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LA CASA SE RESERVA EL DERECHO DE ADMISIÓN

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Nuevas formas económicas propician males sociales: en los llamados bares particulares cobra fuerza la exclusión.

Texto y foto:
ARIEL PAZOS ORTIZ,
estudiante de primer año de Periodismo,
Facultad de Comunicación,
Universidad de La Habana.
Fotos: DARLENE ORTEGA.

“Hace dos meses visité el bar Espacios, en Miramar, con unos amigos. Al día siguiente quisimos volver y en esa ocasión llegamos a pie, a diferencia de la primera, cuando arribamos divididos en dos carros. Íbamos a pasar, pero un portero nos detuvo y dijo que no debíamos entrar, pues, según él, faltaba poco para cerrar.

“Insistimos en aprovechar los supuestos últimos minutos y luego de una espera innecesaria, otro portero explicó que ya estaban cerrados, por capacidad. Algo extraño percibimos en cuanto a su intención, justificada con dos argumentos distintos, de imposibilitarnos la entrada. Antes de abandonar el sitio, otro grupo llegó en un carro bastante vistoso y después que uno de ellos le susurró algo en el oído al portero, pasaron todos.

“Éramos jóvenes, estudiantes universitarios la mayoría y, aunque sin ropas muy elegantes, estábamos decentemente vestidos”, cuenta el orfebre Frank Latorre.

Estos hechos pudieran parecer una casualidad desfavorable para ellos, sin embargo, varios testimonios demuestran casos de exclusión social en entidades cuentapropistas.

Los llamados bares (la licencia no incluye ese término, sino los de restaurante, paladar o cafetería) son en la actualidad propensos a dicha situación, que a pesar de proliferar en el contexto de un nuevo modelo económico, en lugar de contribuir al desarrollo social, suscita la desigualdad.

“Fue un momento desagradable, nos sentimos excluidos...”

Según Dayron, portero de Espacios (ocultó su apellido), en caso de inadmisión es en vano reclamar porque se trata de una casa particular y el dueño decide quién entra. “Hay clientes fijos y tienen prioridad”, contestó.

Miguel Benítez, subdirector de Empleo en la Dirección de Trabajo y Seguridad Social, de Plaza de la Revolución, donde se concentran muchos bares, explicó sobre la inexistencia de facultades para intervenir en asuntos como el anterior: “Por desgracia, a nivel institucional carecemos de leyes o normativas que permitan interceder en situaciones de tal índole. Esto se debe a que las resoluciones rectoras del trabajo por cuenta propia datan del 2011 y resultan atrasadas en algunos aspectos”.

Por su parte, Lázaro Iglesias, funcionario del Departamento Ideológico del Partido Comunista en el mismo municipio, afirmó que cosas así son intolerables en nuestro país. “En ocasiones nos reunimos con los dueños de centros administrados por cuenta propia, sin que sean militantes necesariamente, pero será preciso trazar más estrategias”, precisó.

Acerca del tema, Gustavo Gómez, responsable de relaciones públicas del King Bar, situado en 23, entre B y C, en el Vedado capitalino, explicó: “Aquí no tenemos ningún principio discriminatorio, pero este es un lugar privado y se reserva el derecho de admitir a las personas. Evitamos la entrada de gente con aspectos inconvincentes, por ejemplo, con camiseta y chancletas de ´metedeo´. En ello trabajan los porteros y miembros de Seguridad”.

Sobre los clientes que llegan, Adonis Campos, portero del Gabanna, aclaró: “No se trata de exclusión, exigimos una buena apariencia para acceder a la instalación. Soy el portero y veo si la presencia del sujeto es adecuada”.

A su vez, en el Up & Down, de la misma localidad, un cartel advierte desde la puerta sobre la elegancia requerida en la vestimenta y que es impermisible el acceso con calzados deportivos, shorts, camisetas o chancletas. En contradicción, algunos extranjeros sí acceden al establecimiento vestidos de estas formas, lo cual demuestra la existencia de una conciencia de servilismo en determinados sectores de la economía cubana. Es indigno exonerar al foráneo de lo exigido al natural.

