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PRIMERA ORGANIZACIÓN PERIODÍSTICA CUBANA

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La Asociación de Repórters de La Habana fue la entidad pionera que reunió a los periodistas en la Isla, y con regularidad promovió la defensa de los derechos gremiales.

MARIANA BRUGUERAS MÁS,

estudiante de primer año de Periodismo,

Facultad de Comunicación,

Universidad de La Habana.

 

No resulta fácil reconstruir la historia de la Asociación de Repórters de La Habana (ARH), una de las instituciones que más tributó al reconocimiento del gremio periodístico y a cuya gestión se debe la creación del Colegio de Periodistas y la Escuela Profesional de Periodismo “Márquez Sterling”. Primera en agrupar a los profesionales de la noticia, hoy apenas es una referencia para los más veteranos y sus aportes se pierden en la memoria de estudiosos.

Conocida también como Círculo Nacional de Periodistas, se fundó en el mismo año en que nació la República, 1902, el 14 de abril, gracias a la iniciativa de periodistas habaneros que reconocieron la necesidad de unirse, ante la realidad social que vivía el país. Entre ellos se encontraban José Camilo Pérez, repórter de La Discusión, quien brindó su casa para la reunión constitutiva.

El Primer Directorio que tuvo la asociación la integró Ramón S. de Mendoza, como Presidente; Ignacio Ituarte, Vicepresidente; José C. Pérez, Tesorero; Víctor Muñoz, Secretario; y Pericles Seris, Vicesecretario. Todos ellos decidieron tomar, como primer acuerdo, el envío de un telegrama a Tomás Estrada Palma, quien estaba en Oriente y viajaba a La Habana en ese preciso momento para tomar posesión de la Presidencia de la República.

Enrique H. Moreno, ex presidente de la sociedad, en el Álbum del Cincuentenario de la Asociación de Repórters de La Habana: 1902-1952, recuerda que “la ARH fue el hálito divino que animó el clasismo de la profesión periodística cubana”. Por la misma corriente de pensamiento, José C. Pérez, de La Discusión; Ignacio Ituarte, de La Lucha, y D. Ramón S. de Mendoza, del Diario de la Marina, expusieron su deseo y posibilidad de construir una entidad para fines de clase, defensa de intereses, protección de los caídos y ayuda mutua.

Esos planteamientos quedaron plasmados en el Artículo 1 de su Reglamento: “Esta Asociación se compondrá única y exclusivamente para repórters y tendrá por objeto formar la unión y concordia entre los mismos y prestarles toda clase de auxilio cuando se encuentren en desgracia, principalmente en casos de enfermedad”.

Osvaldo Valdés de la Paz, en su escrito El día del Periodista, dice: “Fue la ARH fundada en 1902 -y a la que hay que reconocer como el Alma Mater del periodismo cubano profesional- la que ha ido creando el espíritu de clase y después, mediante el cultivo de le ética, la dignidad del ejercicio con la mayor responsabilidad”.

Las Asambleas Generales y sesiones mensuales siempre ocurrían en el domicilio de quien estuviera al frente de la presidencia de la asociación. Todos los miembros deseaban poseer un local donde celebrar estos acontecimientos y eventos, centro que pudieran considerar propio. Casi 20 años después de fundada, el 21 de junio de 1923, apareció en la Gaceta Oficial la Ley firmada por el presidente de Cuba, Alfredo Zayas, en la cual entregaba a la ARH una suma de .000.00  para levantar un edificio de uso exclusivo. Ese dinero, tomado de los servicios públicos, alcanzó solo para construir lo esencial: pisos y paredes. Era un sueño de los miembros, tener una gran infraestructura, motivo que los llevó a acudir a préstamos. Cinco años después quedó creado el palacete en la Calle Zulueta.

El inmueble incluía una biblioteca, museo, barbería, salones de descanso, televisión, actos, lectura y trabajo. Además, fueron creados espacios destinados al ocio, como un bar, la sala de esgrima y billar, así como un comedor. Su personal contó con la generosa cooperación de sociedades regionales españolas, entre ellas, el Centro de Dependientes, Centro Asturiano y Centro Gallego, en cuyas casas de salud se disponía de camas para la Asociación, según detalla el libro Directorio Profesional de Periodistas.

A la ARH la caracterizó su beneficencia y caridad hacia los repórters. Encabezó una batalla por la promulgación del Retiro de Periodistas, institución que no se concretó hasta 1935. Asimismo, se erigió un panteón para ellos en la Necrópolis de Cristóbal Colón. Ramón Gárate, quien fuera presidente de la organización, gestionó la eliminación del decreto de censura y clausura de periódicos y revistas que había implantado el régimen dictatorial de Gerardo Machado.

Bajo la presidencia de Raúl Quintana, la asociación tuvo centro de hospitalización propio. En la clínica La Milagrosa, ubicada en Marianao, dispuso de un pabellón solo para sus miembros y desde abril de 1936 también contó con una sala en el Sanatorio de La Esperanza, en las Alturas de la Víbora.

Fue esta una gloriosa asociación que, a lo largo de su existencia, dotó a los repórters de seguridad, bienestar y salud. Esta entidad les brindó la protección y los mejores medios para su desarrollo, tanto espiritual, como profesional. Hoy, la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC) reúne a los periodistas cubanos y, guiándose en cierta medida en los principios de aquella iniciadora organización, otorga a sus miembros posibilidades de superación y progreso.

Pie de foto: Emblema de la Asociación de Repórters de La Habana.



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