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DESDE EL OTRO LADO

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LAURA ALONSO HERNÁNDEZ,

estudiante de primer año de Periodismo,

Facultad de Comunicación,

Universidad de La Habana.

La primera vez que llegué a la Facultad de Comunicación fue por las puertas abiertas en la Universidad. Todavía no la habían construido por completo, la parte de atrás estaba cerrada y nada más entré al lobby, me hice la idea de que estaba en un policlínico. Pero, como a todos allí, no me importó mucho el estado del lugar, solo quería escuchar los requisitos de la carrera a la que quería entrar. 

Ahora, como estudiante de primer año de Periodismo, espero al término de la conferencia del profesor Garcés junto con todo el equipo de la FEU, mientras perfilamos los últimos detalles de la gran feria de exposición de carreras, que dará la bienvenida a las interrogantes y ansiedades de cada alumno de preuniversitario.

Todos nos encontrábamos felices, corriendo de un lado a otro, buscando maneras de atraerlos. Comunicación Social en un gran papelógrafo preguntaba cuáles eran sus marcas comerciales favoritas, Ciencias de la Información adornó su stand con un lumínico y Periodismo lanzó un concurso en el que, después de explicarles, escribieran un lead y el mejor recibiría un premio.

Pero lo más importante eran las preguntas que nos hacían:

-¿Cómo son las pruebas de aptitud?

-¿Hace falta una guía?

-¿Cuántas asignaturas tiene la carrera?

-¿De verdad te gusta?

Era un cuestionario que, a pesar de haber sido tan repetido, no te cansabas de responder. Siempre estabas a la espera de que se te acercara un estudiante de nivel medio con los ojos llenos de esperanza, para verte responder con efusividad. Lo mismo llegaban en grupos que solos, te invadían en interrogantes y esperabas a que terminaran para hablar una sola vez.

Por un momento te das cuenta: –“Ese soy yo, hace un año nada más”. La misma admiración y el mismo recelo hacia la persona que ya está encaminada en los estudios de la profesión que un día deseas ejercer.

Sin embargo, la pregunta más difícil de responder vino de una madre que no podía esperar que su hijo llegara a la casa para contarle cómo le había ido.

-¿De verdad crees que vale la pena?

Mi respuesta no pudo ser otra: “Estoy nada más en la primera parada de un camino largo y aún no sé lo que me depara el futuro, pero, sí le puedo responder algo que ya habrá escuchado, todos los días disfruto de la vida universitaria al máximo y todos los días me enamoro un poco más de la carrera que escogí”.



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