A pesar de ello, muchos tienen buenas experiencias de los bares, como el cubano-americano Michel Cardoso o la joven modelo Lucía Casanova, por ejemplo, quienes han visitado el King Bar. Esta última comentó: “Allí puede coincidirse con artistas y figuras de la farándula”. En contraposición, Claudio Sotolongo, diseñador en la Universidad de La Habana, manifestó en las redes sociales que cuando quiso visitarlo con sus amistades por segunda vez, le impidieron entrar y le dieron explicaciones banales al respecto.

En ese sentido, la Constitución de la República plantea: “Todos los ciudadanos gozan de iguales derechos”, la discriminación por motivos lesivos a la dignidad humana está proscrita y “es sancionada por la ley”. Entre otros elementos, luego advierte: “Todos los ciudadanos serán atendidos en los restaurantes y demás establecimientos del servicio público”.

Aunque la Carta Magna especifica “establecimientos del servicio público”, más allá de las leyes escritas en un momento anterior a las actuales circunstancias, cuando no son públicos todos los establecimientos de servicios existentes, debe regir la conciencia de la formación de una sociedad justa e igualitaria, con los mismos derechos para todos. Claro está: determinados centros se reservan el derecho de admisión, pero, ¿admisión significa exclusión?

Giovanni Barbería, administrador de La Esencia (B, entre Calzada y Línea), expresó que cada casa, incluso las instalaciones del estado, asume admitir a los consumidores, por tanto, a las personas no acordes con su interés comercial, se les manda a salir o se les impide entrar. “La posibilidad está abierta a todos: bien vestidos pueden venir”, aseguró.

Sin embargo, Arlette Chávez, estudiante de la Facultad de Medicina “Salvador Allende”, relató cómo en dos ocasiones distintas quiso visitar La Esencia. Una vez le dijeron “está cerrado por capacidad” y la otra “está reservado”. “Se percatan de que somos estudiantes y gastaremos poco dinero dentro, por eso nos impiden pasar”, afirmó.

Según Barbería, pueden influir diversos factores. “Ciertos días, determinados clientes reservan para festejar cumpleaños, despedidas de soltero, etcétera, lo cual limita la capacidad y no queremos esto lleno como para ni poder caminar, al contrario, buscamos la comodidad del visitante, por eso paramos la entrada si las mesas están todas ocupadas”, argumentó.

Alkelly García, profesor de Educación Física, contó en la esquina de dicho sitio: “Alrededor de las 12:15 am llegué en compañía de mi novia y pregunté si podía pasar; el portero dijo que estaba cerrado por capacidad. Por el modo de su contesta, no me convenció: sin haber terminado de preguntarle ya me estaba diciendo: ´Mi hermano, no se puede, está cerrado por capacidad´. Sin embargo, antes de alejarnos, vimos entrar a unas muchachas.

“Aunque mis posibilidades económicas son escasas, reuní algún dinero y quise conocer La Esencia, porque de él se habla bastante. También había escuchado de la selectividad en la puerta, pero nuestra vestimenta es adecuada y pensé acceder sin dificultades”, explicó.

A pesar de lo recibido por Alkelly García como excusa, Deyanira Trespalacios entró pocos minutos después. Ella también conversó en la esquina, antes de llegar a su destino: “He venido varias veces. No creo que haya preferencia, a mí nunca me dicen nada”.

“Todo es muy bonito, pero los precios son altísimos”

“He ido a varios bares  y prefiero Espacios por su amplitud. Como tiene distintos compartimentos resulta fácil sacar el Planchao que siempre llevo escondido en el bolsillo, pues consumir allá dentro es impensable”, confesó Alan Soriani, estudiante preuniversitario. Por su parte, Melisa Rodríguez comentó que si va a alguno, lo hace sin gastar dinero: “Tomo si me invitan porque todo está muy caro: la cerveza nacional nunca vale menos de 2.00 CUC y el trago más barato entre 2.50 y 3.00 CUC”.

Ania Cortés, licenciada en Economía, sugirió: “Comprar bebidas y elevarles el precio por servirlas con hielo puede interpretarse como una forma de especulación económica”, pero Alex Rodríguez, maître y económico del Valdés Bar, considera como causa de los altos precios el no contar con una red estatal de ventas mayoristas. “Sería ilógico vender al mismo costo de las tiendas”, enfatizó.

La mayoría de los ciudadanos promedio descartan esta posibilidad de recreación. “Es innecesario sacar mucha cuenta, porque mi salario apenas alcanza para lo básico. Si quisiera ir a alguno, me sería imposible ese lujo”, expresó René Mora, trabajador del asilo de ancianos Santovenia, en el Cerro.

