empresa?

Llegué al Cotorro muy joven, en el 40 ó 41, y ¡oiga!, aquellos tiempos sí que no eran fáciles. El Cotorro era una manigua con una o dos casas y buscarse el sustento diario representaba toda una Odisea. Comencé a trabajar en la construcción, en unas brigadas asociadas a una cooperativa. ¡Cómo había que abrir zanjas! Más tarde, pude adquirir un puesto en las modestas oficinas comerciales hasta que logré  incorporarme a Cabillas Cubanas en agosto del 49.

Estuve en la empresa desde esa fecha hasta 1958, cuando entré a la Antillana de Acero. Allí me desempeñé como laminador y luego fui Jefe de Taller y de Molino.

-¿Qué recuerda de esos primeros años en la fábrica tras el triunfo de la Revolución?

¡Ah…, pues muy buenos! En aquellos momentos había mucho trabajo en las brigadas. Recuerdo con añoranza la mayor colada de entonces, que fue récord nacional. Eso fue en el 60 y ni siquiera hoy se ha superado.

Por entonces hacíamos turnos de hasta doce horas y siempre nos quedábamos media hora entre cada ronda para efectuar las reparaciones necesarias, de modo tal que los que entraban no tuvieran que detener la producción por algún motivo.

Fueron instantes llenos de solidaridad entre los trabajadores, tanto para resolver problemas internos como para apoyar las actividades productivas de la empresa. Había una empatía natural entre jefes y obreros: nunca fui testigo de faltas de respeto ni de excesos por parte de los dirigentes. Si había alguna situación o problema personal, entre todos se llegaba a un consenso en pos de hallar una solución.

-Satisfacciones...

Personalmente no tuve muchas, aunque recuerdo con especial interés dos: mi encuentro con el Che, en Santiago de Cuba, como parte de un plan de inversiones que se estaba ejecutando en la zona oriental, y mi viaje a la Unión Soviética.

Con el Che, tuve un encuentro “de puro trámite”: debatimos sobre cuestiones administrativas, de cómo debían implementarse las inversiones y demás, pero me quedó la experiencia de haberlo visto cara a cara.

En el caso de la URSS, me siento muy orgulloso, pues estuve entre los primeros cubanos en ir allí para el asesoramiento técnico. ¡Sí, así como escuchas! Y, siendo cristiano, aprobé el riguroso filtro de entonces. Estuve veintisiete meses colaborando con tres fábricas de altos hornos. ¡Oiga!, una sola idea rondaba la mente de los compañeros que acudimos allá: dar el ejemplo.

-Insatisfacciones…  

¡Uf! ¡Qué le digo! Mire, me duele mucho que en treinta y ocho años no se le haya dado una reparación capital a las naves de producción, ni a las maquinarias ligeras, ni a las grúas. Cuando paso por el antiguo taller donde laboraba y extiendo los brazos, el óxido se pega en las manos.

Falta remodelación. En mis tiempos, contábamos con equipos menos avanzados que los de ahora, pero siempre ejecutábamos pequeñas reparaciones que garantizaban el alargamiento de su vida útil.

-¿Y no será motivo de esa merma el Período Especial y todos los efectos negativos que trajo consigo en la producción?

Es verdad que cuando desaparece la URSS disminuyeron las materias primas y todos los derivados, lo cual, unido a la escasez de piezas de repuesto, influyó en la cadena productiva; pero, con aquellos tarecos lográbamos producciones superiores a las actuales, ¿sabes por qué?, porque existía armonía y unión entre los trabajadores. Pienso que en la actualidad esos factores han decaído y, lamentablemente, en muchas ocasiones se pasan por alto. Siempre viví y vivo enamorado de mi trabajo. Ese amor es el que falta hoy.

Pie de foto: Después de trabajar 45 años en el sector metalúrgico, Víctor continúa asesorando a las nuevas generaciones de laminadores.

Ficha técnica:

Objetivo central: Rememorar momentos de la vida del entrevistado.

Objetivos colaterales: Recordar elementos de la historia de la metalurgia en Cuba.

Tipo de entrevista:

Por los participantes: Individual.

Por su estructura: Preguntas y respuestas.

Por su contenido: Retrospectiva o evocativa.

Por el canal que se obtuvo: Vía directa.

Tipo de título: De Cita textual.

Tipo de entrada: De retrato.

Tipo de cuerpo: De preguntas y respuestas.

Tipo de preguntas declaradas:

1-¿Cómo empezó a trabajar en la empresa? Abierta.

2-¿Qué recuerda de esos primeros años en la fábrica tras el triunfo de la Revolución? Abierta.

3-¿Y no será motivo de esa merma el Período Especial y todos los efectos negativos que trajo consigo en la producción? Polémica.

Tipo de conclusión: De opinión o comentario del entrevistado.

Tipo de fuentes: Primarias, no documentales.

 



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