Con él coincide Nahomi Pérez, estudiante de Medicina: “Son opciones para los cuentapropistas y los nuevos ricos”. Sin embargo, Gustavo Gómez, del King Bar, aseguró que las ofertas no son caras en extremo y están dirigidas a sectores con un poder adquisitivo medio.

Por otra parte, para Dialexis Cairo, ama de casa, resultan perjudiciales las compras en cantidades excesivas. “Últimamente cuesta trabajo encontrar cerveza Cristal en comercios estatales y sí la puedes ver en un bar de esos o en cualquier paladar por cuenta propia a sobreprecio. Deberían tomarse medidas serias al respecto”, insistió.

Dos problemas adquieren connotaciones preocupantes tras la proliferación de los bares particulares: la exclusión social que en ellos suele realizarse y la inexistencia de cadenas de tiendas mayoristas para abastecer al sector cuentapropista y así evitar los excesivos precios dentro de los centros particulares, así como la escasez de productos en la calle. ¿Qué están haciendo las autoridades pertinentes? ¿Habrá alguna solución?

Pie de fotos: Algunos jóvenes sí tienen posibilidad de frecuentar los llamados bares, como el Up & Down.

Ficha técnica:

Tipo de título: Genérico.
Tipo de entrada: Anecdótica.
Tipo de cuerpo: De bloques temáticos.
Tipo de transiciones: Por subtítulos.
Tipo de cierre: De interrogante.

Tema: Los llamados bares particulares.

Situación problémica: La exclusión social que existe en algunos bares particulares.

Objetivos colaterales: Demostrar que con las nuevas formas de gestión económica proliferan situaciones como el desabastecimiento de algunos productos.

Estrategia de fuentes:

Documentales:

Constitución de la República de Cuba.

Directas:

Frank Latorre, orfebre (testigo),

Dayron, portero de Espacios (implicado),

Miguel Benítez, subdirector de Empleo de la Dirección de Trabajo y Seguridad Social de Plaza de la Revolución (especialista, institucional).

Lázaro Iglesias, funcionario del Departamento Ideológico del Partido Comunista en Plaza de la Revolución (institucional).

Gustavo Gómez, responsable de relaciones públicas del King Bar (implicado).

Adonis Campos, portero del Gabanna (implicado).

Claudio Sotolongo, diseñador en la Universidad de La Habana (testigo).

Lucía Casanova, modelo (testigo).

Michel Cardoso, cubano-americano (testigo).

Giovanni Barbería, administrador de La Esencia (implicado).

Arlette Chávez, estudiante de la Facultad de Medicina “Salvador Allende” (testigo).

Alquelly García, profesor de Educación Física (testigo).

Deyanira Trespalacios (testigo).

Alan Soriani, estudiante preuniversitario (testigo).

Melisa Rodríguez (testigo).

Ania Cortés, licenciada en Economía (especialista).

Alex Rodríguez, maitre y económico del Valdés Bar (implicado).

René Mora, trabajador del asilo de ancianos Santovenia (testigo).

Nahomi Pérez, estudiante de Medicina (testigo).

Dialexis Cairo, ama de casa (testigo).

Soportes:

Hecho: Los llamados bares particulares se reservan el derecho de admisión.

Antecedentes: La legalización de ese tipo de actividad económica mediante sus resoluciones rectoras en el 2011.

Contexto: Cuba está poniendo en práctica la actualización de su modelo económico, mientras que, por otra parte, existe una crisis de valores en la sociedad.

Situaciones colaterales que también pudieran incidir: Los elevados precios en estos lugares y la inexistencia de cadenas de tiendas mayoristas para abastecer a particulares.

Tipos de juicios:

Analíticos: Están presentes en todas las declaraciones.

Disyuntivos: Dayron, portero de Espacios; Adonis Campos, portero del Gabanna; Lucía Casanova, joven modelo; Giovanni Barbería, administrador de La Esencia; Gustavo Gómez, responsable de relaciones públicas del King Bar.

De valor: Miguel Benítez, subdirector de Empleo en la Dirección de Trabajo y Seguridad Social de Plaza de la Revolución; Lázaro Iglesias, funcionario del Departamento Ideológico del Partido Comunista en Plaza de la Revolución.



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